En el pueblo del asesino en serie que se ha convertido en mujer
ResumenEn Castellfollit de la Roca nadie conoce a Aida Vila. Preguntes a quien preguntes, en esta tranquila localidad, la segunda población más pequeña de Cataluña, con una extensión de solo 0,77 km/m2, nadie es capaz de ubicar a su vecina más famosa . La que hace dieciséis años, con un nombre distinto, el de Joan Vila Dilmé, colocó a este municipio asentado sobre una gran piedra de basalto en todas las portadas nacionales e internacionales.Se acababa de convertir en el asesino en serie más importante de España -con permiso de Manuel Delgado Villegas, «El Arropiero», que pese a confesar 48 asesinatos solo se le pudieron imputar 8-. Vila Dilmé, antes Joan y ahora Aida, acabó con la vida de once ancianos de una residencia en la que trabajaba.
En Castellfollit de la Roca nadie conoce a Aida Vila. Preguntes a quien preguntes, en esta tranquila localidad, la segunda población más pequeña de Cataluña, con una extensión de solo 0,77 km/m2, nadie es capaz de ubicar a su vecina más famosa . ... La que hace dieciséis años, con un nombre distinto, el de Joan Vila Dilmé, colocó a este municipio asentado sobre una gran piedra de basalto en todas las portadas nacionales e internacionales.Se acababa de convertir en el asesino en serie más importante de España -con permiso de Manuel Delgado Villegas, «El Arropiero», que pese a confesar 48 asesinatos solo se le pudieron imputar 8-. Vila Dilmé, antes Joan y ahora Aida, acabó con la vida de once ancianos de una residencia en la que trabajaba. Fue condenado por ello a 127 años de prisión.Ha sido precisamente en el centro penitenciario de Puig de les Basses (Figueres), a 41 kilómetros de su localidad natal y en la que sigue viviendo su madre, donde el criminal ha decidido cambiar legalmente de hombre a mujer , de Joan a Aida, y donde vivirá su transición, eso sí, desde el módulo de mujeres, habiendo abandonado ya el pabellón en el que ha compartido celda durante los últimos 16 años de su vida con otros hombres condenados por distintos delitos. Noticia relacionada general No No Permanece en un módulo de mujeres El celador de Olot, el asesino de once ancianos en un geriátrico, se cambia de sexo en la cárcel David Sánchez de CastroSu decisión de cambiar de sexo, el hecho de que le hayan trasladado a un espacio ocupado únicamente por mujeres, pese a que todas sus víctimas fueron del sexo femenino , y que sea la Seguridad Social la que cubra su tratamiento médico para transicionar, han generado mucha polémica. También en su pueblo, donde cuando en lugar de preguntar por Aida preguntas por Joan Vila, cambia todo. Y se abre el debate, con momentos de tensión dialéctica. El asesino está ahora en un modulo carcelario de mujeres pese a que sus once víctimas fueron femeninas«Hostia sí, ahora dice que se siente mujer», verbaliza un vecino en un bar de la Plaza Mayor. «Lo hará para ver si le dan algún beneficio con la nueva ley», le responde otra, cerveza en mano, un caluroso domingo de abril. Aunque en realidad de su condena no cambia nada. En la puerta del supermercado que hay al lado de la iglesia, a escasos metros del domicilio familiar del celador de Olot, una vecina de edad avanzada, que conoce bien a la familia, asegura que «de pequeño ya era afeminado».El tema se ha colado en la conversación en los bares de la Plaza Mayor del pueblo JOAN GUIRADOAunque nunca ocultó su homosexualidad , incluso cuando después de tocarles el culo a las ancianas de La Caritat estas le reprochaban las confianzas, respondiéndoles con un «no me gustan las mujeres», Vila «nunca vivió su sexualidad abiertamente», afirma otra vecina. Lo remata con «era otra época». En el momento de su detención, en 2012, tenía 44 años y seguía viviendo en casa de sus padres, que acudieron al juicio defendiendo al «hijo modélico». De carácter tímido e introvertido , según el relato de sus propios excompañeros y lo que cuentan también algunos de sus vecinos -que ahora le repudian, hasta el punto que su madre prefirió que no saliera de prisión para acudir al funeral de su padre para evitar altercados-, fue ganándose la confianza del personal y de los internos. Aunque no de todos.11 Son las mujeres a las que asesinó La comisión de estos once delitos le han convertido en el asesino en serie más importante de nuestro paísFue el caso de la última víctima, Paquita Gironés, que denunció malos tratos en más de una ocasión sin que nadie le hiciera caso. Una denuncia, que acabó en un desenlace fatal, que choca con lo que él mismo dijo durante el juicio: « No quería herir a las ancianas , sufría por ellas y me calmaba al verlas difuntas», afirmó en sede judicial. En su testimonio llegó a asegurar que «las quería, les di un buen cielo». Ese cariño con las víctimas lo relata también Rosario, que trabajó con él en La Caritat. Ella estaba en la cocina del centro y coincidía con Joan Vila a las seis de la mañana, cuando este acababa su turno. « Cada día se bebía un vaso de cocacola y un ibuprofeno cuando acababa el turno », recuerda. «Eso es una bomba», le espetaba Rosario, a lo que el asesino le respondía con: «¿Y no necesitamos eso para trabajar aquí?».Castellfollit de la Roca, el pueblo del asesino en serie JOAN GUIRADOEsas palabras del celador, antes de conocerse su macabro historial delictivo, mantienen todavía hoy abiertas distintas teorias de lo que ocurrió en esa residencia del centro de Olot. Tanto en sede judicial como estos mismos días, la Paquita, una compañera del turno del condenado, apuntó a que no habría actuado solo. Aunque los tribunales, con su confesión, le condenaron únicamente a él de once asesinatos con alevosía. Mataba siempre de noche , cuando había menos supervisión. Pero cada vez que actuaba estaba abierto el cuarto de la limpieza, donde cogía la lejía con la que creaba un cóctel mortal junto a insulina, sedantes y otras sustancias cáusticas, pese a que según otros empleados debía estar cerrado. «Que mala suerte, todos se me mueren a mi», llegó a verbalizar en una ocasión Vila.El asesino en serie más importante de nuestro país recaló en los cuidados de gente mayor tras probar suerte en otras profesiones erráticas . Antes de ser auxiliar, tanto en un centro de Banyoles como en el de La Caritat, donde perpetró los crímenes, había trabajado como peluquero y en distintos empleos temporales sin continuidad.