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El País ·

El ministro que pasó de la euforia al desastre en tres días

Resumen

El ministro del Club de la Lucha está contra las cuerdas, pero se niega a arrojar la toalla. Óscar Puente (Valladolid, 57 años), al igual que la película noventera de David Fincher con la que se identifica por su desacomplejada pelea diaria con la derecha y los socialistas críticos con Pedro Sánchez, sigue sin dejar a nadie indiferente. Y menos ahora, en su noche más oscura por los 69 fallecidos en Urda (Toledo), la segunda tragedia de la alta velocidad en nueve meses tras la de Adamuz (Córdoba), con 46 muertos: no solo la derecha sino el Frente Amplio y Comisiones Obreras piden su cese o dimisión. Mientras, el PSOE guarda silencio dividido sobre la idoneidad de la continuidad de su enfant terrible a menos de un mes de las elecciones generales.

El ministro del Club de la Lucha está contra las cuerdas, pero se niega a arrojar la toalla. Óscar Puente (Valladolid, 57 años), al igual que la película noventera de David Fincher con la que se identifica por su desacomplejada pelea diaria con la derecha y los socialistas críticos con Pedro Sánchez, sigue sin dejar a nadie indiferente. Y menos ahora, en su noche más oscura por los 69 fallecidos en Urda (Toledo), la segunda tragedia de la alta velocidad en nueve meses tras la de Adamuz (Córdoba), con 46 muertos: no solo la derecha sino el Frente Amplio y Comisiones Obreras piden su cese o dimisión. Mientras, el PSOE guarda silencio dividido sobre la idoneidad de la continuidad de su enfant terrible a menos de un mes de las elecciones generales. “Mis causas son mas importantes que mi vida. No tomo decisiones pensando en mí, sino en si son útiles. Y el que manda ha considerado que soy útil”, compartió Puente el viernes en un corrillo informal con periodistas tras “dar la cara” en una rueda de prensa de dos horas sin límite de preguntas ni medios vetados. Se mostró entero. Solo incómodo en una de las ocasiones, cuando se le espetó por enésima vez que debía marcharse y sin honor alguno. El martes le espera otra sesión que puede precipitar su futuro, en la Diputación Permanente del Congreso. Quienes le vieron de cerca el viernes pudieron advertir que salió quebrado. Acumulaba horas sin descanso y dando vueltas a una idea única: ¿cómo ha podido pasar? Reconoció estar sin ánimo para pensar en otra cosa, y menos en la campaña. “Lo bueno y lo malo que tiene Óscar es que va de frente. No engaña, es como lo ves, aunque haya veces que le pierdan las formas. Representa el valor de la palabra y la lealtad. Por principios se va a partir la cara por el presidente y por el Gobierno. No concibe la política de otra manera”, le define un dirigente de la dirección del PSOE que confiesa que aún no tiene una opinión formada sobre si Puente debe seguir o salir del Ejecutivo. Un líder territorial discrepa de esa visión amable: “Se ha granjeado muchos enemigos por su estilo tan faltón. Genera muchas discrepancias, llega a ser vehemente, y eso también hay quienes lo pensamos en el PSOE. Si de verdad aspiraba a suceder a Pedro, el accidente le inhabilita para ser el próximo secretario general”. El ministro había descartado en público esa ambición en un foro económico celebrado en Madrid dos días antes del siniestro en la alta velocidad. Pero, “si hablan de mí en esos términos [por la quiniela sucesoria] será por algo”. Su carrera en el partido es de fondo. Puente puso el miércoles su cargo a disposición de Sánchez, que no aceptó una salida. Al contrario. El presidente le pidió que continuara en el Ministerio. O lo que es lo mismo: que siguiera en pie en el ring de la política. Y eso es lo que Puente hará mientras tenga el aval de Sánchez, con el que mantiene una relación de confianza absoluta forjada en las primarias de 2017. El abogado y entonces alcalde de Valladolid fue de los poquísimos cargos orgánicos con cierto peso que le respaldó frente a Susana Díaz, la candidata del establishment. “Le apoyaré gane o no, es la mejor solución para el PSOE”, se posicionó Puente. Ese vínculo deja una certeza: que no se revolverá contra el presidente. “Nunca seré un problema. Lo fácil para mí es salir, pero ni es eso lo que va con mi carácter ni tampoco es lo que el presidente me ha pedido”, ha recalcado el ministro en