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Antenas, fibra y 5G: así se prepara La Cartuja

Resumen

NOTICIA #03 En las gradas del Estadio La Cartuja de Sevilla, el espectáculo está a la vista de todos. El terreno de juego, las gradas, el marcador, las luces, los aficionados. Pero hay otra parte del estadio que permanece oculta y que empieza a trabajar mucho antes de que comience un partido, un concierto o cualquier otro gran evento: la infraestructura que hace posible que miles de personas puedan conectarse al mismo tiempo. Porque cuando un recinto reúne a decenas de miles de espectadores, no solo aumenta el ruido.

NOTICIA #03

En las gradas del Estadio La Cartuja de Sevilla, el espectáculo está a la vista de todos. El terreno de juego, las gradas, el marcador, las luces, los aficionados. Pero hay otra parte del estadio que permanece oculta y que empieza a trabajar mucho antes de que comience un partido, un concierto o cualquier otro gran evento: la infraestructura que hace posible que miles de personas puedan conectarse al mismo tiempo.

Porque cuando un recinto reúne a decenas de miles de espectadores, no solo aumenta el ruido. También se multiplica el tráfico de datos.

Los teléfonos empiezan a hacer llamadas, enviar mensajes, compartir fotografías y vídeos, acceder a redes sociales o realizar videollamadas. Una acción que individualmente parece sencilla se convierte en un desafío cuando miles de personas la realizan simultáneamente.

En ese escenario entran en juego los sistemas DAS, una de las piezas fundamentales para garantizar la conectividad móvil en grandes recintos.

DAS son las siglas de Distributed Antenna Systems, o sistemas de antenas distribuidas. Su función es desplegar una infraestructura de antenas y elementos de radiación que permita distribuir la señal dentro de un espacio de gran concentración de usuarios.

En un estadio, la diferencia es fundamental. No se trata simplemente de que exista cobertura móvil alrededor del recinto. Cuando las gradas se llenan, la red tiene que estar preparada para responder a miles de usuarios que quieren utilizar sus dispositivos prácticamente al mismo tiempo.

Es necesario desplegar lo que llamamos sistemas de antenas distribuidas, sistemas DAS

M. Mir conoce de cerca ese desafío. Cellnex trabaja en el diseño, implantación y operación de este tipo de infraestructuras en grandes recintos, con el objetivo de proporcionar conectividad cuando la concentración de usuarios alcanza sus niveles más elevados.

El concepto puede parecer eminentemente técnico, pero su finalidad es muy sencilla: que el espectador pueda utilizar su teléfono cuando lo necesita.

"Es que la infraestructura no es solamente un medio", resume M. Mir.

El verdadero objetivo está en lo que ocurre después: poder llamar, enviar un vídeo, compartir una fotografía, consultar contenidos o interactuar en redes sociales con la capacidad necesaria.

La dimensión del reto se entiende mejor mirando alrededor. La Cartuja puede alcanzar los 70.000 espectadores y es un recinto preparado para acoger grandes acontecimientos deportivos, conciertos y otros eventos multitudinarios. Cuando las gradas se llenan, la demanda sobre las redes móviles cambia radicalmente.

"Como usuarios de los servicios de telefonía móvil de Telefónica y del resto de operadores, a veces no somos conscientes de las importantes inversiones que se han desplegado para que nosotros podamos acceder a las redes sociales, hacer llamadas, bajarnos contenidos de vídeo…", explica Miquel Mir.

La clave está precisamente en esa concentración. En una ciudad, los usuarios de una red están distribuidos por un territorio amplio. En un estadio, miles de ellos pueden encontrarse prácticamente en el mismo espacio y durante las mismas horas. Por eso, la infraestructura debe diseñarse teniendo en cuenta las características concretas del recinto y su capacidad.

En La Cartuja, el sistema DAS se organiza en 24 sectores de radiación. El despliegue cuenta con 54 antenas, 81 unidades de radiación y más de dos kilómetros de fibra óptica, según los datos aportados por Cellnex.

