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Expansión ·

El invierno llega a los mercados

Resumen

Los titulares tanto de Financial Times como de The Wall Street Journal atribuyeron la mala jornada que vivieron ayer los mercados a Mark Zuckerberg: los “planes de gasto masivo” de Meta desencadenaron “otra gran rotación de carteras el jueves, al deshacerse los inversores de acciones vinculadas al auge de la IA”. Es una valoración bastante acertada, pero resulta importante distinguir entre las fuerzas fundamentales que afectan a los inversores (más o menos cuantificables la mayoría de las veces) y los catalizadores que provocan grandes movimientos en el mercado (siempre en mayor o menor medida especulativos). Si hablamos de chivos expiatorios, Zuckerberg y Meta son mejores candidatos que la mayoría. Pero existen fuerzas de mayor calado en juego.

Los titulares tanto de Financial Times como de The Wall Street Journal atribuyeron la mala jornada que vivieron ayer los mercados a Mark Zuckerberg: los “planes de gasto masivo” de Meta desencadenaron “otra gran rotación de carteras el jueves, al deshacerse los inversores de acciones vinculadas al auge de la IA”. Es una valoración bastante acertada, pero resulta importante distinguir entre las fuerzas fundamentales que afectan a los inversores (más o menos cuantificables la mayoría de las veces) y los catalizadores que provocan grandes movimientos en el mercado (siempre en mayor o menor medida especulativos). Si hablamos de chivos expiatorios, Zuckerberg y Meta son mejores candidatos que la mayoría. Pero existen fuerzas de mayor calado en juego. El espectacular repunte de los bonos del Tesoro ayer, junto con el desplome de las acciones tecnológicas, dio la sensación de marcar un punto de inflexión: la llegada repentina del invierno tras un largo verano. El rendimiento del bono a 10 años cayó nada menos que 19 puntos básicos, hasta el 4,96%, mientras que el Nasdaq perdió un 2,6%. Sin embargo, si analizamos la situación con perspectiva, el jueves fue la culminación de un proceso de enfriamiento, no una congelación súbita. El rendimiento de los bonos del Tesoro tocó techo la primera semana de este mes. El descenso registrado desde entonces no refleja una expectativa de reducción de la inflación. Todo el movimiento estuvo impulsado por la caída de los rendimientos reales. Las expectativas sobre la inflación implícita se han mantenido extremadamente estables. El cambio en los rendimientos reales tampoco refleja una variación en las expectativas sobre la política de tipos de la Reserva Federal, que no han cambiado en todo el mes. Sólo ayer, ante el mal comportamiento del mercado, empezaron a moderarse. Entonces, ¿qué ha ocurrido en las últimas semanas? En un correo electrónico, Bob Michele, de JPMorgan Asset Management, ofrece un resumen conciso en tres puntos sobre lo sucedido en el mercado de bonos: 1. El pesimismo en el mercado de bonos era extremo... La mayoría de los participantes estaban preocupados por el fuerte crecimiento y la inflación. 2. Las valoraciones resultaban atractivas, lo que indicaba que el mercado de bonos estaba sobrevendido... Un rendimiento real del 3% en los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años no se veía desde 2002, y los rendimientos nominales del 5,3% no se registraban desde antes de la crisis financiera mundial. 3. El mercado estaba esperando una chispa... el retroceso en las acciones tecnológicas ante la moderación de las expectativas de beneficios ha actuado como esa chispa... la preocupaciones en torno a la deuda francesa y un posible contagio a la deuda soberana en la zona euro también han servido de chispa… por último, el cierre de posiciones cortas está impulsando gran parte de la dinámica actual. Los dos primeros puntos me parecen acertados, especialmente el segundo. Los rendimientos reales habían empezado a resultar muy atractivos en comparación con lo que ofrecía el mercado de renta variable. Pero es el tercer punto de Michele sobre la chispa que llevó a los inversores a refugiarse en los bonos el que resulta más importante. Una caída en los rendimientos reales que no responde a la postura de los bancos centrales suele deberse a una ralentización de las expectativas de crecimiento, o a la percepción de un aumento de los riesgos en otras partes del mercado. Esta situación parece deberse a lo segundo, un clásico repunte de los bonos en un contexto de aversión al riesgo, impulsado por el miedo. Los factores que alimentan esta estrategia de inversión basada en el miedo llevan ya algún tiempo alineándose. A partir de mayo, las acciones del sector industrial que se habían beneficiado del auge de los centros de datos, muchas de las cuales habían duplicado su valor desde principios de año, comenzaron a perder fuerza. A finales de agosto, el mercado empezó a estrecharse hasta el punto de que sólo la inversión en IA evitaba su caída. Más recientemente, las empresas tecnológicas situadas en la periferia de este sector también han empezado a verse afectadas. Mientras tanto, desde que los rendimientos de los bonos alcanzaron su punto máximo, los sectores con mejor comportamiento (a excepción de la energía, que sigue cosechando los dividendos de guerra) han sido los segmentos defensivos tradicionales: la atención sanitaria y los bienes de consumo básico. Este giro resulta especialmente llamativo en el caso de los bienes de consumo básico, un sector que ha sido ignorado o rechazado durante lo que parece una eternidad. Basta con observar la recuperación de las empresas más defensivas dentro de este grupo: los fabricantes de bebidas alcohólicas y papel absorbente, las cadenas de descuento, los supermercados y los productores de alimentos envasados. Últimamente hemos escrito mucho sobre cómo cubrir una cartera en un mercado tan concentrado. Pues bien, aquí tienen parte de la respuesta: los valores defensivos, duramente castigados, son un buen punto de partida. Por otro lado, las acciones que más han caído desde que los rendimientos de los bonos tocaron techo se concentran, de forma notable, en los hiperescaladores, el sector de los semiconductores y las empresas industriales vinculadas a la construcción de centros de datos. El resto del mercado se comporta bien; casi tres cuartas partes de las acciones que componen el índice S&P 500 han subido desde el 5 de octubre. Yin Luo, de Wolfe Research, ha desarrollado un modelo de factores de riesgo de IA que cuantifica la exposición de las acciones estadounidenses a esta tecnología (la construcción del factor corre, naturalmente, a cargo de agentes de IA que evalúan la exposición de las empresas a la inteligencia artificial mediante el análisis de transcripciones de conferencias telefónicas sobre resultados, documentos regulatorios, noticias y otras fuentes similares). Durante la última semana, aproximadamente, ese factor ha registrado la racha más larga de jornadas negativas de los últimos tres meses. ¿Fue la jornada de ayer el inicio de una corrección importante en el mercado bursátil —o, si se prefiere, un repunte significativo en los bonos del Tesoro? Lo cierto es que, incluso con la tendencia de la IA temporalmente paralizada, las acciones siguen contando con dos factores a su favor. El primero es la fortaleza de la economía, sustentada más por la resistencia del gasto de los consumidores que por las inversiones en centros de datos. El gasto real de los consumidores creció un 2,5% en el segundo trimestre. El segundo factor son los beneficios empresariales, que están creciendo a gran velocidad. Según FactSet, se prevé que los beneficios de las empresas del S&P 500 aumenten un 33% este año y otro 16% en 2027. Resulta difícil imaginar una oleada de ventas significativa mientras ambos factores sigan vigentes. Sin embargo, si uno de estos dos pilares desaparece, el panorama empieza a volverse sumamente sombrío. A medida que avance la temporada de presentación de resultados, las revisiones a la baja de las previsiones de beneficios serán, en particular, un claro indicio de que nos espera un invierno complicado. © The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribución, copia o modificación. EXPANSIÓN es el único responsable de esta traducción y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.