Houston tiene un problema: "Si sale humo negro, peligro; si es amarillo..."
Resumen¿No notas ese olor?" Juan Flores lleva toda la vida respirando el aire de Manchester, el barrio más contaminado de Houston y uno de los 'puntos negros' de Estados Unidos. Nos detiene en mitad de la calle y señala hacia una imponente fábrica que se alza a pocos metros de una barriada. Depende del día, huele de una manera u otra", nos dice. "Te faltan años de vivir en el barrio", explica con sorna Flores mientras continúa guiándonos en este particular 'Toxic Tour'.
"¿Lo hueles? ¿No notas ese olor?" Juan Flores lleva toda la vida respirando el aire de Manchester, el barrio más contaminado de Houston y uno de los 'puntos negros' de Estados Unidos. Nos detiene en mitad de la calle y señala hacia una imponente fábrica que se alza a pocos metros de una barriada. "El aire está especialmente feo hoy. Depende del día, huele de una manera u otra", nos dice. Nosotros no olemos nada en especial. "Te faltan años de vivir en el barrio", explica con sorna Flores mientras continúa guiándonos en este particular 'Toxic Tour'. Un conglomerado de casas se despierta con petroquímicas de fondo, resistiendo como pueden a apenas 13 kilómetros del NRG Stadium, donde en pocas horas Brasil y sus estrellas se medirán a Japón en dieciseisavos de final del Mundial 2026. "Mi padre falleció con apenas 51 años después de trabajar toda la vida en una petroquímica", dice Flores. Ahora, nuestro guía tiene 48 años y ya le han detectado un incipiente caso de mieloma múltiple. ¿El diagnóstico que le dio el oncólogo? "Exposición prolongada al benceno en el aire de esta zona, donde he vivido toda mi vida", explica. Su hija nació con un tumor maligno en un riñón que requirió cirugías y quimioterapia. Bienvenidos a una de las zonas más contaminadas de todo Estados Unidos. ¿La razón de toda esta contaminación? El canal de navegación de Houston, que se extiende a lo largo de 84 kilómetros y concentra más de 600 instalaciones industriales. Es el complejo petroquímico más grande de América. Es también el patio trasero donde viven decenas de miles de personas. Los números que revelan la magnitud de la crisis sanitaria en el barrio de Manchester resultan devastadores. Un estudio del Departamento de Servicios de Salud del Estado de Texas, que analizó el periodo comprendido entre 2013 y 2021 en esta zona, encontró 304 casos de leucemia donde los modelos epidemiológicos esperaban 97. Un exceso del 213%. El cáncer de pulmón superó las previsiones en un 17%. El de cuello uterino, en un 18%. Y los niños que crecen a menos de 3,2 kilómetros del canal tienen un 56% más de probabilidades de desarrollar leucemia que los que viven a más de 16 kilómetros de distancia. Como se puede imaginar uno, "aquí sólo vive el que no tiene remedio. Las rentas de alquiler están por 700 dólares, mucho más bajas que en otros lugares de la ciudad", nos confirma Juan Flores. Esto ha convertido la zona en una residencia para minorías pobres. El resto, se ha ido. Menos Juan Flores. "Cuando yo era niño, aquí era todo casas. Pero ya las casas no existen, se han ido todos. Las empresas han ido comprando todo porque es más fácil para ellos. Si algo pasa, no hay gente aquí, es mejor para ellos. Yo, en cambio, no me voy. Nací aquí y estaba antes que todas esas fábricas. ¿Por qué tengo que ser yo el que se vaya?", reflexiona mientras seguimos paseando por el barrio. El principal culpable de toda la contaminación tiene nombre: benceno. Un compuesto orgánico volátil que sale de las refinerías y que está vinculado directamente a la leucemia y al daño en la médula ósea. Pero no está solo. La concentración de 1,3-butadieno, un carcinógeno, alcanza en Manchester niveles 174 veces superiores a los registrados en barrios prósperos