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El ADN del Madrid sale intacto

Resumen

Ya había avisado Sergio Scariolo que no iban a “salir de víctimas” a la final de la Euroliga por muchas bajas que golpearan a su juego interior y por muchas estrellas que coleccionara su oponente. Explicaba el italiano que “el ADN del Real Madrid” no le permite colgar esa etiqueta. El ADN del Madrid está más que comprobado a lo largo de la historia. En su último título continental tampoco salió como favorito ante el Olympiacos y se llevó el trofeo a casa con aquella canasta de Sergio Llull.

Ya había avisado Sergio Scariolo que no iban a “salir de víctimas” a la final de la Euroliga por muchas bajas que golpearan a su juego interior y por muchas estrellas que coleccionara su oponente. Explicaba el italiano que “el ADN del Real Madrid” no le permite colgar esa etiqueta. Ni tampoco el suyo propio. El ADN del Madrid está más que comprobado a lo largo de la historia. No hace falta irse muy lejos. En su último título continental tampoco salió como favorito ante el Olympiacos y se llevó el trofeo a casa con aquella canasta de Sergio Llull. El ADN de Scariolo también tiene múltiples antecedentes. Recuerden el último Eurobasket y el último Mundial que conquistó con la Selección. No importa el rival que tengas enfrente, no importan las desgracias que arrastres. Las finales se ganan o se pierden dentro de la cancha, no en una casa de apuestas. Ese fue el espíritu que el técnico inculcó al equipo. Y ese fue el espíritu que desplegó el Madrid en el OAKA.

El ADN del Real Madrid sale intacto de Atenas. Y también el de Scariolo. A toro pasado se pueden poner excusas. Principalmente, las bajas de sus tres pívots: Edy Tavares, Alex Len y Usman Garuba. O también las extrañas decisiones arbitrales de los últimos minutos. Pero nunca antes de la final. Ni tampoco durante. Los blancos pelearon con honor hasta el final. Sin lamentos. Tomaron una ventaja de 12 puntos al inicio del partido para dejar claro al Olympiacos que habían venido a competir. Que eran el Madrid. A 2:12 minutos, el duelo estaba igualado (80-80). Y a falta de 18 segundos, Andrés Feliz tuvo un triple para volver a empatar después de un rebote ofensivo de Trey Lyles. Sí, han leído bien: un rebote ofensivo. Sin pívots.

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Cuando se pierde una final, hay poco consuelo. Y menos en un equipo al que solo le sirve ganar. El rey de Europa con once coronas. Pero, puestos a perder, mejor hacerlo con orgullo. El Madrid sacó “el carácter”, como había anunciado Scariolo. Y tuvo la oportunidad de levantar la Duodécima. Eso es lo que exige su ADN.

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