Francia contiene el aliento ante la jornada de protestas
ResumenLas protestas regresaron este sábado a Francia, donde confluyó de nuevo la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos y funcionarios que lamentan el deterioro de la educación pública y el precio de la vida. Casi medio millón de personas, según el Ministerio del Interior (800.000, según el sindicato CGT) volvió a la calle para mantener el pulso al presidente Emmanuel Macron, que no ha dado ni una sola respuesta convincente a sus reivindicaciones. Lo hicieron desafiando un fuerte dispositivo policial, también a la lluvia y el mal tiempo. Y ocurrió todo pacíficamente, hasta que al final de algunas marchas, centenares de personas reeditaron escenas de confrontación y pillaje que devolvieron los ecos de la violenta protesta del sábado 17 de octubre, cuando más de 3.000 comercios fueron saqueados impunemente y edificios públicos, como el Ayuntamiento de Limoges, fueron destruidos por las llamas.
Las protestas regresaron este sábado a Francia, donde confluyó de nuevo la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos y funcionarios que lamentan el deterioro de la educación pública y el precio de la vida. Casi medio millón de personas, según el Ministerio del Interior (800.000, según el sindicato CGT) volvió a la calle para mantener el pulso al presidente Emmanuel Macron, que no ha dado ni una sola respuesta convincente a sus reivindicaciones. Lo hicieron desafiando un fuerte dispositivo policial, también a la lluvia y el mal tiempo. Y ocurrió todo pacíficamente, hasta que al final de algunas marchas, centenares de personas reeditaron escenas de confrontación y pillaje que devolvieron los ecos de la violenta protesta del sábado 17 de octubre, cuando más de 3.000 comercios fueron saqueados impunemente y edificios públicos, como el Ayuntamiento de Limoges, fueron destruidos por las llamas. La noticia, más allá de la nota policial, señala que la protesta mantiene todo su vigor y promete seguir en la calle. No habrá tregua para el Ejecutivo. Los organizadores, apoyados por los chalecos amarillos, han vuelto a convocar marchas para el próximo 31 de octubre y 5 de noviembre. Esta última, acompañada de la propuesta de una huelga general. “Me preocupan esas fechas si no se toman medidas para satisfacer las reivindiaciones”, advirtió el alcalde de Marsella. Pero el problema es el mismo que hace un mes. No hay dinero en la caja. Francia arrastra una deuda del 119% del PIB y el Ejecutivo planea aprobar en los próximos días un presupuesto con 54.000 millones en recortes. Pero tampoco hay interlocutor fiable. A Macron, a quienes los manifestantes culpan de haber deteriorado los servicios públicos, le quedan seis meses en el cargo. Los manifestantes prometían firmeza en París. Matthieu y Lux, alumnos de la Sorbona de 23 y 24 años (omiten su apellido), formaban parte de las miles de personas que se dirigían por la mañana a la Puerta de Vincennes en una gran marcha que evitó el centro de la ciudad. Pancarta contra el jefe del Estado —“Macron, rodarán cabezas”— y kufiya palestina al cuello, rechazaban la violencia de los últimos días, pero no se dan por vencidos en la calle. “Seguiremos volviendo el tiempo que haga falta. El Gobierno no escucha, solo responde con violencia. Cada sábado nos tendrán aquí”, anunciaban. Gilles y Laurence, 22 y 23 años, estudiantes de Ciencias Políticas, creen que “hay que apretar ahora. Si gana Marine Le Pen será todavía peor”. A primera hora de la tarde, después de una mañana tranquila, comenzaron las cargas en varias ciudades como Grenoble, Niza, Estrasburgo, Lyon o Marsella. En París, donde unas 110.000 personas recorrieron la ciudad desde las 14.00 pacíficamente y bajo la lluvia, la policía empezó a disparar gases lacrimógenos y a dispersar a los manifestantes con cañones de agua. El estruendo de las granadas aturdidoras, cuando parecía que no iba ocurrir, volvió a retumbar en la ciudad. Pero también en el discurso político de La Francia Insumisa (LFI), la única formación capaz de capitalizar políticamente esta protesta. “En París, para arruinar el día y relajarse, las llamadas fuerzas del orden lanzan gas lacrimógeno y disparan a ciegas al final del cortejo, con el objetivo de obtener imágenes para las cadenas nacionales que han difundido toda la semana las que motivaron al asesino de Trappes. La vergüenza en bucle”, lamentó su líder, Jean-Luc Mélenchon, presente en la manifestación, en referencia al asesinato racista ocurrido el pasado viernes en el extrarradio parisino. Las protestas se intensificaron pasadas las cuatro de la tarde, también en otras urbes como Lyon o Marsella, donde la policía cargó y lanzó gases lacrimógenos. Hubo incendios, barricadas y proyectiles con morteros caseros por parte de los manifestantes. Mientras varios miles de personas seguían llegando a la plaza de la Porte-d’Aix, en la ciudad mediterránea, punto final de una manifestación que congregó a una multitud, se produjeron los enfrentamientos entre varias decenas de personas y los CRS (antidisturbios de la policía francesa). El alcalde de Marsella, Benoît Payan, restó importancia a los altercados y los calificó de “ligeros” en relación con la anterior semana, cuando y el Ayuntamiento fue vandalizado. Francia estaba blindada. El Gobierno había desplegado 70.000 agentes en todo el país —prestando especial atención a París—, reforzados por el ejército, lo que no ocurría desde 2019, cuando se produjeron las protestas de los chalecos amarillos. Había drones, helicópteros y la reedición de un toque de queda a partir de las diez de la noche. A pesar de que la mañana había sido muy tranquila y los manifestantes habían marchado pacíficamente, hubo pillajes y saqueos en Marsella o Grenoble, barricadas e inmensas nubes blancas de gases lacrimógenos. