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ABC ·

El suicidio aplaudido

Resumen

Cuando preguntaron a la antropóloga Margaret Mead dónde estaba el primer indicio de la civilización humana, ella respondió: en el fémur de un homínido que los paleontólogos encontraron con una soldadura. En los albores de la humanidad, un tipo que se rompía ... No podía caminar, ni cazar y su destino era la muerte. Ese fémur sanado demostraba, a juicio de Mead, que la civilización había hecho acto de presencia.

Cuando preguntaron a la antropóloga Margaret Mead dónde estaba el primer indicio de la civilización humana, ella respondió: en el fémur de un homínido que los paleontólogos encontraron con una soldadura. ¿Por qué? En los albores de la humanidad, un tipo que se rompía ... el fémur no podía correr para escapar. No podía caminar, ni cazar y su destino era la muerte. Ese fémur sanado demostraba, a juicio de Mead, que la civilización había hecho acto de presencia. Porque la civilización es evitar en grupo la muerte de un individuo biológicamente condenado. Curar a otro.Es paradójico: podemos ver también la eutanasia como un hito de esa civilización. Ahorrar tiempo de sufrimiento a quien según la ciencia no tiene posibilidad de mejora ni cura y expresa su deseo de morir con claridad, poner fin a un sufrimiento sin solución y sin sentido para un paciente en larga agonía es un acto de misericordia. Sin embargo, sabemos que la muerte es un material peligroso, y para que la eutanasia no derribe la civilización al ponerla en la cúspide, su definición tiene que ser clara. Y yo no estoy convencido de que Noelia Castillo haya recibido una «eutanasia».Un chico grita y amenaza con lanzarse desde un quinto piso. Exigimos entonces bomberos, policías y psicólogos, y que la calle se paralice y el sistema de salud rescate de las garras de la fatalidad a un crío que está a punto de hacer –así lo decimos coloquialmente– una locura. Sin embargo, al desplazarse la decisión al terreno de la eutanasia, es como si los conceptos se quedasen huecos.Eutanasia: intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura. Ideación suicida: presencia de deseos de muerte y de pensamientos persistentes de querer matarse. ¿Qué le pasaba a Noelia Castillo? El ángulo de la ideación suicida saca de los goznes el debate en torno a su derecho a morir con dignidad y lo coloca donde yo creo que ha estado desde el principio. No he oído que nadie lo plantee y eso me ha animado a escribir estas líneas.¿Fue su decisión la que la ha matado? Creo que otro comité podría haberle denegado la muerte a Noelia Castillo, como la Administración hace con muchas de nuestras peticiones. No puedo dejar de ver este caso como una extraña anomalía. Algo me empuja a pensar que no se intentaron todas las curas posibles en una chica de 25 años con depresión severa y trastorno límite de la personalidad. Comprender lo que ha pasado esta semana en España exige poner las certezas en remojo, pensar, dudar, darle vueltas. Yo respeto las motivaciones de Noelia y no doy a la vida ajena más valor del que le da su dueña. Nadie salvo ella vivía dentro de esa cabeza. Nadie salvo ella experimentaba ese dolor. Pero no me lo quito de la mente: el Estado dio muerte a una joven con ideaciones suicidas. Noelia había intentado matarse antes. Este no es un detalle vulgar, pues este caso ha sentado un precedente muy extraño. Cómo vamos a hablar a los jóvenes depresivos de 25 años que traigan ideaciones suicidas después de este caso. Eso es lo que me pregunto. No dejo de preguntármelo.Noelia Castillo se había tirado de un quinto piso en 2021. Dicen que la empujó a esto una agresión sexual, o varias, pero no estoy convencido de que la causa esté tan clara, porque su vida se había torcido desde la infancia más temprana. Parece que tuvo una familia negligente. El Estado se arrogó su tutela y no enderezó nada: todo empeoró para ella. Tras pasar por psiquiátricos y un centro de menores y experimentar las fallas de un sistema que habla de los cuidados en el papel más que en el balance de la dotación presupuestaria, Noelia Castillo tuvo su primer intento serio de suicidio. Sobrevivió, quedó lisiada, perseveró en su idea de morir y al final logró que la burocracia ético-sanitaria le diera la razón. Así que el mismo Estado que había fallado en la curación de una paciente psiquiátrica con sufrimiento severo y persistente le entregaba una muerte por inyección, según su deseo expreso.Por eso vuelvo a lo de antes: qué esperamos que haga el Estado si una joven de 25 años se sube al balcón y amenaza con tirarse. Qué esperamos que haga el Estado si alguien comenta en el trabajo que se va a matar mañana. Qué esperamos de los demás ante los discursos contundentes de un suicida.Algo me rechina y me marea en el caso de Noelia Castillo. Porque, si ella hubiera logrado darse muerte con sus propias manos en 2021, el debate habría sido otro. Se hablaría de fracaso colectivo. En España hay más de cuatro mil suicidios cada año y hablamos de un fracaso colectivo. Si ella hubiera sido un dígito en esa magnitud, diríamos lo mismo. Pero, al entrar en juego el derecho a la eutanasia y la oposición de Abogados Cristianos, su muerte se ha planteado en términos de polarización. En eldiario.es anunciaron la muerte de una chica depresiva de 25 años con el tono épico de una victoria. Noelia había vencido en una batalla al fanatismo religioso que considera que la vida es un don de Dios. No dirían lo mismo, repito, si una joven vulnerable, pobre y enferma se mata saltando de un balcón. ¿Hemos de sustituir la retórica social de la prevención del suicidio juvenil por una serie de comités de ética que vayan determinando caso a caso qué chica de 25 años merece morir y cuál no tiene el sello burocrático? ¿Podemos permitirnos que el suicidio aparezca como posibilidad en los cuadros severos de depresión?En el último año he conocido a varias personas que intentaron matarse y fracasaron. El otro día, en una conferencia, vino un hombre y me contó que tenía una herida entre dos costillas porque se clavó un cuchillo en el corazón. Su mujer, a su lado, lo corroboraba. El hombre rompió a llorar al recordarlo. Habían pasado los años y daba gracias a la suerte que le hizo fallar con el estoque. La vida es muy dura, pero lo bastante larga para cerrar dolorosamente algunas heridas mortales.Por eso lo repito: respeto el deseo de morir de los pacientes incurables y apruebo que exista la eutanasia. Creo que existen muertes compasivas. Creo que existen eutanasias hermosas, tristes y reparadoras. Pero aquí hay algo que no encaja. No sé qué dirán los paleontólogos sobre la civilización en un futuro remoto, en caso de que encuentren nuestros huesos con los textos que hemos dejado para darles sentido.