Al final el voto se lo ha llevado un zimpático
ResumenA salvo de circunstancias extraordinarias, los resultados electorales acaban decantándose por el liderazgo o la novedad. La mayoría de los ciudadanos votan a la derecha o a la izquierda con considerable fidelidad ideológica. Pero entre las dos franjas se da el movimiento de los que van y de los que vienen, ligeros ideológicamente, atraídos de modo transversal por el carisma o por una voz que no habían escuchado antes. Es el caso, sobre todo en la segunda variante, de este partido nacionalista Adelante Andalucía, el único que obtuvo el domingo un gran avance electoral.
A salvo de circunstancias extraordinarias, los resultados electorales acaban decantándose por el liderazgo o la novedad. La mayoría de los ciudadanos votan a la derecha o a la izquierda con considerable fidelidad ideológica. Pero entre las dos franjas se da el movimiento de los que van y de los que vienen, ligeros ideológicamente, atraídos de modo transversal por el carisma o por una voz que no habían escuchado antes. Es el caso, sobre todo en la segunda variante, de este partido nacionalista Adelante Andalucía, el único que obtuvo el domingo un gran avance electoral. El discurso de este partido no ofrece mayor sofisticación. Una versión más de esa izquierda neolítica que disfraza su pobreza con el dinero fácil del nacionalismo. Pero de su buen resultado, clave para frustrar la mayoría absoluta del Pp, es también responsable Juanma Moreno. Como me escribía ayer Guillermo Díaz, diputado que fue de aquel Ciudadanos y por lo tanto de razón y sesgo similares a los míos, Moreno habría activado sobremanera el voto andalucista: «El Pp creía que era un voto suyo y al final se lo ha llevado un zimpático». Las alianzas de la izquierda con el identitarismo son una mera cuestión de supervivencia que va más allá de las circunstanciales necesidades parlamentarias de dirigentes como Pedro Sánchez. El fracaso del comunismo —incluidos sus millones de muertos— es el fracaso del intento de la izquierda de organizar el mundo. En la más razonable y voluntariosa de sus políticas la izquierda se ha limitado a corregir el triunfante orden liberal. Su fracaso, que es el fracaso del sujeto revolucionario que llamaban proletariado, le ha llevado a reconstruir a partir de las identidades su matriz emancipadora: la lucha final internacionalista son ya las luchas terminales identitarias. La pintoresca campaña electoral de Moreno, en la que habló sin complejo alguno de la sangre blanca y verde y del orgullo andaluz, se ha sometido al patrón de la identidad andalucista y ha acabado extendiendo su legitimidad extramuros de la izquierda. El andalucismo se ha convertido así en un apriorismo, en una condición sine qua non, como el catalanismo en Cataluña. Y, en estos casos, el que suele beneficiarse es el original y no la copia sobrevenida. La hiriente paradoja de Moreno —que ha caído algo más que el Psoe en porcentaje de voto— es que por adherirse a la prioridad andalucista va a tener que pactar ahora la prioridad nacional.