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, visiblemente aliviado tras una semana muy señalado por los fallos de seguridad que dejaron más de 3.000 comercios saqueados, se congratuló por la efectividad del despliegue policial. “Gracias a la intervención de las fuerzas del orden, no se produjeron ataques contra edificios públicos, como ocurrió el 17 de octubre, ya fueran ayuntamientos (...), comisarías de policía”, se congratuló. A las 20.00, las fuerzas del orden habían detenido a más de 1.000 personas, el triple que una semana antes a la misma hora. El ministro, que cifró en 289 las manifestaciones en toda Francia, advirtió de que el número de detenidos iba a aumentar “de forma significativa”. La lluvia y las medidas de seguridad, sin embargo, no disuadieron a los participantes más violentos de intentar saquear algún comercio y confrontar con la policía al término de la marcha. A media tarde, encapuchados y vestidos completamente de negro, se adueñaron de la protesta en París. Los enfrentamientos aumentaron y en Toulouse y en Clermont-Ferrand dos estudiantes fueron gravemente herido por la policía. París, en cualquier caso, era el foco principal de preocupación del Ejecutivo. La capital, una de las pocas ciudades donde los sindicatos lograron que se autorizara la marcha, cerró 24 estaciones de metro desde las 9.00. Los comercios estaban cerrados a cal y canto y sus propietarios los habían vaciado. “Hemos metido la mercancía en una maleta y se la hemos dado a algunos vecinos”, explicaba Marine, propietaria de una tienda de bisutería a pocos metros de la plaza de la República. La pelota vuelve ahora al tejado de la política. Macron se reunió el viernes por la tarde en el Palacio del Elíseo, durante dos horas y media, con una delegación de estudiantes. Fueron 150 minutos estériles, según sus representantes, que a la salida reiteraron que “la movilización constante” es “la única manera de lograr un progreso concreto”. “Nosotros hablamos de la derogación del Parcoursup [procedimiento de acceso a la educación superior], y él responde con una reforma total. Grandes promesas, palabras vacías”, señaló el responsable de la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria, Ryad Rani. El ministro de Educación, Édouard Geffray, se reunirá de nuevo con los estudiantes el lunes para anunciar otras medidas. Pero la situación económica es crítica. El Banco de Francia modificó hace apenas unos días su previsión de crecimiento para 2026 hasta una horquilla de entre el 0,4% y el 0,5%, muy por debajo del 1% que manejaba a finales de 2025, y elevó su pronóstico de inflación hasta el 2,5% para este año, casi un punto porcentual más de lo calculado meses atrás. La propia entidad admite que esa atonía económica, combinada con el encarecimiento de la deuda, empujará el déficit público al 5,2% del PIB en 2026, una décima más que en 2025. La inflación interanual ya se situó en agosto en el 2,4%, acelerando desde el 2,1% de julio, con una energía que se ha encarecido casi un 17% en el último año.La agencia de calificación de deuda mantuvo la nota Aa3 a Francia el viernes por la noche con una perspectiva negativa hasta que se aclare la situación de tensión en la calle. Pero también en el Parlamento, donde las próximas semanas, en las que el Ejecutivo no tiene garantizada su continuidad, serán extremadamente convulsas. La fragmentación política y la polarización crecen a pocos meses de los comicios presidenciales. Mientras las manifestaciones de los estudiantes tomaban de nuevo las calles, crecía la preocupación de que los disturbios pudieran alcanzar su máxima expresión en Orleans, la burguesa ciudad de las orillas del Loira donde el ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN) había convocado un congreso para lanzar la candidatura al Elíseo de su líder, Marine Le Pen, y confirmar a Jordan Bardella como presidente. La marcha, en la que participaron los líderes políticos de formaciones como el Parido Socialista (PS) se saldó sin incidentes. Pero mostró la enorme división política, que lleva incluso a partidos tradicional a manifestarse a las puertas del congreso de otra formación. “No entiendo nada. Nunca se me hubiera ocurrido ir a protestar contra otro partido, a asustar a sus militantes”, lamentó el vicepresidente del RN, Jean-Philippe Tanguy.