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El País ·

Los aranceles y la caída del consumo de acero conducen a Tubos Reunidos al abismo

Resumen

El peaje aduanero que EE UU ha impuesto a la importación de acero ha acabado por estrangular a Tubos Reunidos, una compañía vasca que atraviesa uno de los peores momentos de sus 134 años de actividad fabril y necesita con urgencia una solución para salvar su continuidad. El año pasado perdió 71,3 millones de euros, acumula una deuda de 263 millones y sus perspectivas de ventas son muy pesimistas. La crisis que atraviesa el fabricante de tubos de acero sin soldadura ha llevado a su dirección a presentar un plan de viabilidad que pasa, entre otras medidas traumáticas, por el despido de 301 de sus 1.300 trabajadores y por el cierre de la acería de Amurrio (Álava). “Si no hay un acuerdo antes de la Semana Santa, el futuro de la compañía peligra”, dice un representante de la compañía.

El peaje aduanero que EE UU ha impuesto a la importación de acero ha acabado por estrangular a Tubos Reunidos, una compañía vasca que atraviesa uno de los peores momentos de sus 134 años de actividad fabril y necesita con urgencia una solución para salvar su continuidad. El año pasado perdió 71,3 millones de euros, acumula una deuda de 263 millones y sus perspectivas de ventas son muy pesimistas. La crisis que atraviesa el fabricante de tubos de acero sin soldadura ha llevado a su dirección a presentar un plan de viabilidad que pasa, entre otras medidas traumáticas, por el despido de 301 de sus 1.300 trabajadores y por el cierre de la acería de Amurrio (Álava). “Si no hay un acuerdo antes de la Semana Santa, el futuro de la compañía peligra”, dice un representante de la compañía. Los trabajadores mantienen un hilo de esperanza: “Nosotros no damos nada por perdido. Esto es algo cíclico y podría ocurrir que hagan falta los 300 compañeros que ahora quieren echar a la calle”, dice Andrés García, que este año cumple 24 años en la fábrica. El declive de Tubos Reunidos se debe a varios factores, una suma de contratiempos que se enmarcan en un contexto internacional muy desfavorable para su negocio. La política arancelaria de la Casa Blanca no es la única causante del hundimiento económico de la siderúrgica, aunque sí ha repercutido de forma muy negativa en su caída. Los altos costes productivos, un pasivo muy pesado, una caída notable de la demanda de acero, la carestía energética en España, la fuerte competencia de los países de bajo coste o la depreciación del dólar han jugado en contra del negocio de Tubos Reunidos, que viene dando tumbos durante mucho tiempo: “En realidad, la empresa lleva muy mal los últimos 10 años”, apuntan desde la firma siderúrgica. Pero es indudable que la decisión de Donald Trump de incrementar el arancel hasta el 50% desde junio pasado ha tenido un impacto sustancial en la pérdida de mercado en aquel país, principal destino exportador de la compañía. Sus ventas allí en 2023 y 2024 supusieron casi el 50% de la facturación total. No es la primera vez que Trump se interpone en su camino, aunque no con la gravedad del momento actual. En 2018, los aranceles de EE UU también provocaron un cataclismo en la firma vasca. Entonces se perdieron 157 empleos y también se optó por concentrar toda la actividad de la acería en Amurrio y prescindir de la que también funcionaba en Trapagaran (Bizkaia). Después llegó la pandemia, con unos efectos muy adversos en su negocio. Tubos Reunidos necesitó en 2021 el rescate del Estado a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (Sepi). Le inyectó 112,8 millones en préstamos participativos que aún sigue pagando con un alto coste en intereses y cuyo vencimiento está próximo, en 2028. En los siguientes años, la compañía tampoco logró ponerse a flote. El encarecimiento de la factura energética, los altos costes salariales (70.000 euros, según la empresa), la parálisis en el mercado del acero y una competencia feroz en la que han irrumpido China con mucha fuerza. “No es un escenario fácil. Llevamos muchos años con resultados negativos”, explica un portavoz de la tubera. Los últimos datos ofrecidos a la representación sindical muestran un fuerte deterioro de la firma. Su cifra de negocios el año pasado se situó en los 365,7 millones. El Ebitda fue de 22,8 millones negativos y el resultado neto también registró números rojos (71,3 millones). Estos datos son provisionales, puesto que las cuentas están aún por auditar y no se han computado la pérdida de los activos afectados por la caída de la actividad en EE UU, por lo que las pérdidas serán mayores, según informó la compañía a la CNMV a comienzos de febrero. 2025 fue, además, el año en que TR se deshizo de la planta que tenía en Houston, donde realizaba los procesos de acabado de los tubos que fabrica en el País Vasco. “El castigo de Trump [a las importaciones] está provocando que todos los que estábamos en Estados Unidos estemos yendo a otros mercados”, señala la dirección. En esa estrategia de “diversificación comercial”, la apuesta consiste en lograr abrirse a Canadá, Alemania, India y Oriente Medio. Otro frente clave para sanear las cuentas obliga a reducir un elevado nivel de apalancamiento, con una deuda que ha escalado de 234,3 a 263,2 millones en el último ejercicio, lo que quintuplica el valor bursátil de la compañía (51,2 millones). La reestructuración no será completa, según plantea el equipo directivo, sin adoptar medidas tendentes a reducir los costes, entre las que se está planteando la “interrupción paulatina de la actividad de la acería de Amurrio, la externalización de la elaboración de palanquilla y lingote adaptándola al comportamiento de la demanda y las salidas de personal vinculado al proceso productivo”. La falta de actividad suficiente por la caída de pedidos ha conllevado que se haya disparado el coste de producción y sea en la actualidad “inviable” competir en el mercado. Tubos Reunidos quiere suprimir 301 puestos de trabajo (87 eventuales y el resto fijos). Del total, 274 empleados están adscritos a la planta de Amurrio y solo 27 pertenecen a Trapagaran. La dirección volvió a mejorar este jueves pasado su oferta en la cuarta reunión sobre el ERE con el fin de “minimizar aún más el impacto social” de los despidos. Ofreció prejubilaciones desde los 59 años, 30 días de salario por año a los eventuales y mayores indemnizaciones para quienes se vayan voluntariamente. “Buscar un culpable no es lo más importante, pero las cosas se han hecho mal en los últimos años y la deuda nos está devorando. Esto no se va a arreglar echando a la gente a la calle. Lo que toca ahora es buscar una solución”, comenta Andrés García, presidente del comité de empresa. El Gobierno vasco ha pedido al central que se implique en la resolución de esta crisis mediante una “flexibilización” de las condiciones del préstamo de la Sepi que está asfixiando a Tubos Reunidos. El consejero de Industria del Gobierno vasco, Mikel Jauregi, cree necesaria la intervención de Madrid porque, según ha dicho, “nadie compra un piso con una hipoteca cinco veces mayor que su valor”. El plan de despidos en Tubos Reunidos, si finalmente se consuma, agravará el proceso de desindustrialización que afecta a la comarca alavesa de Ayala, donde está enclavada su sede principal, un valle maldito que en la última década ha soportado un proceso de desindustrialización galopante y ya sufre un índice de paro del 14%. Al cierre de Aceros de Llodio en 1992 (564 trabajadores) o a la salida de 316 operarios de Tubacex un año después, en este entorno han desaparecido firmas como Valvospain, el almacén de Lidl o Glavista, aparte de reducciones de plantilla en otras compañías, como Maderas de Llodio. Sguen en pie fábricas de peso como Tubacex, Vidrala o Amurrio Ferrocarril y Equipos.