Mohamed tiene un plan
ResumenTodo se desarrolló según lo previsto: el 15 de julio fue un día caluroso en Rabat. Una delegación extranjera avanzaba por la capital en dirección a un edificio de la Administración de la Defensa Nacional, donde les esperaba el ministro del ramo, vestido de uniforme, y también el de Exteriores del reino. La sala donde se reunieron estaba presidida por dos banderas marroquíes, una fotografía oficial de Mohamed VI y otra de su padre Hassan II. Las delegaciones se sentaron en una enorme mesa ovalada.
Todo se desarrolló según lo previsto: el 15 de julio fue un día caluroso en Rabat. Una delegación extranjera avanzaba por la capital en dirección a un edificio de la Administración de la Defensa Nacional, donde les esperaba el ministro del ramo, vestido de uniforme, y también el de Exteriores del reino. La sala donde se reunieron estaba presidida por dos banderas marroquíes, una fotografía oficial de Mohamed VI y otra de su padre Hassan II. Las delegaciones se sentaron en una enorme mesa ovalada. Sí, de acuerdo, la escena parece setentera y anacrónica desde un punto de vista estético, como puede verse en el video que colgó la agencia Reuters, pero allí había una apuesta de futuro. El propósito del encuentro era la firma de un acuerdo de Marruecos con la denominada Junta de Paz —organismo impulsado por Donald Trump— en virtud del cual nuestro vecino del Sur se compromete a participar en la Fuerza Internacional de Estabilización ideada por Washington. Su propósito, sobre el papel, debería ser el despliegue militar en Gaza para garantizar el desarme de Hamás y afianzar la paz en la Franja devastada. La agencia de prensa oficial concretó en qué consistiría la presencia marroquí: el despliegue de altos oficiales militares, personal de gendarmería y la creación de un hospital militar de campaña. En la reunión estaba el húngaro Nickolay Mladenov, director de la Junta, que no dudó en agradecer al rey Mohamed “su liderazgo visionario”. Marruecos tiene un plan para estos tiempos oscuros. La decisión de significarse como el primer país de la región que se compromete a participar en la Fuerza Internacional debe encuadrarse en los Acuerdos de Abraham, la estrategia que el primer Trump activó para normalizar las relaciones de Israel con los países de su entorno sobre la base de intereses comunes. El día de diciembre de 2020 en que Marruecos se sumó a esa alianza, un Trump en la histérica prórroga de su mandato escribió este tuit tras mantener una conversación telefónica con Mohamed VI: “Hoy he firmado una declaración que reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental”. Ha pasado más de un lustro. “Su histórico reconocimiento en 2020 de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara permanecerá grabado en la memoria de los marroquíes”, recordó el rey alauí en un mensaje de respuesta que envió a Trump el pasado 2 de agosto mientras se desarrollaba la crisis en Ceuta. Con motivo del Día del Trono el presidente americano había mandado un mensaje de felicitación para reforzar la alianza entre ambos países. “La tecnología y la innovación estadounidenses, de confianza y presentes en sectores estratégicos como la energía, la inteligencia artificial, los minerales críticos y la defensa, seguirán siendo sus aliadas durante los próximos 250 años”. En ese intercambio epistolar, Mohamed quiso hacer tangible esta complicidad al anunciar que una infraestructura estratégica —los 1.000 kilómetros de la nueva autopista que cruza de punta a punta Marruecos, pieza básica en la conexión de África con Europa— había sido rebautizada: será la President Donald J. Trump Highway. En su red social, además de agradecer y prometer que le gustaría recorrerla, colgó un vídeo de cuatro minutos donde se narran las virtudes de una carretera que no es solo una carretera: es un plan de futuro. ¿Existe una auténtica alianza que interconecte los intereses políticos de Marruecos, Israel y Estados Unidos? En relación con lo que nos ocupa, ¿hasta qué punto la política exterior española que ha desarrollado el Gobierno de Pedro Sánchez con dichos países, tan útil en la elaboración del relato gubernamental, está teniendo un coste, para decirlo con la expresión utilizada por Josep Borrell?