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Esta es la fuerza oculta que construyó de verdad las pirámides de Egipto

Resumen

Preparar una entrevista con la doctora Victoria Bateman es muy tenso. Busquen en Google su nombre y entenderán el porqué; pero háganlo lejos de mirones. En 2016, esta historiadora económica acudió a una reunión de la universidad de Cambridge... Solo la vestía un lema que se había pintarrajeado sobre el cuerpo: «El Brexit deja Gran Bretaña al desnudo».

Su leyenda la persigue. Preparar una entrevista con la doctora Victoria Bateman es muy tenso. Busquen en Google su nombre y entenderán el porqué; pero háganlo lejos de mirones. En 2016, esta historiadora económica acudió a una reunión de la universidad de Cambridge... ¡completamente ... desnuda! Solo la vestía un lema que se había pintarrajeado sobre el cuerpo: «El Brexit deja Gran Bretaña al desnudo». Le debió de enganchar aquella protesta porque, desde entonces, se ha paseado de esta guisa por televisiones, periódicos y estrados. Así que hoy, cuando ABC la cita en una cafetería de la capital para preguntarle por su nuevo ensayo –' Económica ' (Ático de los libros), una reivindicación de la mujer desde el Paleolítico–, la preocupación no es qué preguntar, sino dónde diablos mirar. Pero el espectáculo se resiente. Esta mañana, la autora se presenta sonriente, con su característico moño que le recoge el pelo plateado… y vestida con una blusa ligera color crudo y una falda azul. Todo se siente normal: Bateman hace incluso una pequeña reverencia para presentarse, cual fina damisela inglesa del siglo XIX. La tensión, eso sí, no desaparece del todo. Uno se queda como el espectador que aguarda el susto de la película de terror; como si algo fuese a pasar en cualquier momento.–Casi sorprende verla vestida, señora Bateman.–[ Ríe ] A veces me preguntan por qué me desnudo, y siempre respondo lo mismo: ¿por qué no hacerlo?Noticia relacionada general No No La verdadera causa de la decadencia de Esparta: «Sus guerreros dejaron de ser temidos» Manuel P. VillatoroUna pregunta basta para que se arranque a hablar del elefante en la habitación. La primera frase es para corregirnos: su relación con el desnudo, dice, se remonta a 2014, cuando el artista Anthony Connelly la pintó sin ropa en la facultad. No se puede acertar siempre. Aunque sí admite que saltó a la fama tras aquella reunión después de que el Brexit asomara la patita al otro lado del canal: «Debía protestar. Ahora, Gran Bretaña se ha aislado en un momento en el que necesita estar unida al resto de Europa para contrarrestar el poder de los Estados Unidos». A veces, añade, toca «golpear con algo a la sociedad para que el mensaje se oiga».Pero no todo es Brexit; en el discurso de Bateman –su «activismo desnudo», como ella misma lo define– late un feminismo lacerante. Uno de sus objetivos es demostrar que muchas sociedades asocian el respeto a la mujer con cuánto cubre su cuerpo. Ella rechaza esa máxima y sostiene que el valor y la dignidad no deberían depender de cómo se viste. Habla rápido y gesticula mucho. « Pete Hegseth , que está en el Departamento de Defensa de los EE.UU., cree que todas las que mostramos la piel somos rameras y pecadoras». De repente, ocurre lo que parecía inevitable: la autora se levanta con ímpetu la blusa para señalar esa piel de la que habla. Y no, no hay camiseta interior.Económica Editorial Desperta Ferro Páginas 504 Precio 29,95–¿Qué opina del feminismo español?–Bueno… El Partido Socialista mantiene que hay que eliminar los derechos de las trabajadoras sexuales. Yo defiendo que deberíamos ser libres para monetizar nuestro cerebro y nuestro cuerpo, y que en ambos casos deberíamos tener los mismos derechos.–¿Y de la relación de la izquierda con el feminismo?–La izquierda ha monopolizado el feminismo. No tiene sentido porque el mensaje feminista encaja con el libre mercado y la libertad empresarial. Estoy convencida de que la mejor forma de que la economía consiga el máximo de cada individuo es que este sea libre para tomar sus propias decisiones.Desde la Edad de PiedraEn su nuevo ensayo, Bateman lucha contra esta y otras tantas mentiras. Desde la que afirma que las mujeres nunca han trabajado –«uno de los mayores mitos de la historia de la humanidad es que siempre han sido amas de casa»–, hasta la máxima de que no han contribuido en el desarrollo de las sociedades. «En la Edad de Piedra, en América, el 40% de los cazadores de grandes presas tenían género femenino. Y, en la Edad del Bronce, estaban a cargo de la producción de los tejidos, determinantes para el comercio. De hecho, fueron el primer dinero a escala global», señala. Está lanzada la experta, aunque se detiene un segundo para regalar una clave: «En la historia, ni los hombres han sido más que las mujeres, ni viceversa».Otro tanto sucedió en el Antiguo Egipto . «Siempre hemos pensado que fueron los hombres los que construyeron las pirámides, pero hay evidencias de que había una infinidad de mujeres elaborando mortero, tejiendo, cocinando…», señala. Una de las claves, recalca, se halla en el cementerio de trabajadores de la Gran Pirámide de Guiza : «Los arqueólogos han demostrado que la mitad de los restos son femeninos. Es cierto: no levantaban piedras, pero su labor era igual de importante».«En la historia, ni los hombres han sido más que las mujeres, ni viceversa» Victoria BatemanEn la Grecia clásica, afirma, el género femenino tuvo una importancia similar. Y también en Roma. Al menos, hasta que Augusto «lanzó un ataque contra las mujeres trabajadoras» que cambió para siempre el destino del imperio. En palabras de Bateman, el emperador las obligó a golpe de leyes a recluirse en el hogar para tener más hijos y evitar que la Ciudad Eterna fuese repoblada por extranjeros. «Hasta entonces eran determinantes. En el libro hablo de una familia de mujeres que comerciaba con aceite de oliva y vino español», explica. Y así, hasta el Imperio español o la Revolución Industrial. «Nos olvidamos, pero en las minas escocesas y galesas, el 30% de la fuerza de trabajo adulta era femenina», finaliza.Y así termina una entrevista peculiar a una economista a caballo entre el liberalismo y la 'performance' punk. Una mezcla casi tan extravagante como la propia Bateman.