Miquel Mir explica que la planificación parte de una distribución aproximada de un sector por cada 2.500 espectadores. Son cifras que el público no ve cuando toma asiento, pero están detrás de algo tan cotidiano como poder sacar el móvil y compartir un momento del partido.

El funcionamiento de la infraestructura puede entenderse mejor con una escena habitual. Llega un gol y cientos o miles de teléfonos se levantan casi al mismo tiempo. Quizás también las luces se encienden de golpe y sale al escenario tu cantante favorito. Un aficionado graba. Otro hace una fotografía. Otro llama a su familia. Otro envía el vídeo a un grupo de WhatsApp. Otro publica una historia en redes sociales. Ninguna de esas acciones parece extraordinaria pero el desafío aparece cuando todas suceden a la vez.

Lo importante es que accedamos a los servicios de telecomunicaciones en las condiciones de calidad y capacidad de tráfico necesarias

Esa frase resume la razón por la que la conectividad en un estadio no consiste únicamente en disponer de señal. También importa la capacidad de la red para gestionar una demanda muy elevada y concentrada. Y ahí es donde una infraestructura como el DAS adquiere todo su sentido.

Para Joaquín Segovia, Director Territorio Sur Telefónica España, La Cartuja representa precisamente uno de los escenarios más exigentes para las comunicaciones móviles.

"Estadios como La Cartuja son escenarios muy exigentes para las redes de comunicaciones móviles", explica.

La razón es sencilla: decenas de miles de personas pueden concentrarse en un espacio relativamente reducido y realizar un uso intensivo de sus dispositivos.

"Estamos hablando de decenas de miles de personas que se concentran en poco espacio de tiempo, en unas horas, y que hacen un consumo altísimo de datos", añade.

La respuesta requiere anticipación. En La Cartuja, Telefónica ha desplegado dos nodos estratégicos. El primero cuenta con 24 sectores que proporcionan cobertura 4G y 5G a toda la grada. El segundo dispone de ocho sectores de 5G avanzado de altas prestaciones.

Además, la red se ha reforzado en las zonas interiores del estadio para proporcionar conectividad a trabajadores, prensa y otros profesionales que desarrollan allí su actividad.

"Nosotros lo que hacemos es anticiparnos, robustecer la red, reforzar esas comunicaciones de la mano de nuestros partners, en este caso de la mano de Cellnex", explica J. Segovia.

La preparación comienza, por tanto, mucho antes del pitido inicial.

La infraestructura de La Cartuja tiene además una historia vinculada directamente al traslado temporal del Real Betis.

Cellnex había llegado a un acuerdo con el club en 2020 para desplegar las infraestructuras DAS necesarias en el Benito Villamarín. Allí prestó servicios durante las temporadas 2022-23, 2023-24 y 2024-25.

Cuando comenzaron las obras del Benito Villamarín y el Betis anunció su traslado temporal a La Cartuja, apareció un nuevo desafío: llevar también la infraestructura tecnológica al nuevo escenario.

"No fue simplemente cambiar de estadio", explica Miquel Mir al recordar aquel proceso. El traslado exigió coordinar a los diferentes actores implicados y trabajar durante los meses de junio y julio para preparar la infraestructura antes del comienzo de la nueva temporada.

"Tuvimos que organizar el traslado de dos equipos de un estadio a otro y contamos con la colaboración de ambos clubes", relata.

El cambio de recinto también suponía enfrentarse a diferentes dimensiones. "El Benito Villamarín es un estadio de unos sesenta mil espectadores, La Cartuja es algo mayor, hasta setenta mil espectadores", señala Miquel Mir.

La infraestructura tuvo que adaptarse, por tanto, a las características del nuevo recinto.

Para el Real Betis, todo ese despliegue tecnológico tiene una finalidad que va más allá de las cifras.

