La ruta por este río gaditano que acaba en una cascada incluye molinos, un puente medieval o plantas desaparecidas en el resto de Europa
ResumenEl sendero del río de la Miel es una ruta del Parque Natural de los Alcornocales, en la provincia de Cádiz, muy agradecida por los amantes del senderismo. Este camino lineal, con una distancia de unos dos kilómetros y unos 50 minutos de duración, discurre en paralelo al cauce fluvial bajo una densa bóveda de vegetación. El recorrido oficial parte desde la barriada de El Cobre, en el término municipal de Algeciras, y se adentra de forma progresiva en un valle encajonado y profundo. Aquí la humedad y el clima suave propician una exuberante selva mediterránea que evoca los bosques que cubrían Europa hace millones de años.
El sendero del río de la Miel es una ruta del Parque Natural de los Alcornocales, en la provincia de Cádiz, muy agradecida por los amantes del senderismo. Este camino lineal, con una distancia de unos dos kilómetros y unos 50 minutos de duración, discurre en paralelo al cauce fluvial bajo una densa bóveda de vegetación. El recorrido oficial parte desde la barriada de El Cobre, en el término municipal de Algeciras, y se adentra de forma progresiva en un valle encajonado y profundo. Aquí la humedad y el clima suave propician una exuberante selva mediterránea que evoca los bosques que cubrían Europa hace millones de años. A lo largo del trayecto, el rumor del agua y el frescor del bosque de galería acompañan fielmente al caminante hacia una recompensa final inolvidable. El recorrido comienza cruzando una pista forestal cerrada al tráfico de vehículos, donde se aprecian huertas y cortijadas tradicionales antes de sumergirse de lleno en la espesura forestal. Entre la vegetación típica mediterránea de brezos y aulagas, destacan los majestuosos alcornoques centenarios, cuyos troncos desnudos revelan la práctica ancestral de la pela para la obtención de corcho. Al aproximarse a la ribera, asoman los alisos, árboles característicos de la zona cuyas raíces poco profundas asoman por el terreno y se asocian con bacterias que enriquecen el suelo. Estos alisos destacan por sus hojas de un verde intenso, que son pegajosas en primavera, y por sus curiosos frutos con forma de piñas que permanecen colgados largo tiempo en sus ramas. La notable abundancia de caudal y la fuerza constante de la corriente motivaron en el pasado la construcción de numerosos molinos harineros hidráulicos a lo largo de este estrecho cauce. Entre estos ingenios destaca el molino de Escalona, que se mantiene hoy como el único en activo de la decena que existían en la zona para moler el grano con sus pesadas muelas de piedra. La ruta también revela las ruinas del molino del Águila, cuyos viejos muros de piedra están siendo progresivamente colonizados por la exuberante vegetación circundante. En este llano de naranjos y limoneros, la molienda hidráulica se complementaba con el cultivo tradicional, un testimonio histórico del sabio aprovechamiento de esta energía limpia y renovable. Pocos metros después de superar el molino de Escalona, el sendero regala uno de sus elementos patrimoniales más espectaculares: un estrecho puente de piedra de estilo medieval y acusada pendiente. Esta sólida estructura de sillería constituyó en la antigüedad un paso obligado para caminantes y caballerías que se desplazaban entre la activa bahía de Algeciras y las tierras de Medina Sidonia o la bahía de Cádiz. En torno a este histórico paso y a la umbría de los bosques de galería se tejieron leyendas populares sobre contrabandistas y bandoleros que aprovechaban la espesura forestal para perpetrar asaltos y burlar a la justicia. Cruzar este puente de piedra medieval sumerge de lleno al viajero en el tramo más sombrío, húmedo y mágico de toda la aliseda gaditana. La densa bóveda vegetal de plantas trepadoras que se enredan en los troncos buscando la luz crea un microclima excepcional, caracterizado por una humedad constante durante todo el año. Este singular bosque ha servido como refugio ecológico para la supervivencia de especies reliquias del pasado que ya han desaparecido del resto del continente europeo. El ejemplo más destacado es el rododendro u ojaranzo, un arbusto prehistórico de llamativa floración que crece junto a acebos, helechos gigantes, laureles, avellanillos y durillos en estas umbrías gargantas angostas. La joya del corzo andaluz Toda esta exuberante riqueza botánica convierte a la senda del río de la Miel en una joya científica que transporta al visitante a la selva tropical de hace millones de años. En las proximidades de la ribera, el caminante se topa con la Fuente de las niñas, un idílico manantial de agua fresca sin clorar que brota directamente de la roca y fluye durante todo el año. En este sombrío entorno, rodeado de rododendros y acebos, es posible percibir la extraordinaria biodiversidad que acoge el Parque Natural de los Alcornocales. Si se observa con paciencia el cielo abierto sobre el Cerro de las Esclarecidas Bajas, se puede contemplar el planeo de grandes aves rapaces como el águila culebrera o los buitres leonados. Asimismo, la espesura salvaje de estos canutos sirve de refugio idóneo a una fauna terrestre excepcional, donde conviven las nutrias europeas en el cauce, los meloncillos ibéricos y el singular corzo andaluz, una verdadera joya evolutiva de este espacio protegido. La senda culmina en la hermosa cascada de La Chorrera, un imponente salto de agua de cinco metros de altura que vierte su caudal en una poza de aguas de un color azul verdoso o turquesa. Aquellos excursionistas que dispongan de la autorización especial para adentrarse en la zona de reserva del parque, pueden vadear el río y remontar la pendiente. En estos tramos superiores se descubren pozas todavía más bellas, destacando la Poza de la Cola de Caballo, donde el agua se escurre por la piedra rodeada de helechos y plantas trepadoras en un microclima puramente tropical.