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El obrador centenario de La Pajarita vuelve a Sol tras restaurar una histórica mercería en Pontejos

Resumen

Entre otras cuestiones, el secreto del éxito de la histórica bombonería La Pajarita radica en su esfuerzo por mantener la esencia de toda la vida, grabado en sus dueños la responsabilidad de que sus hombros sujetan el peso de más de 170 años de ... Puede que ese ímpetu por preservar la tradición que se ha ido transmitiendo de generación en generación –ya son seis– sea lo que haya empujado a los regentes de este centenario comercio madrileño a lanzarse a llevar a cabo un proyecto de siete cifras que les devolverá a sus raíces en el centro de la capital. Será a tan solo unos metros del kilómetro cero, en el número 5 de la calle del Marqués Viudo de Pontejos , donde este verano abrirá su nueva tienda en Madrid, un espacio que nace con la intención de ser «único», como lo son sus famosas violetas, y de transformarse en un imprescindible en la ruta de madrileños y turistas.En 1852, en los últimos años del reinado de Isabel II, este negocio familiar se inauguró en el número 6 de la Puerta del Sol, permitiendo desde su fundador Don Vicente Hijós y Palacio a varios de sus herederos y trabajadores a lo largo de las décadas que ahí estuvo alojada ser testigos del día a día de una plaza emblemática. En 1991, el edificio fue declarado en ruinas y se sometió a unas obras en las que tan solo quedó intocable la fachada.