su semana más negra. Una semana que había empezado pletórico. El lunes 26 fue el protagonista a pecho descubierto del desayuno informativo del Nueva Economía Fórum en el que sostuvo que el salario mínimo se acercaría a los 2.000 euros si Sánchez es reelegido. Pero lo mejor lo dejó para el martes 27, en un tardeo similar en el Club Siglo XXI: su provocadora quiniela para el 29-N era que el PSOE sería primera fuerza “con más de 145 escaños” que les permitirían sumar con los socios los 176 diputados necesarios para la mayoría absoluta en el Congreso y poder gobernar. Ninguna casa de encuestas, ni los datos que manejan en La Moncloa y Ferraz sitúan a los socialistas en esos registros. Pocos días antes, el 22 y en hora de máxima audiencia, reconoció ante el presentador Marc Giró en La Sexta que “necesitamos [por Renfe] trenes nuevos y acabar las obras y, mientras tanto, vamos a sufrir un poco”. Renfe firmó cinco días después un pedido de 1.218 millones de euros compuesto por 30 trenes Velaro Novo de Renfe. El tan esperado refuerzo. También iba a llegar el golpe de Urda. En el mismo programa de marcado tono humorístico, en el que reveló la fuerte influencia de su madre en muchas de las decisiones de su juventud, se permitió bromear sobre las incidencias de la operadora pública. En las redes y foros políticos saltaron chispas. La actitud desafiante de Puente tiene mucho de pose y paraguas defensivo. “Va de Harry El Sucio, pero es pura fachada”, piensa un miembro de la ejecutiva federal. En el ministerio, un alto funcionario de los que ha tratado con ministros desde Álvarez Cascos afirma que “la fiera gana mucho en la distancia corta”. Puente llegó a Transportes tres años atrás sin lazos personales con jefes, técnicos ni el resto del funcionariado. Prácticamente sin equipo, y con la casa ciertamente por ordenar después de la etapa de José Luis Ábalos. Hasta los presidentes de poderosas empresas públicas vieron difícil ganarse el favor del nuevo jefe en las primeras fechas del mandato. Temían que pasara el rodillo. Pero el elefante se movió con sigilo en la cacharrería. “En el anterior accidente Óscar lo pasó fatal y ahora también está hecho polvo. Aparenta ser una persona fría, pero en realidad se esfuerza en controlar sus emociones en público”, refiere un dirigente de Castilla y León que le conoce de sus tiempos de militante de base. Donde casi no lo logró y a duras penas contuvo las lágrimas fue en el homenaje que el PSOE rindió en julio a Manuel Escudero, presidente de la Fundación Avanza, el think tank vinculado a los socialistas. “Aparte de que es muy metódico y exigente, su etapa de actor de teatro le sirve para guardar la calma en situaciones de muchísima presión”, interviene otro mando de su federación. Antes de dar el salto a la política —aparte de ministro, su gran éxito fue ser alcalde de su ciudad de 2015 a 2023—, Puente compaginó sus estudios de Derecho con una carrera de 11 años en los escenarios. Su papel en El avaro de Molière, entre otras obras, le llevó a lo largo de 500 funciones por teatros de Valladolid, Madrid y hasta París. La caída de este alfil sería un trofeo para el PP. Génova ha dejado claro que lo considera una pieza de caza mayor. Los populares iniciaron la precampaña con un vídeo en el que se burlaban de una lesión que el socialista sufrió en 2023 un mes antes de las elecciones municipales. En el vídeo, grabado a escondidas, Puente lloraba del dolor tras romperse el cuádriceps de la pierna derecha durante la visita a unas obras. Le pusieron 16 grapas en la pierna. “Si nos quedamos sin Óscar nos quedamos sin un activo justo en la recta final. Le echaríamos de menos, porque no le da miedo ir al choque con la derecha. Al revés”, opina un alcalde de una gran ciudad. La cosa cambia cuando lo hace dentro del PSOE, como cuando arremetió contra Eduardo Madina por cuestionar la reacción tardía en la crisis de Ceuta. “Lo que te duele es el baño que te dio Pedro. ¡Para lo que has quedado!”, cargó en septiembre contra el aspirante a liderar a los socialistas en las primarias de 2014. Otra de sus dianas internas habituales ha sido Emiliano García-Page, del que estos días hasta los más sanchistas destacan su gestión y cercanía. El presidente de Castilla-La Mancha le recibió el miércoles en el Puesto de Mando Avanzado en Urda, en la zona cero. La