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"Vinicius: ya asoma el punto de no retorno"

Resumen

LLo que empezó como un trámite, renovar a uno de los futbolistas franquicia y blindar la joya, se ha estirado tanto que ya asoma el punto de no retorno. El próximo 1 de enero, el brasileño quedará libre para negociar con quien quiera. Acaba contrato en junio de 2027, y en el Real Madrid saben que un activo así no se deja marchar gratis: si no hay acuerdo, este verano habrá que venderlo. Cuesta creer que se haya llegado hasta aquí.

LLo que empezó como un trámite, renovar a uno de los futbolistas franquicia y blindar la joya, se ha estirado tanto que ya asoma el punto de no retorno. El próximo 1 de enero, el brasileño quedará libre para negociar con quien quiera. Acaba contrato en junio de 2027, y en el Real Madrid saben que un activo así no se deja marchar gratis: si no hay acuerdo, este verano habrá que venderlo. No por deseo, sino por aritmética. Cuesta creer que se haya llegado hasta aquí. Porque la de Vini es, ante todo, una historia de superación. Llegó en 2018 entre dudas, con más descaro que acierto, fallando ocasiones que hoy resolvería con los ojos cerrados. Se sobrepuso a las críticas, el sambenito de eléctrico sin rumbo, las tardes en que el Bernabéu contenía el aliento cuando encaraba. Y a base de trabajo, de fe en sí mismo y de un club que lo protegió contra viento y marea, se transformó en uno de los tres mejores futbolistas del planeta. Esa parte de la película es intachable. La otra es más incómoda. Porque el mismo proceso que lo hizo grande lo hizo también consentido. Y hay una fecha que lo explica todo: octubre de 2024, aquel mediodía en que la comitiva blanca se bajó del avión rumbo a París al saber que el Balón de Oro no sería para Vini. El club se dejó jirones de prestigio en aquel plantón. Pero, sobre todo, le tendió al brasileño una alfombra roja de la que ya no resulta fácil sacarlo. Por eso Vini, a sus 26 años, está ante la decisión de su vida. Es el contrato que marcará su destino como futbolista ya maduro. Y la dicotomía no es fácil de responder. ¿Pesará más el agradecimiento al club que apostó por él, que lo defendió, que lo encumbró? ¿O pesará más el hecho de no ser el mejor pagado de la plantilla desde que Mbappé aterrizó en el vestuario y los cantos de sirena de la Premier? Sus detractores lo llamarán ego, sin más. Sus agentes dirán que es una cuestión de estatus. Y mientras Vini se pone de puntillas para intentar vislumbrar qué hay detrás de esta gran encrucijada profesional, el tablero se sigue moviendo. Rodri, que se llevó aquel Balón de Oro de París, puede aterrizar ahora en el Bernabéu como el fichaje más deseado. La vida, que es irónica, coloca a los dos protagonistas de aquella noche en el cruce de caminos. Vini decidirá. Pero hará bien en recordar que, como ocurrió con Cristiano Ronaldo o con Sergio Ramos, las alfombras rojas, tarde o temprano, alguien las enrolla. l