Cómo viajar en clave sostenible
ResumenViajar puede ser una forma de entender cómo viviremos en el futuro. Destinos pensados para el placer, para comer bien, para un ritmo lento, para perderse por un paisaje sin domesticar, que, además, están construidos sin apenas consumir, sin desplazar un solo olivo centenario, sin imponerse al terreno que ocupan. Edificios que generan su propia electricidad, hoteles que se disuelven entre pinos y acantilados, pueblos de montaña levantados con la madera del bosque de al lado. Este verano, algunos de los lugares más interesantes para observar esa transformación están en los grandes centros de la arquitectura mundial, pero también en valles alpinos, barrios experimentales, paisajes mediterráneos o ciudades del desierto, y todos ellos, además, son destinos de vacaciones por derecho propio.
Viajar puede ser una forma de entender cómo viviremos en el futuro. Destinos pensados para el placer, para comer bien, para un ritmo lento, para perderse por un paisaje sin domesticar, que, además, están construidos sin apenas consumir, sin desplazar un solo olivo centenario, sin imponerse al terreno que ocupan. Edificios que generan su propia electricidad, hoteles que se disuelven entre pinos y acantilados, pueblos de montaña levantados con la madera del bosque de al lado. Este verano, algunos de los lugares más interesantes para observar esa transformación están en los grandes centros de la arquitectura mundial, pero también en valles alpinos, barrios experimentales, paisajes mediterráneos o ciudades del desierto, y todos ellos, además, son destinos de vacaciones por derecho propio. José Luis Manceras, director de NO Arquitectura, estudio centrado en la salud y el confort natural de los hogares, recomienda empezar por Oslo, donde el edificio Vertikal Nydalen aplica lo que el sector llama la "solución triple cero". No requiere comprar energía externa para calefacción, refrigeración ni ventilación, gracias a un diseño bioclimático extremo combinado con pozos geotérmicos. Es la prueba de que el rascacielos, símbolo del derroche energético, puede convertirse en su contrario. La capital noruega suma otros ejemplos de esta línea de investigación: el barrio de Bjørvika concentra proyectos como Powerhouse Telemark o el complejo Barcode, y la iniciativa FutureBuilt ha impulsado decenas de construcciones de bajas emisiones que convierten la ciudad en un laboratorio urbano. Entre visita y visita, el paseo por el fiordo, el museo Munch y las terrazas de Grünerløkka completan una escapada que no necesita de coche. De Noruega, Manceras salta a dos destinos españoles que conoce bien. El primero es Six Senses Ibiza, en las Islas Baleares, certificado bajo el estándar internacional Breeam tras reducir casi un 40% sus emisiones de carbono mediante diseño pasivo y una operativa circular. "El verdadero lujo hotelero ya no reside en la ostentación, sino en la pureza del entorno y la salud del usuario", resume el arquitecto, para quien estas métricas confirman que la mejor arquitectura cuida a la vez el entorno y el bienestar del huésped. El enclave, en el norte de la isla, permite combinar la arquitectura con calas poco frecuentadas y atardeceres en Benirrás. El segundo destino es el Vivood Landscape Hotel, en el Valle de Guadalest (Alicante), un "hotel paisaje" cuya arquitectura modular se apoya sobre ligeros pilotes para mantener intactos el ecosistema mediterráneo y la escorrentía de la montaña. Ocupa un 7,22% de la parcela, y durante las obras se trasplantaron, en lugar de talarse, todos los olivos centenarios que interferían con el proyecto. Manceras ve en él la materialización de la "no arquitectura". Aquella que preexiste sin arquitecto -el sol, las brisas, la flora autóctona- y solo exige la humildad de intervenir lo estrictamente preciso, "como un ejercicio de acupuntura del paisajismo que nos reconecta con nuestra esencia". El castillo de Guadalest, colgado sobre la roca, y las rutas de senderismo hasta el embalse cercano completan la escapada. Sonia Hernández-Montaño, arquitecta de Arquitectura Sana, especializada en bioconstrucción, traslada la conversación a los Alpes, donde Grisones (Suiza) y Vorarlberg (Austria) demuestran que la sostenibilidad también es cuestión de materiales y cultura local. En Vrin, la obra de Gion A. Caminada recupera técnicas alpinas y el uso de la madera para revitalizar comunidades de montaña. El viaje se completa en un valle cercano con las termas de Vals, de Peter Zumthor, y con rutas de senderismo de alta montaña que en verano quedan libres de nieve. En Vorarlberg, los edificios públicos en madera local conviven con queserías artesanales y mercados de pueblo; allí trabaja también Martin Rauch, investigador de la construcción con tierra, cuyo taller ,visitable con cita previa, reúne ejemplos de tapia recuperada en escuelas y museos. Hernández-Montaño añade el barrio de Vauban, en Friburgo (Alemania), paradigma del urbanismo