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Expansión ·

Abascal agua la fiesta a Moreno y nuevo batacazo de Sánchez

Resumen

Juanma Moreno ganó ayer ampliamente las elecciones al Parlamento de Andalucía, pero no consiguió repetir la mayoría absoluta a la que aspiraba y que abriría las puertas a dejar de depender de Vox. El partido de Santiago Abascal aguó la fiesta al PP, al que meterá en "un lío". Muy representativo el enorme batacazo del PSOE, el cuarto en las elecciones regionales celebradas en los últimos seis meses y que hay que atribuir a la política nacional de Pedro Sánchez, que envió a su vicepresidenta, María Jesús Montero al matadero. La sorpresa vino también por la gran subida de la izquierda regional, representada por Adelante Andalucía.

Juanma Moreno ganó ayer ampliamente las elecciones al Parlamento de Andalucía, pero no consiguió repetir la mayoría absoluta a la que aspiraba y que abriría las puertas a dejar de depender de Vox. El partido de Santiago Abascal aguó la fiesta al PP, al que meterá en "un lío". Muy representativo el enorme batacazo del PSOE, el cuarto en las elecciones regionales celebradas en los últimos seis meses y que hay que atribuir a la política nacional de Pedro Sánchez, que envió a su vicepresidenta, María Jesús Montero al matadero. La sorpresa vino también por la gran subida de la izquierda regional, representada por Adelante Andalucía. Andalucía, con 6,8 millones de posibles votantes, 370.000 de ellos nuevos, es la comunidad más poblada y la que tiene más paro, cinco puntos más que la media nacional. Ha sido históricamente el principal granero de votos socialistas, que le ha llevado a gobernar durante 38 años. Sin embargo, el aumento de la participación en más de siete puntos respecto a las anteriores elecciones no ha conseguido movilizar al electorado del PSOE. Los resultados confirman un triunfo holgado del PP, que con el 41% de los votos obtiene 53 escaños, dos menos de la mayoría absoluta y cinco menos de los 58 logrados en 2022. Moreno se ha quedado a muy poco de repetir la mayoría absoluta, pero su competencia de la derecha radical ha conseguido mantener el tipo, con casi un 14%, ganando un escaño hasta los 15. La suma de ambos supone que el 55% de los andaluces han votado a las derechas y auguran la formación de un gobierno en poco tiempo. En estos casos, se suele hablar de victoria amarga, porque tanto el candidato en Andalucía, como Alberto Núñez Feijóo confiaban en deshacerse del yugo de Vox y volver a gobernar en solitario otros cuatro años. Habrá que esperar a conocer las condiciones de Abascal para apoyarle en la investidura. El partido de ultraderecha tenía muy claro que su objetivo no era tanto subir en votos sino, sobre todo, impedir la mayoría absoluta del PP y seguir siendo imprescindible para la formación del nuevo gobierno. La "prioridad nacional" ha surtido efecto en algunas provincias, especialmente en Almería, en donde el partido verde ha superado a los socialistas, convirtiéndose en la segunda fuerza en una zona con una gran población inmigrante. El PSOE ha sufrido el mayor batacazo de su historia, quedándose por debajo del 23% de los sufragios y 28 asientos en el Parlamento, dos menos que los 30 de 2022. Un fracaso sin paliativos que, no por esperado, supone una auténtica alerta roja para un partido históricamente hegemónico en Andalucía. María Jesús Montero ha hecho una campaña nefasta y los socialistas han vuelto a encontrarse con una hecatombe similar a los de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Es indudable que el voto de castigo no ha ido solo a la candidata, sino también al secretario general del partido. Sánchez debería reflexionar sobre sus políticas que le están llevando a perder el poder regional en todas partes. Sin embargo, desde Ferraz ayer por la noche se negaban a hacer autocrítica tras el nuevo fracaso y se mostraban satisfechos de que el PP no haya conseguido la mayoría absoluta. La izquierda regionalista, como ya ocurrió en Aragón, resurge con fuerza, hasta el 9,6% de las papeletas, 400.000 sufragios y 8 escaños, empujado por el voto joven. Adelante por Andalucía casi dobla en escaños a Por Andalucía, la coalición de Sumar, Izquierda Unida y Podemos. Un castigo a los socios del Gobierno de España, similar al recibido por la hasta hace muy poco vicepresidenta primera, María Jesús Montero. En La Moncloa deberían reflexionar sobre los duros castigos electorales recibidos, aunque no parece que lo vayan a hacer. Desde los púlpitos socialistas y de los partidos soberanistas que les apoyan en el Parlamento ya se intentaba ayer por la noche sacar partido de los buenos resultados de Adelante por Andalucía, lanzando la idea de que es el momento de relanzar la España plurinacional como vía para recuperar una mayoría cuando se celebren las elecciones generales, probablemente el próximo año. Algo que ya había anticipado en mi columna de la semana pasada. Pero esa nueva deriva confederal, que se confirmará esta misma semana con la presentación de los Presupuestos en Cataluña, de la mano del PSC y ERC, no debería hacer olvidar el descenso en picado del partido que lidera el "gobierno de coalición progresista". Los socialistas están caída libre, sin que Pedro Sánchez tenga intención de hacer autocrítica ni de cambiar de rumbo. Su único objetivo es aguantar en el poder hasta el final de la legislatura, a cualquier precio. