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Sexo, política y escándalos: la historia jamás contada de la revista 'Interviú'

Resumen

Incómoda, ingobernable, inclasificable, insolente, insumisa, ingeniosa, intrusa, indecente, influyente… interviú. Resulta difícil encontrar una cabecera impresa que se pueda definir con todos y cada uno de estos atributos. O eso al menos asegura el periodista Alberto Gayo, que estos días publica un libro ( Interviú es el demonio ... ) que disecciona el auge y la caída de la revista que escandalizó y cambió a España.

Incómoda, ingobernable, inclasificable, insolente, insumisa, ingeniosa, intrusa, indecente, influyente… interviú. Resulta difícil encontrar una cabecera impresa que se pueda definir con todos y cada uno de estos atributos. O eso al menos asegura el periodista Alberto Gayo, que estos días publica un libro ( Interviú es el demonio ... ) que disecciona el auge y la caída de la revista que escandalizó y cambió a España. Corría mayo del 76, apenas seis meses después de la muerte de Franco , cuando salió el primer número de una revista que llenaba sus páginas con reportajes de interés social, entrevistas a personajes del poder y la cultura popular, fotos de impacto, crónica política, sucesos, opiniones, humor gráfico y desnudos femeninos. «'Interviú' se fue ganando al lector de clase media, 'de la baja, la media y la alta' clase media», apunta en el libro el autor, quien añade que, en 1976, la ciudadanía reclamaba apertura y libertad, y el semanario fue capaz de responder en cada momento a su curiosidad e inquietudes. «Para ello, optó por no subir al torreón de la intelectualidad elitista y adosarse al español corriente. Y en esa posición, ejerció de psicoanalista de una España que decía adiós a cuarenta años de nacionalcatolicismo y represión. En el diván del quiosco, 'Interviú' y sus lectores se quitaron juntos el sentimiento de culpa. O eso intentaron».Durante 41 años y ocho meses, la revista acudió cada semana a su encuentro con los lectores. En total fueron 2177 números, decenas de suplementos y especiales, con toneladas de reportajes de denuncia pioneros en la reivindicación de la memoria democrática de exiliados y vencidos, la visibilidad del colectivo LGTBI o la defensa de la libertad de expresión y sexual. Claro que precisamente esto le valió ataques furibundos e intentos de censura por parte de fascistas, católicos moralizantes y grupos de poder, que no dudaron en calificarla como el mismísimo 'demonio'.Noticia relacionada general No No Omar Montes espera un bebé con otra mujer seis meses después de ser padre con su pareja Marina Ortiz CortésPortadas incómodas «Varios números fueron secuestrados judicialmente», señala Gayo. «El primero fue uno que salió en las navidades del 76 y que contenía un reportaje de José Luis de Vilallonga sobre el dinero de la familia Franco. También hay historias curiosas como esa que sucedió en los noventa, cuando un concejal de Cádiz algo mojigato conminó a los quiosqueros de la ciudad a no poner la revista en primera fila de sus kioscos, porque le molestaba. Y en 2006, en Calatayud, militantes del PP se dedicaron a comprar todos los ejemplares de un número en el que se denunciaba el supuesto acoso al que el alcalde había sometido a una concejal de su partido».Otro grandísimo puntal de la revista fueron sus posados. De hecho, por su portada desfilaron mujeres de toda circunstancia, fama y orientación. El primer desnudo integral de la revista lo protagonizó Marisol/Pepa Flores en el 76, con unas fotos que fueron tomadas seis años antes para la promoción cinematográfica de la actriz en Europa y se publicaron sin su consentimiento. De ese número se vendieron medio millón de ejemplares. También fueron un rotundo éxito aquella portada de Marta Sánchez del 91 (al parecer aceptó ser retratada sin ropa a cambio de que no publicaran un robado con su pareja), la de una Sara Montiel empoderada que se atrevió a enseñar los pechos cuando se aproximaba a los cincuenta, o el topless piscinero de Lola Flores, que llegó a un pacto con el equipo de la revista para dejarse robar un desnudo (según uno de sus directores, Interviú acordó pagarle seis millones de pesetas mediante un contrato que reconociera «el derecho al pataleo» de la jerezana, para que esta pudiera contarle a todos «la canallada que le habían hecho».«Terelu Campos fue quien más vendió en la última etapa de la revista. Como casi todas las famosas, tuvo un buen caché»Gayo, que ejerció de reportero en la revista entre 1998 y 2018, ha evitado entrar en los históricos jaleos entre sus jefes y famosas como Mar Flores, Elsa Pataky y Marta Chávarri, quienes demandaron con éxito al semanario por publicar imágenes íntimas suyas sin autorización, puesto que desconoce los detalles de esos casos y además considera que ya huelen a pescado congelado. Sin embargo, sí habla con emoción y cariño de los reportajes que preparó junto a estrellas como Bimba Bosé o Najwa Nimri, que actuaron de manera cercana y profesional. Y también rememora el exitazo que tuvo aquella portada de 2011 protagonizada por Terelu Campos. «Ella fue quien más vendió en la última etapa de la revista. Como casi todas las famosas, tuvo un buen caché. También lo tuvieron Alaska, con ese homenaje a sus portadas favoritas, y Olvido Hormigos, que se hizo dos portadas para vengarse de toda esa hipocresía social que se vio en su caso. Aunque en realidad no todas las portadas se pagaban. Había gente que salía por puro interés en posar para la revista, por conseguir más fama, por el deseo de sentirse guapa o por mandar con ello un mensaje a quien fuese».Interviú es el demonio incluye curiosidades que pocos conocen, como que en los años de la transición a la democracia también existió un interviú para mujeres y un interviú mexicano. Claro que ninguno de estos proyectos llegó a cuajar. Lo que sí fue muy bien recibido por el público es 'En carne viva', aquella sección que Encarna Sánchez coordinó en los ochenta y en la que familiares de personas con enfermedades raras y terribles escribían a la revista para contar su caso. «De entre las cartas recibidas, Encarna seleccionaba aquellas que más le interesaban y escribía un reportaje», apunta el autor. «Al final de cada uno de esos reportajes se anunciaba siempre que 'Interviú' donaba veinticinco mil pesetas de la época para ayudar a esa persona enferma» (la locutora llegó a entablar una gran amistad con Antonio Asensio, fundador del semanario, quien luego, durante sus años de amistad con Isabe Pantoja, le sacaría de algún que otro apuro).«Al final de cada uno de los reportajes de Encarna Sánchez se anunciaba siempre que 'Interviú' donaba veinticinco mil pesetas de la época para ayudar a esa persona enferma»Cabe recordar que la revista cerró en febrero de 2018, según apuntó entonces el grupo que la editaba, porque ya no les era posible seguir sosteniendo durante más tiempo las «importantes pérdidas» que generaba. «Es verdad que la profesión periodística apenas mostró afecto en su final, quizá el descuido tenía su razón de ser, los periodistas de 'Interviú' nunca fueron en exceso corporativos, sentían un poco de repelús por los despachos y las asociaciones», apostilla Gayo. «Lo suyo era estar todo el santo día en la calle, eran 'fanáticos del periodismo', que decía Raúl del Pozo. También contribuyó que los desnudos de portada ya no tenían mucho sentido, las redes sociales y las plataformas de suscripción eran los nuevos espacios de exhibición; las mujeres, y también los hombres, ya no necesitaban intermediarios para enseñar piel entre paisajes exóticos y café de barista. Al final, entre todos dejamos morir a 'Interviú'. Quizá fue lo mejor».