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ABC ·

La frontera

Resumen

Es el lugar al que se llega, pero no necesariamente aquel que permite la entrada. Para Kafka es el umbral impenetrable, el límite definitivo entre un individuo que quiere entrar y el poder que se lo impide, tal como le ocurre a 'K', el protagonista ... de 'El Castillo', esa novela en la que un hombre intenta acceder a las misteriosas autoridades de una fortaleza y establecerse en una aldea en la que es percibido y tratado como forastero. Para Albert Camus, la frontera no es una línea física, sino aquella que separa a las personas.

Es el lugar al que se llega, pero no necesariamente aquel que permite la entrada. Para Kafka es el umbral impenetrable, el límite definitivo entre un individuo que quiere entrar y el poder que se lo impide, tal como le ocurre a 'K', el protagonista ... de 'El Castillo', esa novela en la que un hombre intenta acceder a las misteriosas autoridades de una fortaleza y establecerse en una aldea en la que es percibido y tratado como forastero. Para Albert Camus, la frontera no es una línea física, sino aquella que separa a las personas. Europeos y musulmanes argelinos pueden habitar el mismo territorio y encontrarse sometidos a condiciones políticas, jurídicas y económicas diferentes. Así lo dejó por escrito el Nobel en su reportaje sobre la miseria de Cabilia, publicado en 1939. Depende de cómo se mire, la frontera es la cicatriz de un mundo que ha desaparecido, por ejemplo, el Imperio austrohúngaro en 'La Marcha Radetzky' de Joseph Roth, o, lo que es mucho peor, la invención burocrática de una identidad: pasaportes, visados y permisos sometidos a constantes inspecciones. La frontera es una decisión de vida o muerte, como lo fue para Walter Bejamin en su intento de cruzar los Pirineos hacia España y Portugal para huir de la persecución antisemita. Benjamin nunca consiguió llegar a Estados Unidos, donde lo esperaba Adorno. La sola idea de ser devuelto al París invadido por la Alemania Nazi lo empujó al suicido. La frontera es también una redención para quien finalmente la cruza, o una jaula para quien ha sido marginado más allá de su trazado. En su ensayo 'Occidente secuestrado', publicado en 1983, el escritor Milan Kundera explica cómo Checoslovaquia, Polonia o Hungría, incorporados al bloque soviético, acabaron aislados del resto de Europa, precintados por completo en un mundo minúsculo y autoritario hasta crear una frontera política equivalente a la expulsión, o lo que es aún peor, al destierro cultural. Existe también la frontera que describe el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun en 'Partir', su gran novela sobre la emigración hacia España. La acción comienza en Tánger, donde Azel, un joven licenciado sin futuro, sueña con cruzar el Estrecho. Un español le ofrece llevarlo a Barcelona. En las páginas de aquel libro Jelloun muestra cómo la falta de expectativas convierte Europa en una promesa. La frontera es aquel lugar que separa y reúne, ese tercer país que forman quienes desean entrar y los que impiden el ingreso. Existe una frontera en cada rincón del mundo. En cada uno de nosotros. Todas comparten ese turbio humor que Marruecos ejerce sobre su población usándola, al mismo tiempo, como válvula de escape y herramienta de ocupación. La frontera es todo aquello que desplaza el límite del mapa al individuo.