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«A la mierda la dieta. Si esperas a adelgazar para respetar tu cuerpo, cometes un error»

Resumen

Millones de mujeres tienen una relación conflictiva con la comida, el cuerpo y el ejercicio. Detrás de esta realidad hay sufrimiento y mucha frustración. La obsesión por adelgazar, por la clasificación de los alimentos entre 'buenos' y 'malos', ... por probar múltiples dietas ante el miedo constante a engordar o la convicción de que la felicidad llegará cuando alcancen determinado peso supone un quebradero de cabeza varias veces al día, a la hora de afrontar cada ingesta.

Millones de mujeres tienen una relación conflictiva con la comida, el cuerpo y el ejercicio. Es un secreto a voces. ¡A gritos! Detrás de esta realidad hay sufrimiento y mucha frustración. La obsesión por adelgazar, por la clasificación de los alimentos entre 'buenos' y 'malos', ... por probar múltiples dietas ante el miedo constante a engordar o la convicción de que la felicidad llegará cuando alcancen determinado peso supone un quebradero de cabeza varias veces al día, a la hora de afrontar cada ingesta. Sin embargo, la nutricionista Julia Fernández-Renau se manifiesta muy clara en su último libro: 'A la mierda la dieta'. Asegura a ABC que anima a dejarlas porque, si las dietas funcionaran, solo habría que hacer una en toda la vida. «Y no es así -advierte-. La mayoría de mujeres que se han puesto a dieta las han hecho todas: la de los puntos, la del melón, la Dukan... Y, aún así, siguen sin conseguir su objetivo.—¿Por qué? —Porque el problema no es que les falte fuerza de voluntad, sino que las dietas no solucionan el problema de fondo. De hecho, creo que forman parte de él, porque priorizan la estética por encima del bienestar. Hemos asociado perder peso con estar más sanas y, muchas veces, conseguimos justo lo contrario. De cada dieta sales con más hambre, con menos confianza en ti misma y con más miedo a la comida.Noticia relacionada general No No Cómo desinflamar el cuerpo en 5 semanas Laura Peraita—¿Por qué ese ansia de ponerse a régimen y mejorar físicamente según los cánones de belleza y no tanto por salud?—Mantener una dieta nos lo han vendido como un signo de disciplina y de fuerza de voluntad. Por eso, cuando alguien consigue seguirla o adelgazar, recibe halagos y reconocimiento. Y claro, ¿quién no quiere un poco de validación social? El problema es que hemos acabado ligando la nutrición a la estética, en lugar de al bienestar. Cuando durante años te han dicho que evites lo que 'engorda' y comas lo que 'adelgaza', es normal que acabes mirando los alimentos pensando en cómo van a cambiar tu cuerpo, en vez de preguntarte qué es lo que realmente te viene bien comer por tu salud.—¿Cuáles son, entonces, las mentiras de 'la cultura de la dieta'?—En mi libro señalo cuatro principales, pero hay muchas. En primer lugar que las dietas funcionan. Como ya he dicho, si funcionaran solo te haría falta hacer una en toda tu vida. En segundo, que que hay alimentos buenos y malos. Es cierto que hay alimentos más o menos nutritivos, pero ponerles esa etiqueta hace que acabemos teniendo una relación más difícil con ellos. Además, el contexto también importa. Una hamburguesa con tus amigas puede aportarte mucho más bienestar que una ensalada que eliges únicamente por miedo a las calorías. En tercer lugar destacaría 'adelgazar te hará feliz'. Nos han vendido que perder peso es la solución a todos nuestros problemas, pero si no trabajas tu relación con la comida y con tu cuerpo, adelgazar no va a resolver ese malestar. De hecho, probablemente si piensas en una versión más delgada de ti, recordarás que en aquel momento tampoco eras tan feliz como pensabas que serías. Tu valor depende de tu cuerpo. Este mensaje nos acompaña desde muy pequeñas. Los halagos suelen ir dirigidos a nuestro físico y así aprendemos que lo importante es estar guapa... y también delgada. Y esto último lo aprendes muy rápido, porque si en algún momento engordas, esos halagos brillan por su ausencia.El 'ideal' de la delgadez está en todas partes—¿Qué provoca que tantas mujeres sigan vinculando su autoestima al tamaño y peso de su cuerpo?—Las principales culpables de esto son la cultura de la dieta y la presión estética. Como decía antes, la validación social que recibimos las mujeres sigue estando muy ligada a nuestro físico y, en concreto, a un ideal de belleza muy claro: la delgadez.   Ese ideal está en todas partes: en las películas, en los anuncios, en las revistas o en las redes sociales. Desde que somos pequeñas recibimos el mensaje de qué cuerpos están 'bien' y cuáles no, y acabamos creyendo que ese es el cuerpo al que deberíamos aspirar.—Y si no se hace dieta, ¿cómo se puede perder peso?