catástrofe no dejó espacio a las rencillas. Lo mismo ha pasado con los zascas made in Puente en redes sociales. Hiperactivo en X, donde ha llegado a tuitear 20 mensajes al día, desde el accidente solo ha escrito tres. El último contiene un enlace a su comparecencia del viernes. La sombra del periodo de Ábalos en el Ministerio ha marcado su gestión durante muchos meses en Transportes. Llegó el 21 de noviembre de 2023 con el antecedente de remunicipalizar el servicio de abastecimiento de agua en Valladolid, aterrizando en Madrid poco menos que como un potencial enemigo de lo privado. “España es un país que tiene que hacer la transición hacia una movilidad sana, sostenible y segura lo antes posible. Tiene que hacerlo a alta velocidad. Ese es mi principal propósito”, dijo cuando tomó la cartera que le pasaba Raquel Sánchez. La seguridad ha fallado en el modo ferroviario de forma letal. La relación con los sectores que atañen a su cartera ha tenido sus más y sus menos. Al gigante Ryanair lo tiene calificado poco menos que de pirata del aire por su insoportable y nada educada presión para una rebaja de tarifas (también por su marcha del aeropuerto de Valladolid), y a Ouigo la acusó de querer tumbar a Renfe con una guerra de precios en la alta velocidad. “Es la primera vez que nos reprochan tener precios bajos”, llegó a decir en plena refriega, en marzo de 2024, el entonces presidente de la operadora ferroviaria de bajo coste, Alain Krakovitch. En Europa también se las ha tenido con Francia, por no estar a la altura en el proyecto de conexión transfronteriza de las líneas ferroviarias; con Hungría, cuando paró la compra de la estratégica Talgo por una cuestión de interés y defensa nacional, o ha exigido en la Comisión Europea que la industria del ferrocarril se concentre para ganar en competitividad. Mensaje que no cae bien entre los ultradefensores de la competencia. Tras el caso de las mascarillas, millones compradas desde Transportes, y los audios de la trama de Santos Cerdán, Puente ha querido mostrarse aséptico en la relación con el sector privado. “Se interesa por los temas hasta el último detalle y es muy ejecutivo, también algo inflexible”, relata el presidente de una importante constructora, “de relación personal, poco o nada”. A Puente no le tembló la mano para aprobar una modificación de la contratación pública del mantenimiento de carreteras que objetivara las adjudicaciones y cerrara ventanas a posibles corruptelas: “No queda más remedio”, dijo en un foro de ingenieros. En el Congreso y Senado, ha puesto “frente al espejo”, solía decir, a quien le salía al paso. Un pimpampum en el que las bolas más duras las terminaba lanzando el ministro. En el PSOE dudan de que Puente sea capaz de enterrar el hacha a las puertas del 29-N y, como en la dana, sacar su lado más institucional y didáctico. Hace justo dos años el ministro aparcó las broncas con la oposición y los enfrentamientos públicos con ciudadanos críticos y se volcó en la reconstrucción. Entonces pasó de ser el pararrayos del Gobierno a acaparar elogios y alabanzas por compartir información rigurosa y detallada. “El contexto era muy diferente. El señalado por la gestión era [Carlos] Mazón y ahora no es así. Y no estábamos a cuatro semanas de unas generales”, diferencia un líder autonómico socialista. Puente no se engaña: “Sé el calvario que me espera”. Para calvario el de las víctimas, ha resonado en tertulias de radio y televisión millonarias en audiencia. El 15 de noviembre es su cumpleaños, en plena campaña electoral. Puente es el cabeza de lista por Valladolid, donde la semana pasada ejerció de anfitrión de Sánchez en la Cúpula del Milenio. Ahora en cambio ya no ve esencial su participación en la campaña. “Es que nadie se lo imagina dando un mitin, antes te esperas a Zapatero”, dice, medio en broma medio en serio, un presidente de Diputación. Todo dependerá del animo con que Puente se encuentre. Y de si la crisis es insalvable. “Soy una persona muy pequeña para el proyecto político del que formo parte. Si yo creyera que mi continuidad le perjudica, no tengan ninguna duda de que habría dado un paso al lado”, fue directo al grano en su comparecencia multitudinaria en el Ministerio. Como siempre, con un punto retador. Librando el que quizás sea su último gran combate en el Club de la Lucha.