España, epicentro del pulso de las dos Américas
ResumenLa siguiente batalla ideológica ya tiene fecha: el domingo 7 de junio, cuando la candidata populista y derechista Keiko Fujimori se enfrentará al izquierdista Roberto Sánchez, heredero político del golpista marxista Pedro Castillo, o al trumpista Rafael López Aliaga, antiguo alcalde de Lima. Otro duelo electoral de extremos, cada vez más frecuente en las Américas, que no sólo dirimirá quién es el próximo presidente del Perú; también servirá para desempatar el tablero geopolítico de Sudamérica, dividido entre el bloque conformado en torno a Donald Trump (y su actualización de la Doctrina Monroe) y la llamada Patria Grande (sueño imposible de Simón Bolívar), de izquierdistas y revolucionarios. Una pugna que marca hoy en día la lucha política continental y que esta semana se desplaza hasta España, un actor político que se ha hecho sitio por interés propio en el escenario geopolítico americano. Pedro Sánchez busca retroalimentarse con los principales mandatarios izquierdistas de la región en beneficio de unos y otros, todos ellos muy necesitados.
La siguiente batalla ideológica ya tiene fecha: el domingo 7 de junio, cuando la candidata populista y derechista Keiko Fujimori se enfrentará al izquierdista Roberto Sánchez, heredero político del golpista marxista Pedro Castillo, o al trumpista Rafael López Aliaga, antiguo alcalde de Lima. Otro duelo electoral de extremos, cada vez más frecuente en las Américas, que no sólo dirimirá quién es el próximo presidente del Perú; también servirá para desempatar el tablero geopolítico de Sudamérica, dividido entre el bloque conformado en torno a Donald Trump (y su actualización de la Doctrina Monroe) y la llamada Patria Grande (sueño imposible de Simón Bolívar), de izquierdistas y revolucionarios. Una pugna que marca hoy en día la lucha política continental y que esta semana se desplaza hasta España, un actor político que se ha hecho sitio por interés propio en el escenario geopolítico americano. Pedro Sánchez busca retroalimentarse con los principales mandatarios izquierdistas de la región en beneficio de unos y otros, todos ellos muy necesitados. Por un lado, el presidente del Gobierno español, líder global del bloque autodenominado progresista, necesita convertir la política exterior en campo de batalla para reactivar a los votantes de izquierda. Una estrategia muy apetecible para La Moncloa: importar y engrandecer la narrativa de las Américas, marcada por extremismos, polarización y la presencia apabullante de Trump, el gran enemigo cuya confrontación política aporta muchos réditos a todos ellos. Sin duda, el mejor escenario posible para profundizar su perfil anti Trump, para enarbolar la bandera del "No a la guerra" y para enfrentar a la "ultraderecha", ya sea en España o en el continente americano. La cumbre de Barcelona, que suma la Global Progressive Mobilisation (GPM) y la IV Reunión en Defensa de la Democracia, supone además el final de la transición de Sánchez, que ha invadido buena parte del espacio ideológico de Pablo Iglesias en el continente. Han transcurrido cinco años y medio desde que el entonces vicepresidente acudiera a Bolivia para apoyar la asunción del revolucionario Luis Arce (hoy en la cárcel por corrupción) y para suscribir, con otros presidentes izquierdistas, un manifiesto "contra el golpismo de la ultraderecha". Ninguno de los presentes se acordó entonces de las tres dictaduras revolucionarias de la región, con Venezuela a la cabeza. En ese momento, Sánchez todavía se movía en los límites tradicionales de la Internacional Socialista, con sus aliados históricos en la región, incluidos varios partidos que forman parte de la Plataforma Unitaria venezolana, que lidera María Corina Machado. Fue precisamente en la cumbre de Santo Domingo, en 2019, donde Sánchez no dudó en calificar a Nicolás Maduro como un tirano. Eran otros tiempos. En 2023, el líder del PSOE hizo oficial su giro internacionalista a la izquierda al dirigirse en vídeo a la Cumbre del Grupo de Puebla (GP), que reúne a líderes izquierdistas de la región y que cuenta con José Luis Rodríguez Zapatero como uno de sus principales auspiciadores. Poco importó entonces que el GP tuviera como invitados de lujo a las dos principales dictaduras latinoamericanas, representadas por la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez y el canciller cubano, Bruno Rodríguez. "La izquierda latinoamericana pasa por momentos difíciles, no sólo ha perdido espacios de poder político, también por primera vez enfrenta un bloque más de derecha organizado bajo el liderazgo de Trump, el llamado