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El Mundo ·

Las urnas en Andalucía vapulean el proyecto de Sánchez y le diagnostican el 'síndrome del esqueísmo'

Resumen

María Jesús Montero entra en calor aplaudiendo por el pasillo. Baja un escalón y tropieza en el segundo. Metáfora que retrata la situación electoral del PSOE. Andalucía propina un sopapo a los socialistas (28 escaños).

Suena la música a todo volumen. La gente, de pie. Banderines al aire. María Jesús Montero entra en calor aplaudiendo por el pasillo. Baja un escalón y tropieza en el segundo. Se tambalea. Metáfora que retrata la situación electoral del PSOE. Andalucía propina un sopapo a los socialistas (28 escaños). Un castigo del que Pedro Sánchez hace oídos sordos, bajo el pretexto de que no es el candidato y por tanto, «no es un plebiscito para el Gobierno. De esos sólo hay uno y será en 2027», insisten desde su equipo. Pero la puesta en liza de la que fuera su número dos en el Gobierno y actual número dos del PSOE, su propia implicación en la campaña, el desembarco de ministros y la mimetización de Montero con La Moncloa, lo pone en el foco más que nunca por más esfuerzos que haga por apartarse del mismo. Andalucía diagnostica a La Moncloa y a Sánchez síndrome de esqueísmo. La vivencia permanente en el «es que...» cada vez que hay una cita electoral para eludir responsabilidades y asumir fracasos. Es que son autonómicas y no generales; es que no era el candidato de Ferraz; es que no ha habido movilización; es que los que nos votan en generales no nos votan ahora... Este concepto, acuñado por la psicóloga española Teresa Terol describe la tendencia a buscar justificaciones/excusas en lugar de indagar soluciones o aprendizajes. Elecciones Andalucía 2026 Hemiciclo «El resultado no quiere decir nada de la candidata»; «No es un plebiscito para Sánchez. No se vota igual que en unas generales. La prueba serán las generales del 27», insistían este domingo personas del núcleo duro de Sánchez. «Esto es sólo Andalucía». De hecho, el PSOE ha puesto ya en marcha la maquinaria para mirar a municipales y autonómicas para no dar respiro a los suyos. Pensar ya en el siguiente paso sin escrutar el presente. Comité Federal -máximo órgano entre congresos- el 27 de junio como pistoletazo de salida. El planteamiento es hacia delante. Pase lo que pase. Prueba de ello es que Sánchez viaja este lunes a Ginebra para participar en la Asamblea Mundial de la Salud de la OMS. Foco en la agenda internacional, exprimir la buena gestión de la crisis sanitaria por el hantavirus. Un escenario donde camina más cómodo y tiene una imagen favorable. Pero el batacazo pone en la lupa a Sánchez. Fue él quien avaló que su vicepresidenta y ministra de Hacienda, pese a las resistencia de ésta, fuera su candidata. Era, eso sí, la persona de consenso en el PSOE andaluz. Y es él quien articuló una estrategia de colocar a ministros candidatos para tratar de recuperar poder territorial que se ha demostrado fallida -ni Pilar Alegría ni Montero han mejorado resultados- y lanza un aviso para otros ungidos: Óscar López en Madrid, Diana Morant en Comunidad Valenciana y Ángel Víctor Torres en Canarias. En el partido hay voces que censuran que Sánchez ha primado su interés y no el de los territorios: lo que le venía bien a él para tener el partido controlado y no en los perfiles que pudiera necesitar cada región. Elecciones Andalucía 2026 Mapa Otro argumento que lanza un mensaje de desaprobación al Gobierno. Montero ha basado su campaña en un referéndum sobre la gestión de los servicios públicos, centrando en la sanidad. Desde hace meses, La Moncloa, con Sánchez a la cabeza, decidió una estrategia de querer llevar el debate a este asunto también, como intento de desgastar a los barones populares y dar aire a los suyos. Así lo ha hecho en actos de partido o institucionales, mítines o comparecencias en el Congreso, llegando a sembrar la duda de la malversación sobre los dirigentes populares, introduciendo la duda de dónde está el dinero dado por el ejecutivo central a las CCAA. Al menos estos dos planteamientos ponen el haz de luz en Sánchez y dan munición al argumento de que Andalucía, por ser quién era y es Montero y la implicación del Ejecutivo, son un vapuleo para el proyecto del jefe del Gobierno. El PSOE ha gobernado en Andalucía casi 37 años -su gran granero de votos- y un socialista ha sido inquilino de La Moncloa durante tres décadas, el partido que más tiempo ha gobernado España. Sin embargo, la perspectiva de los socialistas en las últimas elecciones celebradas ha sido la de arañar su suelo histórico y vender como triunfo que el PP no lograra la mayoría y se atara a Vox. «Nuestro objetivo era que el PP no tuviera la absoluta», confiesan fuentes socialistas. Pero, de nuevo, se abren unas urnas en España y Vox crece. La Moncloa y Sánchez tienen un eje de su mensaje en presentarse como «dique» frente a la ultraderecha. En los últimos comicios -Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía-, la derecha y la ultraderecha han logrado más del 50% de los votos. El bálsamo de la no mayoría del PP no oculta que el PSOE perfora su suelo histórico con 28 escaños y 942.364 votos, frente a los 30 asientos y 888.325 papeletas en 2022. Y lo hace habiendo subido, como querían, la participación al 65%. No lo han rentabilizado, pese a que Sánchez se implicó y fue actor principal en la última semana. «Ha estado tan presente porque tira más que María Jesús», dicen. Desde la dirección socialista dan por hecho que Montero se quedará como líder de la oposición en Andalucía, que no dará un paso al lado.