de la misma ciudad. Ciento setenta y cuatro veces. "La gente no se preocupa tanto porque si no se ve, parece que no está aquí", reflexiona Flores. "Pero sí, toda esa contaminación química esta aquí, en el aire, sólo que es más difícil de ver". Y los días en que sí se ve, Juan lo sabe interpretar como nadie. "Si sale el humo negro es peligroso", nos explica señalando las chimeneas de las petroquímicas. "Si se ve amarillo es más peligroso todavía. Si uno se entrena, puede saber sólo viendo los humos", cuenta con la normalidad de quien ha vivido 'entrenándose' para saber qué tipo de aire está respirando. Entonces Juan Flores se detiene. "Te voy a contar una cosa. ¿Sabes que en Houston no hay montañas? Es todo plano. Dime, ¿por qué crees que hay allí un montículo que se extiende por el horizonte, como una loma?". Obviamente, desconocemos la respuesta. "Es tierra excavada del fondo del canal de navegación, tierra contaminada que el puerto saca periódicamente para que los barcos puedan seguir cruzando. Ha ido creciendo con los años. Antes podías mirar para allá y se miraba todo Houston, el centro...", dice. "Ahora ya no se ve nada porque ya ha crecido tanto que nos tapa el horizonte", concluye. Y al lado, el campo de béisbol de los Galena Park Yellowjackets, el equipo del instituto local donde estudió el propio Flores en su juventud. Además, Flores nos cuenta que ha tenido diversos percances a lo largo de su vida con incidentes relacionados con las fábricas que han rodeado su existencia. "Creo que he vivido unas... tres explosiones de fábricas. O cuatro. Y, lógicamente, cuando hay una explosión, los residuos contaminantes salen al aire. O cuando pasó el huracán Harvey en 2017 y reventó una tapa de seguridad de un tanque de combustible de una fábrica... y siempre vivimos con el miedo de que pueda explotar uno de los cientos de gasoductos y oleoductos sobre los que ahora mismo estamos andando", cuenta Flores. Su normalización de esta situación nunca deja de asombrarnos en todo el recorrido del 'Toxic Tour'. El Mundial 2026 será el torneo más contaminante de la historia, con más de 9 millones de toneladas de CO2 equivalente emitidas principalmente por los vuelos intercontinentales que exige un campeonato con 48 selecciones nacionales repartidas por tres continentes. Abrir y operar el estadio de Houston para un solo partido consume la energía equivalente a la de 82 hogares de la ciudad durante un mes entero. Y uno de los principales patrocinadores del Mundial es Saudi Aramco, la corporación de combustibles fósiles más contaminante del planeta. Pero al menos, la entidad de Infantino quiere dejar su legado en Houston. Juan Flores nos cuenta que la FIFA, en colaboración con el Comité anfitrión de Houston y Air Alliance, instaló una red permanente de 17 monitores del aire de alta precisión distribuidos por el barrio. "El proyecto costó 200.000 dólares y gracias a la ayuda de FIFA ese dinero sirvió para hacer esa red que va a quedar aquí después de que se vayan ellos. Todo va a quedar aquí por muchos años más. Nos ayudó mucho", reconoce Flores con esperanza. A 13 kilómetros de toda esta zona cero de la contaminación en Houston, las estrellas de Ancelotti se juegan el futuro en el Mundial. Juan, aficionado al fútbol, lo verá por la televisión. Su futuro está ligado a su incipiente mieloma múltiple, a unos riñones que funcionan al 58% y a un aire que lleva décadas entrando a sus pulmones. Pero antes de irnos, Flores nos señala un monitor de aire junto a las canchas de béisbol del barrio. "Este monitor ha 'cazado' uno de los niveles más altos de polución en todo Houston. Lo puse yo mismo", dice, con orgullo. No es el orgullo de quien gana, ni del que avanza a octavos de final, sino el de quien, al menos, ya sabe contra qué está peleando.