Blessing, obligada a prostituirse, y embarazada tras ser violada: «He aprendido que puedo lograrlo»
ResumenUna historia tan real como cruda, desgarradora, impactante y que ha llamado a las lágrimas en el muelle de Arguineguín por su dureza. Blessing, de Nigeria, víctima de trata, ha prestado su voz a Soda, una amiga, para que cuente su historia. forzó a devolver una deuda que no era suya, se vio obligada a prostituirse y mientras huía de este cautiverio, fue violada y quedó embarazada. Le quitaron a su hijo de apenas 11 meses.«A los 14 años ya estaba sola frente a la vida, buscando cómo seguir adelante.
Una historia tan real como cruda, desgarradora, impactante y que ha llamado a las lágrimas en el muelle de Arguineguín por su dureza. Blessing, de Nigeria, víctima de trata, ha prestado su voz a Soda, una amiga, para que cuente su historia. La mafia le ... forzó a devolver una deuda que no era suya, se vio obligada a prostituirse y mientras huía de este cautiverio, fue violada y quedó embarazada. Le quitaron a su hijo de apenas 11 meses.«A los 14 años ya estaba sola frente a la vida, buscando cómo seguir adelante. Una lucha que no ha terminado», ya que con 22 años tomé la decisión más difícil de mi vida : dejar Nigeria, dejar a mis dos hijas para darles un futuro mejor. Porque quería que ellas no vivieran lo que yo había vivido», leyó Soda.La mafia la llevó a un lugar donde me hicieron un ritual, el «yuyu», le dijeron que tenía una deuda de 25.000 euros que debía pagar cuando llegara a Europa. «Así empezó mi cautiverio». Espero seis meses para poder salir, «sin apenas comer, sin poder bañarme durante semanas, viviendo en condiciones que no desearía a nadie. Y cuando llegó el momento de cruzar el mar, vi cómo las personas que salieron antes que nosotros ese mismo día murieron ahogadas ».Un nuevo reto, una elección dura de nuevo: «Vivir sufriendo o cruzar y jugármela. Morir intentándolo, o quedarse y no tener nada. Elegí cruzar».La patera en la que viajó llegó a la otra orilla pero su tortura no había terminado. «Durante el viaje me quedé embarazada de un hombre de la mafia. Al llegar a España me quitaron a mi bebé para obligarme a prostituirme . Me trataron muy mal. Me separaron de mi hijo. Tenía 11 meses cuando la policía detuvo a quienes me tenían presa, y por fin pude tenerle conmigo».Con el sollozo de los presentes y un silencio roto por una historia que ha roto corazones, Soda ha puesto voz a un testimonio que es de su amiga, pero es de muchas. La respuesta fue la Iglesia, su lugar seguro. «Desde entonces, con la ayuda de la Iglesia a través de las trabajadoras sociales, la vida ha empezado a cambiar. Poco a poco. No ha sido fácil, y hay días en que la esperanza se hace muy pequeña. Pero he aprendido a creer en mí misma de nuevo. He aprendido que puedo lograrlo».Como ha expresado, «le agradezco a Dios haber encontrado a estas personas que hoy se encuentran aquí porque me tendieron la mano cuando más lo necesitaba. Y quiero agradecer de corazón la oportunidad de contar mi historia hoy, aquí, ante ustedes».«Rezo para que Dios les bendiga y les dé fuerzas para seguir ayudando a otras mujeres como yo».