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Cómo Vox quiere arrasar entre los jóvenes proletarios: "Ya funcionamos mejor en Parla que en Pozuelo"

Resumen

Lucía Morales, de 23 años, es una trabajadora precaria. Aunque estudió Marketing y Publicidad, se gana la vida como dependienta en una sucursal de La Casa de las Carcasas. Apenas ingresa 1.050 euros al mes, que redondea hasta los 1.200 si tiene suerte con las comisiones. Lucía se crió en una familia de izquierdas de toda la vida.

Lucía Morales, de 23 años, es una trabajadora precaria. Aunque estudió Marketing y Publicidad, se gana la vida como dependienta en una sucursal de La Casa de las Carcasas. Apenas ingresa 1.050 euros al mes, que redondea hasta los 1.200 si tiene suerte con las comisiones. Lucía se crió en una familia de izquierdas de toda la vida. Fueron los valores que le inculcaron sus padres, una pareja de autónomos que la tuvieron cuando sólo tenían 23 años. También eran los de sus abuelos -ella economista y él jefe de Correos- que se encargaron de su educación. Lucía vive en Parla, un feudo de la izquierda madrileña, donde los alcaldes socialistas se han turnado desde la Transición. Paga 600 euros por una habitación en un cuarto sin ascensor que comparte con su chico, Hamza, de origen marroquí. Él trabaja de mozo de almacén y también junta unos 1.200 euros a final de mes. Hace sólo cinco años, este perfil habría desembocado en un voto casi seguro para los partidos de izquierda. Ya no: Lucía tiene clarísimo que el 29-N cogerá la papeleta de Vox como protesta ante un sistema que no le ofrece ninguna perspectiva de prosperidad. «También he convencido a mi chico de que vote lo mismo», presume mientras comparte unas patatas fritas con una amiga de origen latino. Lucía encarna tres capas de la población en las que Vox quiere asentar su crecimiento en estas elecciones: joven, mujer y obrera. Es lo que en ciertos sectores de la izquierda urbana se conoce como una fachapobre, un epíteto que ella acepta sin inmutarse. «Lo soy y a mucha honra», afirma. «Que me llamen lo que quieran, que yo voto lo que me conviene». Para saber másAnatomía del 'plan obrero' de Vox. Así ha logrado arrebatar 300.000 votos al PSOE en tan solo dos mesesRedacción: RODRIGO TERRASA MadridAsí ha logrado arrebatar 300.000 votos al PSOE en tan solo dos meses El último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO confirma la solidez del apoyo a Vox en estos tres grupos. La intención de voto entre los menores de 30 años (21%) y en el nivel económico bajo (20,4%) ya es superior a la global del partido (19,3%). Entre las mujeres aún andan a la zaga (17,6%), pero la tendencia al alza se confirma oleada tras oleada. «Nuestro discurso ya funciona mejor en Parla que en Pozuelo», dice un miembro del núcleo duro de Santiago Abascal. «Desde el principio nos hemos dirigido a los perdedores de la globalización. Llevamos años defendiendo lo mismo: prioridad nacional, desregulación, remigración... Lo que ha cambiado ahora es cómo nos percibe este votante: si antes nuestra propuesta le parecía algo estrafalaria por sus prejuicios ideológicos, ahora nos ve como la única opción que les apela directamente». Los datos de Sigma Dos confirman esta nutrida transferencia de apoyos. Hace un año, apenas el 0,5% de los votantes del PSOE de 2023 se habían pasado a Vox. Ahora, esta cifra ya alcanza el 4,3%: es decir, algo más de 350.000 sufragios. «Lo que está ocurriendo en los barrios obreros españoles es algo que ya hemos visto en otros países europeos», dice Isabel Pérez Moñino, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, que proviene de una ciudad del cinturón rojo de la capital como Fuenlabrada. «Cada vez más trabajadores están dejando de confiar en una izquierda que ha abandonado sus intereses y su realidad material». Lucía es todavía más rotunda: tacha de «estafa» a la izquierda actual. No entiende que la sanidad pública sufrague las operaciones de cambio de sexo, mientras que ella tenga que pagarse de su bolsillo un empaste. También le enfada el boom de inmigrantes de los últimos años: según ella, no quieren trabajar, sino «chupar de ayudas públicas»: «La mayoría de mis amigos son inmigrantes, pero ellos son los primeros que están en contra de los extranjeros que están viniendo ahora». La denuncia de la inmigración «descontrolada» es, precisamente, el pilar del mensaje de Vox hacia el votante obrero. «El aplausómetro de los mítines deja claro que es lo que más llega», dice otro íntimo de Abascal. La inmigración sirve a Vox como diagnóstico simplificado para el resto de inquietudes de este votante. El colapso de los servicios públicos, el disparatado precio de la vivienda o la percepción de inseguridad se deben, según los de Abascal, a la llegada de millones de extranjeros, sin añadir muchos más matices. Y su solución es doble: repatriar inmigrantes y establecer la «prioridad nacional» en el acceso a ayudas. «El discurso de 'sentido común' que mezcla bolsillo, seguridad e identidad étnica les conecta bien con este votante», dice David Lerín, profesor de la Universidad Complutense y autor de la investigación Cambios en la estrategia política de Vox tras su irrupción electoral: Populismo y búsqueda del voto obrero. La vivienda, la sanidad y la inseguridad son, precisamente, las tres grandes preocupaciones de Lucía. Cada noche, cuando vuelve del trabajo, su novio va a buscarla al Cercanías, aunque sea a medianoche. «Si no me gritan, se me acercan, me persiguen...», dice. «Estoy segura de que no hemos tenido problemas porque mi chico es de origen marroquí y le respetan. Si fuera español...». Los mensajes de Vox a estas votantes no se difunden por los canales de toda la vida, como los mítines o los medios tradicionales. En el caso de las chicas jóvenes funcionan «bajo el radar» y de forma individualizada gracias al algoritmo. «Les llegan sobre todo TikTok, Instagram y creadores de contenido: estas mujeres ven pocos debates y muchos realities», explica Luis Miller, sociólogo del CSIC. Lucía, en cambio, sí parece informada de las ideas de cada partido. Hay detalles de Vox que le rechinan, como su rechazo al aborto o su apoyo a los toros y a la sanidad privada. Pero desea que obtengan resultado potente el 29-N que arrastre al PP a tomar medidas radicales: «Si Vox no está fuerte, pactarán con el PSOE y todo seguirá igual». -¿Cómo ves tu futuro? -Con mucho miedo. A los 23 años, mi madre ya se estaba construyendo su casa y tenía una hija deseada en el vientre. Yo cobro una miseria, comparto cuarto y he tenido que mudarme tres veces en un año. Vox es mi única esperanza de que algo cambie. Los datosTransferencia de votos. El 4,3% de los votantes del PSOE y el 2,1% de los de Sumar ahora apoyarán a Vox, según el último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO, realizado tras el accidente de Urda.Apoyo obrero. Vox ya obtiene más votos entre la clase media-baja (20,4%) que en la media (18%) y en la media-alta (19,4%).Parla, filón de Vox. En las generales de 2023, quedó en tercera posición, con un 16,82% de votos. El 29-N aspira a 'robar' apoyos a PP y PSOE.