sostenible europeo por su movilidad sin coches, sus edificios pasivos y su autoproducción de energía. El viaje se completa con una excursión a la Selva Negra, sus rutas de cicloturismo entre viñedos y las cervecerías al aire libre del casco antiguo friburgués. Cierra su selección en el desierto con Nueva Gourna, en Egipto, obra de Hassan Fathy, pionero del adobe, los patios y los sistemas pasivos de refrigeración, que rechazó los modelos occidentales y enseñó a los propios habitantes a autoconstruir sus viviendas. La visita se combina de forma natural con Luxor, el Valle de los Reyes y un crucero al atardecer por el Nilo. Lo que une a los fiordos noruegos, el Mediterráneo español, los valles alpinos, un barrio alemán y el desierto egipcio no es la geografía, sino un mismo criterio de construir con lo que el lugar ya ofrece, desde el sol, el viento y la tierra a la madera del bosque más próximo, en vez de imponer sobre él soluciones ajenas. Manceras y Hernández-Montaño coinciden en que estos destinos no son una rareza para turistas iniciados, sino un adelanto de lo que el turismo de calidad exigirá muy pronto. Lugares donde descubrir cómo la arquitectura puede cuidar el planeta sin renunciar a la belleza. Oslo, capital de la sostenibilidadEl edificio Vertikal Nydalen se levanta en el barrio de Nydalen, junto al río Akerselva, sin una sola caldera ni un solo aparato de aire acondicionado en su interior.El edificio Vertikal Nydalen se levanta en el barrio de Nydalen, junto al río Akerselva, sin una sola caldera ni un solo aparato de aire acondicionado en su interior. La fachada capta la ventilación natural del fiordo y un sistema de pozos geotérmicos hace el resto. Alrededor, el barrio de Bjørvika y sus terrazas frente al agua completan la jornada. En pleno verano nórdico, el sol se pone pasada la medianoche y deja horas de sobra para recorrer la ciudad a pie o en bicicleta. Ibiza, lujo sin ostentaciónSix Senses Ibiza ocupa un acantilado en el norte de la isla, lejos del circuito de discotecas, certificado bajo el estándar Breeam tras reducir casi un 40% sus emisiones de carbono. Materiales locales, huertos propios y diseño pasivo sustituyen al mármol y al cristal, sin renunciar a la exclusividad. A pocos minutos, las calas de Xarraca y Benirrás ofrecen atardeceres sin aglomeraciones en uno de los destinos estivales por excelencia como es Ibiza, donde lujo y discreción conviven con naturalidad. Guadalest, construir respetando el paisajeEl Vivood Landscape Hotel se apoya sobre pilotes en la ladera de un valle alicantino, ocupando apenas un 7,22% de su parcela. Durante la obra, los olivos centenarios que estorbaban al proyecto no se talaron: se trasplantaron. Desde las habitaciones, con piscina privada orientada al valle, se domina el castillo de Guadalest, colgado sobre la roca a pocos kilómetros. El embalse cercano permite rutas de senderismo y baño en agua dulce durante todo el verano. Austria entre tradición e innovaciónEn la región austriaca de Vorarlberg, escuelas, museos y edificios institucionales se construyen con tapia, la técnica de tierra prensada que investiga el arquitecto Martin Rauch desde su taller, abierto al público con cita previa. Alrededor de ellos, granjas y queserías artesanales mantienen vivo un paisaje de valles verdes y montañas medias. La colaboración entre arquitectos y artesanos locales ha convertido la región en referencia europea de la construcción con tierra, visitable en rutas de un día desde Bregenz o Dornbirn. Los Alpes de la madera y la tierraEn Vrin, en los Grisones suizos, Gion A. Caminada ha levantado escuelas y viviendas con madera del bosque contiguo, revitalizando un pueblo que llevaba décadas despoblándose. A poca distancia, las termas de Vals de Peter Zumthor combinan piedra local y agua caliente en uno de los edificios más visitados de Suiza. En verano, sin nieve, la zona se convierte en destino de senderismo de alta montaña, con rutas que arrancan directamente desde los pueblos. Friburgo sin cochesEl barrio de Vauban, en Friburgo, se diseñó sin plazas de aparcamiento para vehículos privados, con edificios pasivos que producen más energía de la que consumen. La participación vecinal marcó cada fase del proyecto, desde la disposición de las calles hasta los huertos comunitarios. A las puertas de la Selva Negra, el barrio conecta con rutas de cicloturismo entre viñedos y pueblos con cervecerías al aire libre, ideales para completar una escapada veraniega sin motor. El desierto como ejemplo de diseñoNueva Gourna, en Egipto, es la obra más conocida de Hassan Fathy, que enseñó a los propios habitantes a levantar sus casas con adobe, patios y cúpulas orientadas para capturar la brisa. Ningún aire acondicionado enfría estas viviendas: lo hace el propio diseño. La visita se combina con Luxor y el Valle de los Reyes, a un corto trayecto en coche, y con un crucero al atardecer por el Nilo, cuando el calor del día empieza a ceder.