“Esos que pitan a Koke”
ResumenLos ingleses se comían la bufanda de los nervios, Simeone hacía aspavientos no sé muy bien a quién ni a qué, Arteta pensó que tenía que estar a la altura del arte dramático del argentino y empezó también a correr la banda, y en el césped, un centrocampista con el 6 y un brazalete, trataba de jugar al fútbol. Es decir, pasar correctamente la pelota, pensar antes de correr, pelear un salto de cabeza, robar en una presión intuitiva… También discutir con rivales, árbitro y recogepelotas. Las condiciones básicas del centrocampista que cada vez escasean más y que el Atleti , año tras año, solo encuentra en Koke (Vallecas, 1992, 17 temporadas en el club). Mis rojiblancos de cabecera aseguran que es querido y valorado, que es una leyenda, que el Metropolitano lo admira y aprecia y también que le ha pesado en su carrera la falta de suerte en la selección y la carencia de un liderazgo y olfato que sí tuvieron otros compañeros de menor peso y talento del mejor Atleti de la historia.
Los ingleses se comían la bufanda de los nervios, Simeone hacía aspavientos no sé muy bien a quién ni a qué, Arteta pensó que tenía que estar a la altura del arte dramático del argentino y empezó también a correr la banda, y en el césped, un centrocampista con el 6 y un brazalete, trataba de jugar al fútbol. Es decir, pasar correctamente la pelota, pensar antes de correr, pelear un salto de cabeza, robar en una presión intuitiva… También discutir con rivales, árbitro y recogepelotas. Las condiciones básicas del centrocampista que cada vez escasean más y que el Atleti, año tras año, solo encuentra en Koke (Vallecas, 1992, 17 temporadas en el club).
Mis rojiblancos de cabecera aseguran que es querido y valorado, que es una leyenda, que el Metropolitano lo admira y aprecia y también que le ha pesado en su carrera la falta de suerte en la selección y la carencia de un liderazgo y olfato que sí tuvieron otros compañeros de menor peso y talento del mejor Atleti de la historia. Añado yo que en un club entregado a una dosis de demagogia superior si cabe a la del resto de clubes, Koke se ha visto obligado a veces a jugar papeles para los que no era un elegido. Por eso el hombre récord aburre al atlético tuitero y televisivo, al desmemoriado y consumista, ese aficionado frívolo a quien se puede incluir en el rebaño de “esos que pitan a Koke”.
Es muy difícil jugar más de 700 partidos y no convertirse en paisaje. A mí me sigue emocionando más la entrega de los jugadores que sienten la presión del escudo en cada carrera que la colección de estadísticas individuales de otras estrellas del fútbol. Koke además es un atleta. Ver cómo combina el sudor con el criterio es un homenaje a este deporte. Su juego resultará gris para los mismos que ven de ese color una temporada a las puertas de una final de Copa de Europa, derrota en penaltis en la Copa y cuarto en Liga con una plantilla que podría ser incluso peor que en la que debutó Koke con Forlán, Agüero, Tiago y Godín.
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