—La cosa es, ¿para qué quieres perder peso? Creo que esa es la pregunta que deberíamos hacernos antes de empezar otra dieta. Muchas veces pensamos que adelgazar va a hacer que nos sintamos mejor, que seamos más ágiles o que estemos más sanos. Pero no siempre es así. Pregúntate: ¿qué hay realmente detrás de tu deseo de adelgazar? Quizás lo que quieres es poder subir las escaleras hasta tu casa sin ahogarte. ¿Qué sería lo más eficiente para conseguirlo? Empezar a subir escaleras poco a poco, haciendo las pausas que necesites hasta que cada vez te cueste menos. No tendría mucho sentido ponerte a dieta, bajar de peso y solo entonces empezar a subir escaleras, ¿no? Creo que muchas veces esperamos a adelgazar para empezar a hacer cosas que podríamos empezar hoy. En lugar de pensar que primero tienes que cambiar tu cuerpo para después vivir mejor, pregúntate qué puedes empezar a hacer ya para acercarte a ese objetivo. Deja de posponer tu vida para cuando adelgaces.«Desde que somos bebés aprendemos que la comida nos calma. Es normal que la asociemos con el consuelo o el bienestar»—¿Por qué se domina tan poco el hambre emocional, hace tanto daño y genera tanta culpa? Y eso que asegura que no es malo «¡En absoluto!».—Nos hace daño porque nos han pintado el hambre emocional como el mismísimo demonio. Pero la realidad es que todos tenemos hambre emocional y siempre vamos a tenerlo, así que no se trata de combatirla. Desde que somos bebés aprendemos que la comida también calma. Cuando un bebé llora, muchas veces lo primero que hacemos es darle de comer. Así que es completamente normal que también asociemos la comida con el consuelo o el bienestar. Ahora bien, cuando ya tienes una mala relación con la comida, el hambre emocional puede complicarte un poco más la vida. Si llevas tiempo restringiendo, comiendo menos de lo que necesitas o prohibiéndote determinados alimentos, es mucho más probable que, en un momento de tristeza, estrés o ansiedad, acabes arrasando con ellos. Pero el problema no es el hambre emocional, sino la relación que tienes con la comida.—Asegura que 'tienes que darte permiso a comer tus alimentos prohibidos'. ¿Por qué prohibir determinados alimentos suele generar el efecto contrario al que se busca?—Porque nuestro cerebro no funciona bien con la prohibición. Cuando te dices «esto no lo puedo comer», ese alimento gana valor, ocupa más espacio en tu cabeza y es mucho más probable que, cuando por fin te lo permitas, acabes comiéndolo con ansiedad o incluso dándote un atracón. En cambio, cuando sabes que puedes comerlo siempre que te apetezca, deja de estar en un pedestal. Pierde ese efecto de «última oportunidad» y resulta mucho más fácil decidir si realmente te apetece, cuánto quieres comer y cuándo. Darte permiso no significa comer sin límites. Significa quitarle el poder a la prohibición para poder relacionarte con la comida desde la elección y no desde el impulso.Darte permiso para comer—¿Cuál es la clave para reconciliarse con la comida?—No hay una clave mágica. Reconciliarte con la comida es un proceso que lleva tiempo, pero también es muy liberador, y creo que hacerlo de la mano de un profesional es fundamental. Si tuviera que resumirlo en unos pocos pilares, diría que pasa por volver a escuchar las señales de tu cuerpo para poder atender sus necesidades, dejar de restringirte y darte permiso para comer de todo.—Habla del concepto de 'permiso' para comer. ¿Por qué es tan revolucionario algo que, en teoría, debería ser natural?—Darse permiso para comer se ha convertido en algo revolucionario en un mundo que constantemente nos dice que deberíamos adelgazar. Si desde pequeña ves a tu madre, a tu abuela o a tu tía haciendo dieta, acabas creyendo que lo normal es restringirse para estar delgada. Y ahí puede empezar una mala relación con la comida.—¿Cómo se puede construir una alimentación equilibrada sin caer en el perfeccionismo ni en el control obsesivo?—Como digo en el libro, creo que es mucho más sano (sobre todo para tu cabeza) centrarte en qué puedes añadir a tu alimentación en lugar de en qué tienes que eliminar. ¿Qué alimentos podría incorporar para hacerla más nutritiva? ¿A qué grupo de alimentos quizá no le estoy prestando tanta atención y me vendría bien darle más protagonismo? Creo que esas preguntas son mucho más útiles que obsesionarte con todo lo que «no hay que comer». Porque una relación sana con la comida necesita flexibilidad, no normas rígidas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «El yoga nos enseña a tratarnos con más amabilidad y menos estrés» noticia Si La OCU alerta sobre los parches adelgazantes falsos que proliferan en internet noticia Si Cómo adaptar el ejercicio y descansar mejor con temperaturas altas—¿Qué significa tener respeto por tu cuerpo? ¿Cómo conseguirlo?—Significa que, aunque ahora mismo quizá no te guste físicamente, decides cuidarlo, nutrirlo y tratarlo con el cariño que merece. Es un error pensar que hay cuerpos que merecen respeto y otros que no, o que primero tienes que adelgazar para empezar a respetarte. Eso forma parte del problema. Simplemente por existir, tu cuerpo ya merece respeto. Y creo que uno de los primeros pasos para conseguirlo es dejar de restringirlo, dejar de ponerlo a dieta, empezar a aceptar tu propia constitución y darte cuenta de todo lo que hace por ti cada día.