El análisis de ocho momias incas revela qué sustancias consumían antes de ser sacrificadas hace 500 años
ResumenEl análisis toxicológico de ocho momias incas halladas en volcanes de Perú y Argentina ha permitido identificar sustancias psicoactivas consumidas por niños y jóvenes antes de ser sacrificados hace aproximadamente 500 años. La investigación, publicada en la revista científica Antiquity, ha encontrado evidencias del consumo de hojas de coca en las seis muestras de cabello examinadas, indicios de ingesta de alcohol en cuatro individuos y pequeñas cantidades de harmina en las uñas de otra de las víctimas. Los resultados sugieren que la preparación de los sacrificios humanos no seguía un procedimiento uniforme, sino que podía variar según las prácticas religiosas y las divinidades veneradas en cada santuario. El estudio, encabezado por Dagmara Socha, del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia, ha examinado restos procedentes de los volcanes Ampato y Sara Sara, en Perú, y Chuscha, Llullaillaco y Quehuar, en Argentina.
El análisis toxicológico de ocho momias incas halladas en volcanes de Perú y Argentina ha permitido identificar sustancias psicoactivas consumidas por niños y jóvenes antes de ser sacrificados hace aproximadamente 500 años. La investigación, publicada en la revista científica Antiquity, ha encontrado evidencias del consumo de hojas de coca en las seis muestras de cabello examinadas, indicios de ingesta de alcohol en cuatro individuos y pequeñas cantidades de harmina en las uñas de otra de las víctimas. Los resultados sugieren que la preparación de los sacrificios humanos no seguía un procedimiento uniforme, sino que podía variar según las prácticas religiosas y las divinidades veneradas en cada santuario. El estudio, encabezado por Dagmara Socha, del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia, ha examinado restos procedentes de los volcanes Ampato y Sara Sara, en Perú, y Chuscha, Llullaillaco y Quehuar, en Argentina. Los investigadores analizaron seis muestras de cabello y dos de uñas mediante cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem, una técnica capaz de detectar concentraciones muy pequeñas de compuestos químicos. Este procedimiento permite identificar sustancias incorporadas a los tejidos durante la vida de los individuos y, cuando las condiciones de conservación y la longitud de las muestras lo permiten, reconstruir variaciones en su consumo durante los meses anteriores a la muerte. Restos de cocaína y alcohol en cuatro de las víctimas Uno de los principales hallazgos es la presencia de cocaína y benzoilecgonina, uno de sus principales metabolitos, en todas las muestras capilares estudiadas, lo que constituye una evidencia del consumo de hojas de coca. Además, los análisis identificaron cocaetileno en cuatro individuos: la niña de Chuscha y las tres víctimas de Llullaillaco. Este compuesto se forma cuando el alcohol y la cocaína coinciden en el organismo, por lo que su detección indica que estas personas habían ingerido bebidas alcohólicas mientras consumían coca. Los resultados de Chuscha y Sara Sara resultan especialmente relevantes porque investigaciones toxicológicas anteriores no habían conseguido identificar cocaína ni benzoilecgonina en sus restos. El examen más detallado corresponde a una niña de aproximadamente ocho años encontrada en Chuscha. Los científicos dividieron su cabello en seis segmentos para estudiar la exposición a determinadas sustancias durante los últimos seis meses de vida. Las concentraciones de cocaína mostraron oscilaciones y descendieron notablemente en el último mes, mientras que el cocaetileno apareció únicamente en el segmento correspondiente a ese periodo final. Según los autores, este cambio podría estar relacionado con una nueva fase de preparación para el sacrificio, caracterizada por una mayor ingesta de alcohol junto con las hojas de coca. No obstante, advierten de que la conservación de los restos y los procesos metabólicos también pueden influir en las concentraciones detectadas. La presencia de harmina en una adolescente sacrificada Otro resultado significativo procede de la momia conocida como la Doncella de Ampato, una adolescente de unos 14 años descubierta en 1995. El análisis de sus uñas reveló pequeñas cantidades de harmina, un alcaloide presente en determinadas plantas, entre ellas especies del género Banisteriopsis, asociadas a la ayahuasca. Los investigadores consideran que estas plantas podrían haber llegado a los Andes mediante intercambios desde regiones amazónicas, aunque los resultados no permiten confirmar la composición exacta de la preparación consumida. Tampoco se identificaron triptaminas como la DMT, pero los autores advierten de que estos compuestos se incorporan con dificultad al cabello y las uñas. Por tanto, su ausencia no permite descartar completamente el consumo de sustancias alucinógenas ni demostrar que la joven ingiriera una bebida de estas características. Las víctimas formaban parte de la capacocha, una ceremonia que combinaba funciones religiosas y políticas dentro del Imperio inca. Durante estos rituales se sacrificaba a niños de ambos sexos y a mujeres jóvenes, considerados intermediarios entre las comunidades y sus divinidades. Muchas ceremonias tenían lugar en montañas de gran altitud, vinculadas al culto de los dioses locales, y podían celebrarse ante acontecimientos como sequías, hambrunas o situaciones de inestabilidad política. Las fuentes históricas recogidas en el estudio describen el uso ceremonial de hojas de coca y chicha, una bebida fermentada que se administraba a las víctimas para atenuar sus sentidos y tranquilizarlas durante la fase final del sacrificio. El papel de las plantas psicoactivas en los rituales incas La investigación plantea que estas sustancias pudieron desempeñar funciones relacionadas con el bienestar físico y emocional de los menores durante los desplazamientos hacia los santuarios. Las hojas de coca se utilizaban tradicionalmente para aliviar las molestias de la altitud, reducir el hambre y facilitar el esfuerzo físico. En cuanto a la harmina, los autores contemplan que sus propiedades sobre el estado de ánimo pudieran aprovecharse para mantener tranquilos a los niños, una hipótesis relacionada con los efectos antidepresivos atribuidos a determinadas plantas que contienen este alcaloide. Sin embargo, estas interpretaciones no permiten establecer con certeza los motivos de su administración ni cómo experimentaron las víctimas sus últimos días. Los científicos concluyen que las diferencias encontradas entre las momias podrían estar relacionadas con las características de las divinidades veneradas en cada montaña y las particularidades de las ceremonias locales. También señalan que la ausencia de determinados compuestos no descarta por completo su consumo, ya que algunas sustancias se conservan mal en el cabello y las uñas o pueden resultar indetectables tras una única exposición. Estas limitaciones impiden reconstruir todos los detalles de los sacrificios, pero los avances en las técnicas toxicológicas ofrecen nuevas posibilidades para investigar el uso de plantas psicoactivas en las prácticas religiosas del Imperio inca.