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De escala obligatoria a Machu Picchu a destino estrella: por qué Lima es hoy la gran sorpresa de Sudamérica

Resumen

Aunque el dicho "comer como una lima" nació en los talleres de artesanía, en referencia a la herramienta que desgasta y devora las superficies con precisión implacable, bien podría acuñarse para homenajear a la capital gastronómica peruana. Sus platos, que combinan referencias ancestrales e influencias internacionales, y restaurantes tan populares como Central y Maido son un destino en sí mismos. Pero hay más maravillosas coincidencias sobre esta potencia culinaria: el próximo 4 de noviembre Lima reúne a la élite a los fogones (chefs, expertos y referentes del sector) como sede de la ceremonia de The World's 50 Best Restaurants 2026. Y, por si esto fuera poco, la revista Time Out la acaba de nombrar mejor ciudad gastronómica del mundo en reconocimiento a la diversidad, calidad y autenticidad de su oferta.

Aunque el dicho "comer como una lima" nació en los talleres de artesanía, en referencia a la herramienta que desgasta y devora las superficies con precisión implacable, bien podría acuñarse para homenajear a la capital gastronómica peruana. Sus platos, que combinan referencias ancestrales e influencias internacionales, y restaurantes tan populares como Central y Maido son un destino en sí mismos. Pero hay más maravillosas coincidencias sobre esta potencia culinaria: el próximo 4 de noviembre Lima reúne a la élite a los fogones (chefs, expertos y referentes del sector) como sede de la ceremonia de The World's 50 Best Restaurants 2026. La primera vez del evento en Sudamérica. Y, por si esto fuera poco, la revista Time Out la acaba de nombrar mejor ciudad gastronómica del mundo en reconocimiento a la diversidad, calidad y autenticidad de su oferta. Por delante de las deliciosas Bangkok y Ciudad de México. "Hay turistas que se quedan cerca del mes y suben tres kilos. Las raciones son generosas y está mal visto dejar restos en el plato, lo notarán en las caras de los meseros", cuenta entre risas el guía local Marco Polo Amasifuén, que anima a dejar atrás la carbofobia, pues todo se suele acompañar de hidratos como la papa y el arroz. Sí, Lima está para comérsela como una lima -volviendo al juego de palabras- pero hay más razones para visitarla. Y no solo como ciudad puente al increíble Machu Picchu o a la selva amazónica. Merece la pena detenerse (y quedarse) en su trío de ases. Miraflores es la vida en la calle mirando al mar; San Isidro se refugia en el lujo discreto de sus parques y embajadas, y Barranco respira arte, fiesta y nostalgia entre sus casonas republicanas. Qué ver en el Centro Histórico Tesoros prehispánicos entre buganvillas: la colección de arte ancestral más deslumbrante de Lima, en el Museo Larco.PROMPERÚ Empecemos por el corazón fundacional de la urbe, que late en su centro histórico. La Plaza Mayor o de Armas, trazada por Francisco Pizarro en 1535, sigue flanqueada por sus instituciones icónicas: la Catedral, el Palacio Arzobispal y el Palacio de Gobierno, con sus imponentes balcones de madera tallada y un cambio de guardia al mediodía que detiene el tráfico y atrae todas las cámaras. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988, el casco antiguo se recorre a pie entre fachadas coloniales, iglesias barrocas y conventos con catacumbas. Para salir de las cafeterías de especialidad -esas modélicas y ya casi indistinguibles que han colonizado cada ciudad del mundo-, una de las paradas más peculiares en Lima propone una lección de sensorialidad andina que desmonta cualquier mito sobre la bebida nacional. Entre el murmullo de los baristas y el aroma penetrante del tueste fresco, el viajero recorre la alquimia que transforma el grano peruano, desde las notas amontilladas y silvestres del beneficio natural de Cajamarca hasta la dulzura acaramelada del Black Honey. Hay pequeños locales o tiendas gourmet que reservan su pieza más singular para los más curiosos: el café mishasho, un elixir de acidez aterciopelada y matices afrutados cuyo secreto no está en la tostadora, sino en la digestión artesanal de un coatí de la selva central. Sí, son heces -así, sin subterfugios-, pero el mercado internacional las paga a precio de joya: hasta 1.400 dólares el kilo, lo que convierte cada taza en uno de los cafés más caros. Si esta excentricidad no le ha restado apetito, también hay que ir a Casa Tambo, restaurante en una casona centenaria, reliquia histórica para transportarse a las épocas más emblemáticas de la historia peruana, con sus típicos ají de gallina, causa limeña o ceviches variados en gigantescos salones salpicados de espejos. El Parque del Amor y el Museo Larco La escultura que preside el Parque del Amor, del peruano Víctor Delfín, que mide 12x3 metros, es un enclave privilegiado para ver el atardecer.CRISTINA GALAFATE Ya al atardecer, el rincón más romántico para contemplar la puesta de sol es el Parque del Amor. No en vano, se inauguró un Día de San Valentín, en 1993. Presidido por una escultura monumental de dos enamorados besándose -obra del reconocido artista peruano Víctor Delfín y de 12 metros de largo por tres de alto-, en su día se consideró provocadora y hoy es todo un símbolo. Sus bancos, decorados con mosaicos coloridos que a más de uno le recordarán al Parque Güell de Barcelona, invitan a sentarse frente al Malecón Cisneros, al borde del acantilado de la