Escudo de las Américas. El bloque cree que Sánchez ayudará a su supervivencia a corto plazo. Es difícil pensar que puedan hacer contrapeso en este momento, pero al menos intentarán preservar espacios de poder en Colombia y en Brasil, con elecciones a corto plazo", sintetiza para EL MUNDO el estratega político Miguel Velarde. Lula da Silva enfrenta en octubre sus séptimas elecciones presidenciales (las tres primeras perdidas) con el hijo de Bolsonaro, aliado de la Casa Blanca, como rival en crecimiento. Y mientras, Gustavo Petro agita las aguas colombianas para que su candidato, Iván Cepeda, triunfe en las elecciones del mes que viene. Yamandú Orsi ya ha cumplido su primer año al frente de Uruguay. Lo de la mexicana Claudia Sheinbaum tiene varias lecturas. "Su participación en Barcelona va contra toda la tradición de su movimiento, y, aún así, se entiende. Su antecesor y promotor, Andrés Manuel López Obrador, sostuvo un pulso visceral con España al solicitar una disculpa por los excesos de la Conquista. La mala relación con España sólo fue un síntoma del aislacionismo internacional de López Obrador, que nunca se visualizó como un líder de la izquierda global. La administración de Sheinbaum está en el punto de quiebre tradicional en la que el sucesor se desmarca de su antecesor. El viaje a España y su incorporación al bloque de mandatarios puede leerse en ese sentido. Igual, ante el creciente malestar de la comunidad migrante en EEUU, ya son 16 los muertos mexicanos en los centros de detención del ICE, la presidenta se ve obligada a plantarle cara a Trump. Y qué mejor hacerlo que arropada por otros líderes de izquierda. Sola, no podría", señala el analista Pablo Cícero. El guion ya estaba escrito, el impacto medido. Hasta que en el camino de la ofensiva "progresista" se cruzó la Premio Nobel Machado, la única política internacional que puede desbordar plazas en Madrid, inimaginables incluso para políticos locales. "En este momento esa reunión (con Sánchez) no está prevista", se adelantó la líder democrática venezolana en entrevista con la COPE para evitar el desprecio sufrido en Madrid en 2020 por el entonces presidente encargado, Juan Guaidó, recibido por la ministra de Exteriores en una sede no oficial, pese a encabezar el desafío contra la dictadura. La gira europea de Machado ya la ha llevado junto a Emmanuel Macron y al primer ministro neerlandés Rob Jetten, como en su día sucediera con Guaidó, el propio presidente francés, Angela Merkel y Boris Johnson. "España no ha escapado de la polarización que reina en América Latina por obra y gracia de las propias posiciones del Gobierno español, que no ha contribuido para una solución de lo que ocurre en Venezuela y que se ha alineado ideológicamente con el grupo de mandatarios que miraron desde la distancia y sin hacer nada cómo Maduro se robaba las elecciones del 28-J, cómo encarcelaba a 2.500 personas y cómo ilegalizaba a la oposición", resume para este periódico el internacionalista Luis Peche. Una cumbre en la que Zapatero, catalizador de la estrategia de Sánchez, ha buscado estar rodeado de opositores venezolanos que con su presencia avalen su falso papel de mediador en el país criollo. Zapatero es hoy una pieza clave en la arquitectura de poder de Delcy y su hermano Jorge Rodríguez, que pasa por gobernar bajo el "protectorado" estadounidense mientras desmontan al madurismo y alargan su estancia en el Palacio de Miraflores de cara a unas elecciones futuras sin fecha fija y con múltiples interrogantes en el camino. Ya sea casual, forzada por una agenda que acorta plazos políticos para regresar a Venezuela, o tal y como se quejó el PSOE, se trate de una contraprogramación, "ambos acontecimientos evidencian cuál es el escenario geopolítico latinoamericano: por un lado Sánchez, Petro, Lula y Sheinbaum y por otro Machado con la oposición española. Eso sí, la causa venezolana va mucho más allá de ese espacio ideológico, incluso ha contado con el apoyo de presidentes progresistas, como el chileno Gabriel Boric. Lo de Venezuela se trata de la solidaridad con un pueblo que sobrevive bajo un régimen autoritario", sentenció Peche. El parteaguas de las dictaduras, convertido en el gran termómetro democrático de las dictaduras. De ahí la gran paradoja de un supuesto encuentro por la democracia con presencia de Sheinbaum, principal defensora de la dictadura cubana en la región y enemiga encarnizada de la Premio Nobel; Petro, abrazado a Maduro hasta el 3 de enero y romántico defensor del castrismo; y Lula, con sus idas y venidas constantes al calor de sus intereses por convertirse en un líder de referencia mundial.