El Madrid suelta la presa
ResumenDesde que el playoff se instauró en la Euroliga como paso previo a la Final Four, superar un 2-0 o un 0-2 es una rareza. De hecho, solo ha ocurrido una vez en 33 eliminatorias que alcanzaron ese resultado de salida. Incluso podríamos aumentarlas a 34, porque el Olympiacos no dejó pasar este martes esa oportunidad ante el Mónaco . El precedente que rompe el pleno es la remontada del Real Madrid ante el Partizán en 2023, cuando el equipo dirigido por Chus Mateo levantó un 0-2 con una épica actuación, camino de su undécima y última Copa de Europa.
Desde que el playoff se instauró en la Euroliga como paso previo a la Final Four, superar un 2-0 o un 0-2 es una rareza. Casi un imposible. De hecho, solo ha ocurrido una vez en 33 eliminatorias que alcanzaron ese resultado de salida. Incluso podríamos aumentarlas a 34, porque el Olympiacos no dejó pasar este martes esa oportunidad ante el Mónaco. El Madrid, sí. Esa excepción seguro que les suena. El precedente que rompe el pleno es la remontada del Real Madrid ante el Partizán en 2023, cuando el equipo dirigido por Chus Mateo levantó un 0-2 con una épica actuación, camino de su undécima y última Copa de Europa. El punto de inflexión, dicen, fue la monumental pelea que se montó en el Palacio al término del segundo duelo. No hará falta llegar a las manos en esta ocasión, pero los de Sergio Scariolo deberían tomar nota de sus propias gestas para saber que en el deporte no hay nada imposible, aunque a veces lo parezca. Cuando dejas pasar un tren, puedes no subirte a otro. Lo normal, en este caso, es que sí. Pero puede ocurrir. A las pruebas me remito.
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El Madrid tenía este martes encarrilado el tercer choque de su cruce ante el Hapoel de Tel Aviv, y en consecuencia el pasaporte a Atenas, cuando el marcador brindaba un 23-33 a su favor. A partir de ahí, se apagaron las luces. Primero encajó un parcial de 11-0. Luego, ya en el tercer cuarto, otro de 16-0. Y el triunfo se esfumó. Solo 48 después de su portentoso partido ante el Murcia, o quizá debido a esa cercanía o a ese subidón, Mario Hezonja se mostró inoperante. Más o menos como el otro faro, Facundo Campazzo. Todo ello sin Eddy Tavares, lesionado, en la cancha, y con uno de sus sustitutos, Usman Garuba, tocado. Estas cosas suceden en el baloncesto. Y otras peores. Por eso, no hay que soltar la presa cuando está acorralada. Por lo que pueda pasar.
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