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España puede jugar en el Everest

Resumen

La España de los sherpas con el balón funcionó en Puebla, territorio donde amenazaba más la orografía que el rival. Asoma el Mundial y la selección española está lista a la espera de que se le sumen los futbolistas diferentes, Lamine Yamal y Nico Williams. Se temía a la altura de Puebla, un veneno invisible para el futbolista al que le apelmaza las piernas y el cerebro. Antes de que asomara algún síntoma, Cubarsí conectó con Oyarzabal en esa zona donde el radar no pita.

La España de los sherpas con el balón funcionó en Puebla, territorio donde amenazaba más la orografía que el rival. Asoma el Mundial y la selección española está lista a la espera de que se le sumen los futbolistas diferentes, Lamine Yamal y Nico Williams.  Se temía a la altura de Puebla, un veneno invisible para el futbolista al que le apelmaza las piernas y el cerebro. Antes de que asomara algún síntoma, Cubarsí conectó con Oyarzabal en esa zona donde el radar no pita. El zurdo controló y desde fuera del área empaló un remate imparable. Ese gol lo seguirá haciendo dentro de quince años en partidos con barra libre de michelines. No se llegaba a los cien segundos y España iniciaba uno de sus conciertos clásicos. No hay selección que cuente con esa tropa de manejadores del balón. Entre Rodri, Pedri y Fabián se bastan para marear a quien se ponga por delante. En horario español de goles de Butragueño a Dinamarca y de pedir la penúltima antes de entonar los cánticos regionales, el grupo de De la Fuente se había vestido en Puebla con el batín de ensayo serio. Sólo faltaban los que abren el Parque de atracciones, Lamine Yamal y Nico Williams, extremos mayores, apóstoles del desborde y la cohetería. Ante las ausencias, Ferran se inclinó a la derecha y Álex Baena, a la izquierda. El azulgrana, lejos del punto de penalti, exhibió un recital de desmarques y velocidad. En una de sus travesuras se coló hasta la línea de fondo y ofreció un gol a Pedri. Un cambio de papeles que supo a gloria. Hubo un tiempo en el que Perú, con la sapiencia de Cubillas, era un acorazado del fútbol mundial. De aquello, que mostró el colmillo en México 70, sólo quedan cenizas y recuerdos. Ahora, sin billete para la cita universal, la Bicolor intenta repintarse. Tras los dos goles de España por fin se atrevió a explorar si había vida en el área española. Ugarriza y Vidales rozaron el bingo. Oyarzabal, dolorido tras un pisotón, no compareció tras el descanso, banderola de salida para el desfile de cambios. Gallese, en una acción de cómic, se metió en su portería un centro de Yeremy Pino. Gracias.  A la hora de partido sólo quedaban Llorente, Cucurella y Ferran del once titular. El partido se desmadejó, algo lógico cuando el mecano está sin engrasar. Eran minutos propicios para que futbolistas como Mikel Merino se reencuentren con el ritmo y las sensaciones. Perú aprovechó un lago en el centro de la defensa para acercarse en el marcador con un gol de Vélez.  Dani Olmo se movía sin parar por la frontera del área. Eran ya minutos para el adorno con el marcador decidido. Llovía en Puebla y De la Fuente se iba satisfecho. Aguarda el Mundial a una selección de mucha altura.