Sánchez cumple ocho años de gobierno en su peor momento: «Está muy tocado»
ResumenPedro Sánchez cumple el próximo 2 de junio ocho años en el poder. El equivalente a dos legislaturas completas, aunque nunca —hasta ahora que muestra su voluntad inquebrantable de hacerlo— ha cumplido los mandatos en su integridad. El presidente del Gobierno con más días en ... el cargo, solo superado por Felipe González , ha adelantado dos veces las elecciones guiado por el cálculo político de conseguir una mayoría suficiente para seguir gobernando.
Pedro Sánchez cumple el próximo 2 de junio ocho años en el poder. El equivalente a dos legislaturas completas, aunque nunca —hasta ahora que muestra su voluntad inquebrantable de hacerlo— ha cumplido los mandatos en su integridad. El presidente del Gobierno con más días en ... el cargo, solo superado por Felipe González , ha adelantado dos veces las elecciones guiado por el cálculo político de conseguir una mayoría suficiente para seguir gobernando. Un cálculo acertado entonces, que hoy se tornaría adverso. Sánchez llegó a la Moncloa bajo el aura de un hecho histórico, la primera moción de censura exitosa de la democracia. Una moción de censura a la corrupción sobre la que cimentó su proyecto y que se ha convertido en una enmienda a la totalidad del contexto actual. El discurso que el candidato proclamó en aquella tribuna en 2018 no se compadece con la imagen de 2026. El retrato que hizo de la corrupción, de la soledad del Ejecutivo, de un presidente que gobierna de espaldas al Parlamento y que es incapaz de aprobar unos presupuestos... y que le dedicó a Mariano Rajoy, podría serle aplicable sí mismo. Aún más demoledor es que quien interviniera para fijar posición por el PSOE en el debate esté hoy en la cárcel de Soto del Real a la espera de sentencia. Fue José Luis Ábalos .El presidente llega a este aniversario con un panorama ensombrecido por los escándalos de corrupción que se ciernen sobre su entorno y la órbita del PSOE y del Gobierno. Un ambiente corrosivo que le ha reventado la estrategia que se había diseñado desde Moncloa para lo que resta de legislatura y que le impide capitalizar la agenda con cualquier otra política. En el entorno de Sánchez querían apurar al máximo, agotar el mandato, para alcanzar el objetivo de posicionarse como primera fuerza y, aunque se perdiera el poder en las próximas elecciones —por un pacto PP-Vox— tener el relato interno y externo de haber sido desalojado sin sufrir apenas desgaste. Noticia relacionada general No No Malestar en el PSOE por la falta de respuesta de Sánchez ante el caso Leire Díez Ainhoa MartínezEste plan ha saltado por los aires. Los últimos escándalos, los que se refieren a José Luis Rodríguez Zapatero y la 'cloaca' del PSOE, han hundido cualquier expectativa de conseguirlo. En el entorno del presidente reconocen que «está muy tocado» y en el partido empiezan a tomar conciencia de que todo apunta a un «fin de ciclo». No obstante, en Moncloa tienen el convencimiento de que durará «lo que quiera el presidente» . Y Sánchez quiere llegar a 2027. En un contexto de máxima precariedad parlamentaria, en la que varios socios piden abiertamente un adelanto electoral, nadie quiere asumir la responsabilidad de ser el culpable de hacerle caer, dando entrada a un ejecutivo con Vox. La legislatura está instalada en la parálisis, porque la coalición no tiene una mayoría para gobernar, pero tampoco existe una mayoría alternativa que colme la aspiración de Alberto Núñez Feijóo de llegar al poder.Este estado comatoso hace que Sánchez no haya sido capaz de aprobar unos presupuestos en lo que va de legislatura y que hacerlo se antoje ya una utopía para lo que resta. La baza de que las cuentas públicas puedan llegar al Congreso de los Diputados solo se concibe a nivel estratégico como una presentación simulada, a modo de programa electoral, cuya derrota aboque a una llamada anticipada a las urnas. Por no hablar del debate sobre el estado de la nación, una sesión parlamentaria —cuya periodicidad el Gobierno llegó a plantear de carácter anual obligatorio— y que solo se ha celebrado en una ocasión (2022) durante los ocho años de mandato. Todo es un juego de apariencias, los socios tratan de marcar distancias con el Gobierno, apelando al adelanto electoral y la cuestión de confianza, dos atribuciones exclusivas del presidente que son conscientes de que no tiene intención de ejercer.Sánchez solo pensó en dimitir tras conocerse la implicación de Santos Cerdán en la presunta trama de amaños de contratos públicosConscientes también de que la agenda judicial ha eclipsado la política, los aliados han ido perpetrando un corrimiento de sus líneas rojas, alejándolas al máximo del contexto actual. En el Ejecutivo, por su parte, han decidido aferrarse a la tesis de la persecución judicial, el intento por medios «no democráticos» de derribar al Gobierno , para tratar de mantener prietas las filas y cubrirlo todo de un velo de victimismo que impida al espectro progresista tomar conciencia de la verdadera entidad de las conductas que se investigan. Este calvario judicial ha hecho mella en el ánimo del presidente del Gobierno. La causa contra su mujer, Begoña Gómez, supuso un golpe en lo más profundo. «Es su talón de Aquiles», reconocen en su entorno. Aquella investigación y la carta a la ciudadanía en la que amagó con dejar el Gobierno tuvieron también un impacto interno. Por primera vez se abría el melón de la sucesión de Sánchez. Un terreno ignoto en el que el partido se asomó durante cinco días al abismo de un relevo no resuelto y asumió las distorsiones que genera su hiperliderazgo. Desde entonces, el presidente ha tratado de cegar esa vía de agua, que el mismo había abierto, y no es extraña la ocasión en la que proclama su intención de seguir hasta 2027 «y más allá». Cerdán fue otro golpe durísimo. En su entorno reconocen que entonces sí, en el mes de junio de 2025, estuvo en su cabeza la dimisión. Incluso el deterioro físico fue evidente. El presidente siempre ha encontrado refugio fuera de casa, en la escena internacional, donde también acusa ya el desgasteEn las últimas semanas, todo se ha acelerado. El 'shock' sufrido por la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha generado un impacto psicológico brutal en el partido y en el Gobierno. Quienes tenían una relación estrecha con él dicen no reconocerle en las conductas que se le imputan y su ascendencia sobre Sánchez, para quien prácticamente ejercía como jefe de Gabinete, ha sido absoluta. En Moncloa reconocen un abatimiento total y de ahí la falta de reflejos en la reacción. Algo parecido ha ocurrido con la entrada de la UCO en la sede de Ferraz para conseguir documentación. Una investigación que amenaza los cimientos del partido y que —junto a la pieza secreta sobre supuesta financiación ilegal del partido— pueden acabar suponiendo el 'game over' definitivo. El 'Gobierno bonito' que llegó en 2018 a bordo del Aquarius y trufado de fichajes estrella ha ido perdiendo lustre y ni siquiera el buen rumbo económico permite ya cobrarse alguna victoria en la opinión pública. Esta era la gran asignatura pendiente con la que Sánchez asumió hace ocho años el poder, demostrar que la izquierda también podía gestionar bien en tiempos de adversidad. Las guerras de Ucrania e Irán o la pandemia del coronavirus pusieron a prueba las costuras del sistema y una red de seguridad desplegada desde el Estado que permitió mantener la actividad. Durante todos estos años, Sánchez siempre ha encontrado refugio fuera de casa. El perfil internacional y su imagen en el exterior han sido su mejor escaparate, aunque también aquí comience ya a sufrir síntomas de desgaste.