Entre otras cuestiones, el secreto del éxito de la histórica bombonería La Pajarita radica en su esfuerzo por mantener la esencia de toda la vida, grabado en sus dueños la responsabilidad de que sus hombros sujetan el peso de más de 170 años de ... trayectoria . Puede que ese ímpetu por preservar la tradición que se ha ido transmitiendo de generación en generación –ya son seis– sea lo que haya empujado a los regentes de este centenario comercio madrileño a lanzarse a llevar a cabo un proyecto de siete cifras que les devolverá a sus raíces en el centro de la capital. Será a tan solo unos metros del kilómetro cero, en el número 5 de la calle del Marqués Viudo de Pontejos , donde este verano abrirá su nueva tienda en Madrid, un espacio que nace con la intención de ser «único», como lo son sus famosas violetas, y de transformarse en un imprescindible en la ruta de madrileños y turistas.En 1852, en los últimos años del reinado de Isabel II, este negocio familiar se inauguró en el número 6 de la Puerta del Sol, permitiendo desde su fundador Don Vicente Hijós y Palacio a varios de sus herederos y trabajadores a lo largo de las décadas que ahí estuvo alojada ser testigos del día a día de una plaza emblemática. En 1991, el edificio fue declarado en ruinas y se sometió a unas obras en las que tan solo quedó intocable la fachada. «Estuvimos ahí durante más de cien años pero la tienda no era propiedad. Cuando sacaron a todos los inquilinos e hicieron las remodelaciones, la renta pasó de 12.000 pesetas a un millón», relatan a este periódico Carlos de Lemus y Rocío Aznárez –tataranieta del fundador–, el matrimonio que gestiona esta bombonería desde hace ocho años. «Hubo un gran trauma, pero el proyecto no murió. Aunque siempre se ha tenido la espinita de volver», señala De Lemus. Desde ese momento, se mantuvo la tienda de la calle de Villanueva, en el barrio de Salamanca, y que continúa en funcionamiento en la actualidad, además de sus puestos en distintos espacios de Patrimonio Nacional y hoteles cinco estrellas de la capital.Noticia relacionada reportaje No No El último juego del Bazar Arribas: baja la persiana tras más de un siglo ilusionando a Madrid Aurora Santos-OlmoNada más llegar a la dirección del negocio, esta pareja –que subió al escenario para recoger la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo en reconocimiento a la bombonería por parte de la Comunidad como un referente histórico del comercio madrileño– comenzó a concertar las visitas a distintos inmuebles para su nueva apertura. Les llevaría siete años decantarse por el situado a tan solo unos pasos de la plaza de Pontejos: «La Pajarita no se puede ir a cualquier local y escogimos este porque es único». A partir de este momento comenzaron a tantear los distintos diseños e ideas que aparecían al tiempo que trabajaban en la restauración de las dos plantas y el sótano de este edificio de la misma época de la apertura de esta mítica bombonería, construido en 1961, protegido por Patrimonio y cuyos locales comerciales quedaron sin uso desde antes de la pandemia.Las primeras generaciones de la familia en su primera tienda en la Puerta del Sol ABCHoy, en torno a un año después de la compra de esta propiedad y los retrasos e incertidumbre en los tiempos que pueden durar unas obras, el ruido de martillos y taladros se oye más allá de las persianas bajadas del local, detrás de las cuales hay escondidas bajo el polvo algunas de las joyas de los edificios históricos de la capital. «Nada más entrar, los clientes encontrarán unos escaparates de madera que datan de julio de 1957 y que ahora estamos restaurando», imagina este socio directivo del centenario negocio madrileño la experiencia que tendrán los clientes una vez se inaugure este espacio. La sala principal de la bombonería , que promete unos ornamentos palaciegos, tendrá como elemento principal una escalera y una gran lámpara colgante de cristal, además de cuatro mostradores detrás de los que se colocarán cientos de tarros de cristal con los míticos caramelos y chocolates de La Pajarita.Valor artesano«Las carameleras que teníamos se hacían con la técnica del vidrio soplado, pero el artesano con el que trabajamos se jubiló y estuvimos comprando en anticuarios durante muchos años, pero siempre se acababan rompiendo», indica Carlos De Lemus, mientras contempla la fachada aún sin restaurar de lo que fue durante años una antigua mercería. Con la intención de dotar a esta nueva tienda del material y en consonancia con la filosofía que se sigue en el negocio, cogieron el coche y se personaron en la Real Fábrica de Cristales de la Granja de San Ildefonso. «Les pedimos que nos hicieran unos 400 botes con la suerte de que estaba uno de los artesanos más veteranos en la reunión. Se fue a los sótanos y revolviendo encontró el molde original de los tarros de caramelo. Ha sido casi arqueológico », relata.Al final, destaca el gerente, «no hay otra manera de hacer las cosas»: «Descolgamos el teléfono y llamamos a artistas artesanos porque no te puedes cargar 200 años de historia. Queremos que vengan de oficios de toda la vida».Las obras han permitido descubrir un sótano de ladrillo de mediados del siglo XIX tapado por 10 centímetros de yesoMás allá de esta primera estancia, subiendo las escaleras, indica De Lemus, estará el «producto más 'premium'». Cristales también encargados a la Granja de San Ildefonso, madera recién restaurada y puertas de anticuario son algunas de las piezas que marcarán la segunda planta de la futura bombonería. Este espacio albergará salas privadas de degustación de chocolates y champán. Interior y fachada del edificio en el que, una vez terminadas las obras, se inaugurará la nueva tienda de la bombonería La Pajarita, en Pontejos. Belén DiazUna joya escondidaLa sala principal también conectará escaleras abajo con un espacio que fue recibido con sorpresa por parte de los dueños de la bombonería. A base de picar, cuentan a este periódico, en el sótano se encontró una bodega de ladrillo. «Estaba tapado por 10 centímetros de yeso. Ni los antiguos propietarios, nietos de los que construyeron el edificio, sabían que estaba esto aquí», indica este socio gerente de la bombonería. Recreación de una de las salas ABCEn esta «cueva», que es como llaman los trabajadores y obreros a este espacio, se instalará una zona para que los clientes puedan hacerse cajas personalizadas con los dulces que más prefieran. También será, por otro lado, una sala de demostraciones para grupos pequeños. «Traeremos a maestros chocolateros y carameleros para que muestren cómo se hace el chocolate o cómo se atempera el caramelo», destaca De Lemus.Otra de las funciones que tendrá esta tienda será también ser un escaparate de los artistas madrileños. El cliente habitual de esta bombonería, además del madrileño, es el turista internacional que busca el lujo en la capital, destaca. «Al final son gente que lo ha visto todo y lo ha comprado todo, por lo que buscan algo que haga diferente a la ciudad. Al final esto daría una oportunidad a diseñadores madrileños para exponer sus piezas», explica De Lemus.