Costa Verde, y a dejar pasar el rato con el océano Pacífico de fondo y los parapentes planeando sobre los acantilados. "Es casi un ritual para las parejas que se casan en Lima acercarse hasta el parque con sus trajes de boda para tomarse las fotos del recuerdo con el mar y la escultura de fondo", revela Amasifuén, quien también comparte los concursos del beso más largo. No revelamos ningún secreto con otro de los imprescindibles en cualquier guía: el Museo Larco. Alberga una colección de más de 45.000 piezas que abarcan 5.000 años de historia del Perú prehispánico. Emplazado en una casona virreinal construida sobre una pirámide del siglo VII, entre buganvillas en flor, este rincón de Pueblo Libre cautiva al viajero rompiendo todas las reglas del juego museístico. Sus depósitos están completamente abiertos al público para curiosear a pie de estantería entre miles de vasijas de cerámica de las culturas moche y chimú, salas deslumbrantes bañadas en oro, su célebre y desenfadada galería de arte erótico ancestral y un restaurante en la terraza que tienta con alta cocina peruana entre coloridos jardines. Cena con historia en Huaca Pucllana El Pacífico a los pies y el cielo salpicado de parapentes al atardecer, una de las estampas de Miraflores.PROMPERÚ Para seguir con la temática proponemos una cena con más de 1.500 años de historia en el Restaurante Huaca Pucllana. Aunque se puede almorzar durante el día, la terraza es mucho más impactante al caer la noche: una gran pirámide escalonada de adobes se ilumina por completo, creando un fondo de escenario único. Sirve cocina peruana criolla de estilo contemporáneo (platos clásicos interpretados con técnicas modernas). Y lo singular es degustarlos al pie del conjunto arqueológico. La ruta gastronómica más genuina, sin embargo, arranca más temprano, con un desayuno sureño: "Sándwich de chicharrón, cebolla morada, ají y tamal, escoltado por un café negro y un jugo de papaya", describe la local Camila Flores, quien también aconseja el pan con pejerrey, el bocadillo de pescadito frito que nunca falla. Para refrescarlo, una Cusqueña o una Pilsen Callao bien helada -esta última, "la primera cerveza del país, nacida en el puerto en 1863", dice-. Y de remate, picarones bañados en miel de chancaca, si el estómago aguanta. Todo sin prisas, en los huariques donde come la gente: "La mejor forma de entender Lima es a mordiscos", insiste. Barranco y Callao: del surf al arte urbano Los coloridos murales que decoran la urbe, donde uno de los atractivos para turistas son las clases particulares de grafiti.PROMPERÚ Esa bacanal de sabores exige poner el cuerpo en movimiento. Y en playas míticas como Makaha o La Pampilla no hace falta ser un profesional del surf para alquilar una tabla y desafiar el ímpetu del mar limeño. Cuando la adrenalina baja y la brisa marina empieza a refrescar el ambiente, el camino invita a bordear la costa hasta desembocar en Barranco, donde la aventura deja de ser física para volverse estética. Es el momento de saltar de la tabla al lienzo: cruzar el Puente de los Suspiros, perderse entre galerías de arte independientes, murales de arte urbano de rabiosos colores y casonas centenarias. Aquí es posible retratarse con Condorito, la icónica creación del dibujante chileno Pepo, o la Mafalda de Quino donada por la Embajada Argentina. Multiculturalidad en estado puro en el distrito hípster por excelencia, que ha evolucionado de tranquilo balneario para la aristocracia limeña al epicentro cultural y nocturno de la capital. Sargento Pimienta es la sala obligada para bailar hasta la madrugada o quedarse embobado con el talento latino para mover las caderas. Pese a la fama bohemia, de rock y de peñas criollas, en los últimos años la cumbia se ha adueñado del alma fiestera del barrio, atrayendo a una mezcla única de viajeros y lugareños. Pero si Barranco es la elegancia, la verdadera prueba de que el arte puede resucitar a toda una comunidad está unos kilómetros más al norte, al cruzar el límite imaginario que separa a Lima de la provincia constitucional de Callao. "Un barrio hostil sepultado por la violencia se ha regenerado desde sus entrañas gracias al empuje de los propios vecinos, quienes cambiaron el destino de sus calles a golpe de pincel y ritmo tropical", cuentan los responsables del histórico Pasaje Gálvez, que cobra vida bajo un techo de cintas de colores. Allí el asfalto se convierte en una pista de baile improvisada en el graffiteado Pasaje de la salsa. Lima demuestra que no se visita de pasada: se saborea, camina y danza hasta conquistar a cualquiera (y no solo por el estómago). GUÍA PRÁCTICA DORMIR:Hilton Garden Inn Lima Miraflores. Moderno y luminoso, situado en el malecón, con impresionantes vistas al océano Pacífico y a pocos pasos del Parque del Amor y del centro comercial Larcomar. Cuenta con piscina en la azotea, gimnasio y un ambiente actual y acogedor. Su restaurante y el bar del vestíbulo ofrecen gastronomía local y cócteles. Uno de los coloridos murales que decoran la urbe, donde uno de los atractivos son las clases particulares de graffiti.PROMPERÚ COMER: De la elegante cocina de autor de Rafael a los vanguardistas bocados de Lady Bee servidos con cócteles. O Kjolle, de la mejor chef del mundo en 2021: Pía León, una parada obligatoria para redondear la experiencia culinaria en la capital peruana. Puedes seguir a El Mundo Viajes en Facebook, X e Instagram y suscribirte a nuestra newsletter aquí.