Alejandro Cañestro, Director de IT del club Real Betis Balompié, explica que uno de los grandes retos del traslado era conseguir que el aficionado no percibiera La Cartuja como un lugar completamente ajeno después de tantos años en el Benito Villamarín.

"Queríamos que el aficionado no se sintiera fuera de su casa y que estuviese lo más acogido posible", explica. La conectividad forma parte de esa continuidad. "Queremos que el aficionado, cuando entra al estadio, no se aísle del mundo", señala Alejandro Cañestro.

El teléfono se ha convertido en una herramienta habitual durante cualquier evento. Sirve para comunicarse con quienes no han podido acudir, compartir imágenes o simplemente mantener las rutinas digitales que forman parte de la vida cotidiana. La conectividad permite así que la experiencia del estadio no termine en las gradas.

Para el Real Betis, disponer de esa conectividad también abrió la puerta a nuevas experiencias dentro del estadio. Durante la temporada anterior, el club desarrolló espectáculos de iluminación y diferentes actividades destinadas a entretener al público antes del comienzo de los partidos así como acciones tales como la selfie cam y otras propuestas vinculadas a la interacción con los aficionados.

"La conectividad también es esa base que te da lugar a poder hacer otro tipo de actividades", explica Cañestro.

La misma infraestructura puede servir de soporte para activaciones de patrocinadores, juegos y propuestas de gamificación.

Si no tenemos esa tecnología y no lo trabajamos, esa conectividad, yo creo que es imposible

La conectividad deja así de ser únicamente una cuestión de llamadas o cobertura. Se convierte en la base sobre la que pueden construirse nuevos servicios digitales alrededor del evento.

Para que todo funcione, no basta con instalar antenas. El modelo requiere la colaboración entre diferentes actores: el club, el gestor del estadio, los operadores y las compañías especializadas en infraestructuras de telecomunicaciones.

El Real Betis aporta y pone a disposición de los operadores la infraestructura necesaria para que puedan prestar sus servicios. Los operadores aportan la capacidad de sus redes. Y compañías como Cellnex diseñan, despliegan y operan soluciones de conectividad como los sistemas DAS.

Alejandro Cañestro lo explica desde la perspectiva del club:

"Nosotros como Real Betis ofrecemos esa infraestructura y la ponemos a disposición de las operadoras para que hagan uso de ella y ofrezcan los anchos de banda necesarios para que el aficionado pueda mandar ese vídeo, pueda hacerse un vídeo en directo con su familia."

El objetivo es que el aficionado pueda tener una experiencia de conectividad adecuada independientemente del operador que utilice.

Hay una paradoja detrás de toda esta infraestructura: cuanto mejor funciona, menos atención reclama.

El espectador no entra en La Cartuja pensando en sus 24 sectores de radiación, sus 54 antenas, sus 81 unidades de radiación o sus más de dos kilómetros de fibra. Entra pensando en el partido, en el concierto, en el espectáculo que está a punto de comenzar. Pero cuando el estadio se llena, toda esa infraestructura empieza a cobrar sentido.

Porque detrás de una fotografía, un vídeo, una llamada o una publicación en redes sociales hay una red que debe estar preparada para responder simultáneamente a miles de usuarios. El objetivo final no es que el aficionado conozca cómo está construida la red. Es que pueda utilizarla.

"Lo importante es que accedamos a los servicios de telecomunicaciones en las condiciones de calidad y capacidad de tráfico necesarias", añade Miquel Mir.

Y quizá esa sea la mejor manera de entender el papel de la tecnología en un estadio moderno.

Cuando comienza el partido, la atención se dirige al césped. Cuando empieza un concierto, al escenario. Cuando llega el momento decisivo, miles de móviles se levantan al mismo tiempo. Y detrás de todos ellos, sin que el público apenas lo perciba, una infraestructura de conectividad trabaja para que ese instante pueda vivirse, compartirse y llegar mucho más allá de las gradas.

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