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Las vacunas contra el cáncer, explicadas por un pionero de la oncología preventiva

Resumen

Hay un hospital en Houston (Texas) donde se trata más cáncer que en ningún otro lugar del mundo. Se llama MD Anderson Cancer Center, ocupa el equivalente a una pequeña ciudad de edificios conectados por pasarelas y atiende cada año a unas 135.000 personas. Lleva desde 1990 instalado en lo más alto de la lista de los mejores hospitales oncológicos de Estados Unidos. Allí, en el Departamento de Prevención Clínica, trabaja Eduardo Vilar Sánchez (Madrid, 1978), que ha publicado en Nature Medicine el primer ensayo de una vacuna preventiva contra una variedad hereditaria del cáncer de colon.

Hay un hospital en Houston (Texas) donde se trata más cáncer que en ningún otro lugar del mundo. Se llama MD Anderson Cancer Center, ocupa el equivalente a una pequeña ciudad de edificios conectados por pasarelas y atiende cada año a unas 135.000 personas. ... Lleva desde 1990 instalado en lo más alto de la lista de los mejores hospitales oncológicos de Estados Unidos. Allí, en el Departamento de Prevención Clínica, trabaja Eduardo Vilar Sánchez (Madrid, 1978), que ha publicado en Nature Medicine el primer ensayo de una vacuna preventiva contra una variedad hereditaria del cáncer de colon. Vilar desciende de un linaje de médicos: padre ginecólogo, madre matrona, y un abuelo que en plena posguerra abrió en España una de las primeras consultas dedicadas a la fertilidad. Estudió Medicina en la Universidad Miguel Hernández (Alicante), se especializó en oncología en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona y se marchó a Estados Unidos con una beca. Pensaba volver. No volvió. En 2012 le ofrecieron una plaza para montar su propio laboratorio en el MD Anderson, y allí sigue, dirigiendo un equipo dedicado casi en exclusiva al síndrome de Lynch, la mutación hereditaria que dispara el riesgo de cáncer de colon y que es el blanco de su vacuna. En ese mismo centro trabaja James Allison, el inmunólogo que ganó el Nobel de Medicina en 2018 por descubrir cómo soltar los frenos del sistema inmune para que ataque a los tumores, el hallazgo que abrió la era de la inmunoterapia moderna. XLSemanal. Una vacuna contra el cáncer de colon suena demasiado bien…Eduardo Vilar Sánchez. Y hay que tener mucho cuidado con eso. No es una vacuna contra el cáncer de colon en general. Es una vacuna para personas que tienen el síndrome de Lynch, una alteración genética hereditaria que dispara muchísimo el riesgo de cáncer colorrectal, y también de endometrio, de estómago, de ovario, de vías urinarias. Esas personas heredan de su padre o de su madre un fallo en el sistema que repara los errores del ADN. Y ese fallo hace que, antes o después, acumulen mutaciones y tengan un riesgo de cáncer de colon que puede llegar al 80 por ciento.XL. Eso es casi una sentencia.E.V.S. Para que se haga una idea: la población general tiene un riesgo de cáncer colorrectal de en torno al 4 o 5 por ciento. Un portador de Lynch no solo tiene un porcentaje mucho mayor, sino que lo sabe desde joven, porque el síndrome se detecta con un test genético. Imagínese vivir con eso encima desde los 18 años.«Durante mucho tiempo la prevención fue la hermana pobre de la profesión. Éramos cuatro gatos. De hecho, algunos colegas me ven como un bich raro» XL. ¿Cómo actúa su vacuna?E.V.S. Cuando una célula se divide, copia su ADN. Y en esa copia, a veces, se cuela un error. Todos tenemos un sistema de revisión que repasa la copia y corrige esos errores, como un corrector de textos. En las personas con síndrome de Lynch ese corrector funciona fatal. Entonces empiezan a acumularse errores y hacen que la célula fabrique proteínas raras que el cuerpo no había visto nunca. ¿Me sigue?XL. Eso creo.E.V.S. Vale. Porque ahora viene lo interesante: el sistema inmune ya está medio entrenado para reconocer esas proteínas raras. De hecho, intenta eliminarlas. El problema es que a veces llega tarde o se queda corto, y alguna célula se le escapa y acaba convirtiéndose en un tumor. Lo que hace la vacuna es darle el catálogo completo de esas proteínas por adelantado y con todo detalle, para que cuando aparezca una célula que las fabrica el sistema inmune ya la tenga fichada y la elimine a tiempo.XL. ¿Como la vacuna de la gripe?E.V.S. La lógica es la misma. Usted se vacuna de la gripe para entrenar a su sistema inmune contra la cepa de ese año, de modo que si se sube al autobús y el de al lado le estornuda encima su cuerpo ya sabe defenderse. Pues esto es parecido, solo que, en vez de entrenarlo