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El Mundo ·

Pogacar abandona la Vuelta a España tras una caída de la que es evacuado en ambulancia

Resumen

De pronto, el impacto para la carrera, la conmoción para el ciclismo. En una etapa cómoda, transitoria, rutinaria, monótona, perezosa, encajonada entre dos grandes jornadas de montaña. En una etapa de descanso para todos entre dos batallas. En una etapa así y en una recta sin mayores peligros, Tadej Pogacar se fue al suelo.

De pronto, el drama. De pronto, la tragedia. De pronto, el impacto para la carrera, la conmoción para el ciclismo. En una etapa cómoda, transitoria, rutinaria, monótona, perezosa, encajonada entre dos grandes jornadas de montaña. En una etapa de descanso para todos entre dos batallas. En una etapa destinada al sprint. En una etapa así y en una recta sin mayores peligros, Tadej Pogacar se fue al suelo. Una de esas caídas "tontas" que no se ven venir, que no se pueden prever, que te pillan con la guardia baja en medio de un momento nada crispado, nada angustioso del pelotón. Rápidamente se vio que las consecuencias eran graves. Sangre, erosiones, enrojecimientos. En un informe médico apresurado, un traumatismo craneoencefálico y una rotura desplazada de la clavícula izquierda. Posteriormente, la confirmación por parte del equipo UAE: conmoción cerebral, fractura con desplazamiento de la clavícula izquierda y cervical estable de la vértebra C7 así como múltiples abrasiones. Deberá el esloveno someterse a una intervención quirúrgica en la clavícula.Y el abandono inevitable. El ciclismo, una vez más, mostraba una de sus caras más crueles. La más cruel, exceptuando la que causa la muerte del corredor. ¿Cómo era posible semejante desdicha a semejante corredor en semejante carrera? ¿Cómo ocurrió? ¡Qué más da! Parece haber un pequeño objeto oscuro (¿una piedra?) en la carretera que Pogacar, al pisarlo o tratar de eludirlo, se va al suelo después de volar con la bicicleta. Un obstáculo mínimo, una nimiedad le pilla a él, justamente a él, como consecuencia de una maldición, como el designio de un ser superior y maligno. Tenía que ser Pogacar, precisamente él, y en esos momentos, y en esa carrera que lo iba a incluir en el minoritario grupo de quienes han ganado las tres grandes rondas. Todo abandono de un ciclista a causa de una caída resulta triste. Pero, no lo neguemos, el abandono de alguien como él resulta devastador para la persona y para el ciclismo. La Vuelta queda mutilada, deshecha, desvirtuada, hecha añicos, y seriamente comprometido el porvenir inmediato de Pogacar. Probablemente adiós al resto de la temporada, al Mundial especialmente, a Lombardía. Parón en las justificadas aspiraciones de Tadej de proseguir su persecución de Merckx. Todos los periodistas veníamos escribiendo, comentando, que, salvo accidente, siempre amartillado en el ciclismo, la Vuelta era para Pogacar. Pues bien, pues mal, el accidente se produjo. Una vez que aceptamos que también el ciclismo son estas cosas, podíamos conformarnos, como en tantas otras ocasiones, con que la caída no pasase a mayores, chapa y pintura. Un percance. Un traspié. Un inconveniente. Una contrariedad con vendas, alcohol y mercromina. Pero pasó. Pasó lo que pasó, y le pasó a alguien muy poco propenso a esta clase de azares, a alguien con muy pocos accidentes, como si su clase lo protegiera frente al resto de los ciclistas normales, e incluso de los destacados. Hemos escrito muchas veces que no parecía humano. Pero lo es. Y lo sufre. Etapa La Vuelta sigue y hay que contarlo. La etapa la ganó al sprint Bryan Coquard, veterano a sus 34 años y no muy acertado en los últimos tiempos. Y también, por desgracia, hay que contar que la Vuelta cobra de súbito un interés inusitado e indeseado. Contar que todos los que luchaban por, como máximo, la segunda plaza, van a luchar por la primera. Las ambiciones se revitalizan, las esperanzas retoñan, las posibilidades se despiertan. Contar, en fin, que Enric Mas, ¡quién iba a sospecharlo!, es ahora el nuevo líder. Alguien dirá o pensará que no hay mal que por bien no venga. Pero hay males que es mejor que no aparezcan, porque el bien sobrevenido es fruto de una desventura que no admite matices. Si el mejor ciclista del mundo, si el que está peleando para ser el mejor de todos los tiempos, se estrella contra el piso, buscar consuelo en que eso concede oportunidades al resto es mezquino. La Vuelta no gana con el abandono de Pogacar. La Vuelta pierde entidad, pierde espectáculo, pierde grandeza, pierde atractivo, aunque gane interés. Y hay que contar que llega la segunda etapa reina, tras la que aguarda, el penúltimo día, en el Collado del Alguacil. Llega el final en alto de Aitana, después de 187 kms. con dos puertos de 1ª, tres de 2ª y uno de 3ª. Una etapa que Pogacar ya no podrá disputar, que Pogacar ya no podrá ganar. Ni esa ni ninguna otra, en una pausa que es como un retroceso en su camino. ¿Volverá el próximo año para redondear su palmarés? Ya se verá. Largo nos lo fía el ciclismo. La pasión que sentimos por él es hoy dolorosa.