contra algo que viene de fuera, lo entrenamos contra unas proteínas anómalas que produce el propio cuerpo.XL. Pero vacunas contra el cáncer ya existían. La del papiloma, sin ir más lejos.E.V.S. Sí, pero son otra cosa. La vacuna del papiloma previene el cáncer de cuello de útero, y la de la hepatitis B previene cánceres de hígado. Pero ninguna de las dos ataca al cáncer. Atacan a un virus. El papiloma es un virus que se contagia y que, años después, puede provocar un cáncer. Y hacer eso es relativamente fácil, porque el virus es algo externo y el sistema inmune está diseñado para atacar lo que viene de fuera.XL. ¿Y lo suyo es más difícil porque…?E.V.S. Porque la inmensa mayoría de los cánceres no los causa ningún virus. Surgen de tus propias células, que en algún momento se estropean y empiezan a dividirse sin control. Y ahí está el problema: esas células son tuyas. El sistema inmune, por diseño, evita atacar lo propio, porque si no viviríamos todos con enfermedades autoinmunes. Entonces, ¿cómo le enseñas a atacar algo que es tuyo sin que se vuelva loco? Eso es lo que nadie había conseguido de forma preventiva.«Vacunas como la del papiloma atacan a un virus, pero la mayoría de los cánceres no los causa un virus. Surgen de tus propias células. Y es difícil que el sistema inmune ataque lo propio sin volverse loco. En esas vacunas trabajamos ahora» XL. He leído que su vacuna es muy distinta de otras de las que se habla últimamente. Las de melanoma, las de páncreas.E.V.S. Las vacunas contra el cáncer que están dando titulares ahora mismo son personalizadas. A un paciente con melanoma le cogen su tumor, lo secuencian, identifican las mutaciones que son únicas de él y le fabrican una vacuna a medida. Funciona muy bien, pero cuesta del orden de 100.000 dólares por paciente. Eso es muy difícil de asumir por un sistema público a gran escala. La nuestra es una vacuna que llamamos 'de catálogo'. La misma vacuna sirve para todos los portadores de Lynch del mundo.XL. Pero si al paciente de melanoma ya le ha salido el tumor, ¿qué previene ahí la vacuna?E.V.S. Es que ahí la vacuna no previene, trata. Y eso desconcierta a la gente, porque asociamos «vacuna» a no enfermar. Pero una vacuna, en el fondo, no es más que un entrenamiento del sistema inmune para que reconozca un objetivo y lo ataque. No es como la quimioterapia, que envenena la célula directamente.XL. ¿Cómo es posible que sirva para todos los enfermos de Lynch?E.V.S. Porque en el síndrome de Lynch las mutaciones no son aleatorias. El sistema averiado falla siempre en los mismos sitios del genoma, en unas zonas repetitivas, y por eso las proteínas raras que produce son más o menos las mismas en todos los portadores. Unos científicos analizaron cientos de estos tumores y vieron que con 209 proteínas mutadas se cubría al menos el 90 por ciento de los casos. Por eso la vacuna se llama 'NOUS-209'.XL. ¿Y qué pasa con los que no tienen Lynch?E.V.S. . En un cáncer normal, no hereditario, donde cada paciente tiene mutaciones distintas, esto no se puede hacer por el momento. El síndrome de Lynch es, en ese sentido, un terreno para probar la idea.XL. Ya veo, empiezan por lo que tienen a tiro… Y, si funciona, irán ampliando.E.V.S. . Esa es la idea. Aquí tengo que ponerme riguroso. Lo que hemos publicado es un ensayo en 45 portadores de Lynch sanos. Demuestra dos cosas. Una, que la vacuna es segura. Da los efectos secundarios normales de cualquier vacuna: fiebre, algo de dolor en el brazo y poco más. Dos, que genera una respuesta inmune potente y duradera, que se mantiene al menos un año. Y hay una tercera: en las colonoscopias que hicimos un año después, los vacunados tenían muchas menos lesiones precancerosas de las esperadas.El cáncer de colon y recto es el tumor más frecuente en España: 45.000 nuevos casos en 2025. Es el segundo en hombres, por detrás del de próstata, y el segundo en mujeres, tras el de mama. La buena noticia: se muere cada vez menos de él. Entre 2004 y 2022 la mortalidad cayó casi un 20 por ciento. Los programas de cribado han sido y son claves.XL. Perdóneme, pero no lo veo eufórico.E.V.S. Procuro no exteriorizar mi entusiasmo. Mire, para decir que una vacuna previene el cáncer hace falta un ensayo mucho más grande, con grupo de control, comparando con placebo y siguiendo a la gente durante años. Eso es lo que viene ahora, y nos puede llevar seis o siete años. ¿Sabe cuántos fármacos prometedores se han caído por el camino? Muchísimos.XL. La oncología preventiva es una rama muy novedosa.E.V.S. Lo es. De hecho, algunos colegas me ven como un bicho raro. Durante mucho tiempo la prevención fue la hermana pobre de la profesión. Ibas a los congresos, a las sesiones donde se hablaba de prevención, y éramos cuatro gatos. Mis amigos, metidos en ensayos de tumores avanzados, me preguntaban medio en broma por qué me complicaba la vida.XL. ¿Y por qué se la complica?E.V.S. Me viene de familia. Mi padre, que era jefe de servicio en un hospital de Elche, renunció a la consulta privada para poder dedicar las tardes a investigar. Durante el MIR, en Barcelona, me iba un fin de semana de cada cuatro a Madrid a terminar el máster de oncología molecular. Y me acuerdo de que volvía el domingo por la noche en el puente aéreo, aterrizaba en el Prat a las nueve y, en lugar de pedirle al taxi que me llevara a casa, le pedía que me dejara en la puerta del laboratorio. Pero es que tenía unas células en el incubador. Nunca lo viví como un sacrificio. Cuando haces algo que te gusta, no te cuesta.XL. ¿Por qué eligió el síndrome de Lynch y no, digamos, el cáncer de colon a secas?E.V.S. . Por lo que le decía de las mutaciones compartidas, que hace técnicamente posible abordarlo ya. Pero también por una razón humana. Yo en mi consulta veo familias enteras de portadores de Lynch. Veo a un padre al que le diagnosticaron el síndrome después de un cáncer de colon a los 30 años. Y al cabo del tiempo lo veo aparecer con su hijo para que se haga el test. Hay un 50 por ciento de probabilidades de que lo haya heredado. Esa gente lleva décadas esperando que alguien les ofrezca algo más que vigilancia.XL. Y para alguien que no tiene síndrome de Lynch, para el común de los mortales, ¿cuándo llegará esa vacuna?E.V.S. Esa es otra historia, más lenta y más difícil, porque hay que encontrar mutaciones compartidas en cánceres que no son hereditarios. Pero se está trabajando. El caso más prometedor es el del gen KRAS, que aparece mutado en la mayoría de los cánceres de páncreas y en muchos colorrectales. Eso permitiría, en teoría, una vacuna de catálogo parecida a la nuestra. Mi esperanza es que lo que hemos hecho con Lynch sirva de ejemplo y atraiga financiación y a más científicos jóvenes a este campo.LA REVOLUCIÓN DE LAS VACUNAS Durante dos siglos vacunarse fue cosa de niños y de epidemias: un pinchazo contra el sarampión, un refuerzo contra el tétanos después de pisar un clavo, el covid... Lo que viene ahora es un arsenal nuevo, repartido en varios frentes, pensado para la gestión de los riesgos que cada persona arrastra a lo largo de su vida Las que se ponen por la nariz Los virus respiratorios —gripe, covid, el sincitial que llena las consultas pediátricas— entran por la nariz, y sin embargo las vacunas que conocemos se pinchan en el brazo y generan defensas en la sangre, no en las mucosas, que es donde se libra la primera batalla. Por eso las vacunas del covid protegían bien contra la enfermedad pero mal contra el contagio. Varios laboratorios, con el de la inmunóloga Akiko Iwasaki en Yale a la cabeza, trabajan en vacunas que se administran por la nariz y que aspiran a combinar en una sola dosis anual la protección contra todos los virus respira-torios a la vez. Las que atacan mutaciones genéticas Hasta ahora las únicas vacunas oncológicas que existían iban en realidad contra virus que causan cáncer, como el papiloma o la hepatitis B. La novedad es entrenar al sistema inmune para reconocer y destruir las propias células tumorales, que es muchísimo más difícil porque son células del propio cuerpo. La vacuna del síndrome de Lynch es el primer ensayo serio de prevención por esta vía. Y no está sola: hay líneas avanzadas contra las mutaciones en el cáncer de páncreas, mama, ovario... Las que se fabrican a medida En paralelo, para pacientes que ya tienen un tumor, se están fabricando vacunas personalizadas: se coge el tumor de cada enfermo, se secuencia, se identifican sus mutaciones únicas y se le fabrica una vacuna exclusiva en pocas semanas. Los resultados en melanoma operado y en cáncer de páncreas han sido los mejores que la oncología ha visto en décadas. El problema es el precio: entre 100.000 y 350.000 dólares por paciente. Las que enseñan a no atacar En lugar de despertar al sistema inmune, lo calman. Se están probando contra alergias alimentarias graves, como la del cacahuete, y contra enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple o la diabetes tipo 1, en las que el sistema inmune se equivoca de enemigo y ataca al propio cuerpo. La idea es reeducarlo, enseñarle a dejar en paz lo que no debería tocar. Si funciona, una enfermedad que hoy se trata de por vida podría apagarse con una tanda de vacunas. Queda más lejos, pero los ensayos en humanos ya están en marcha..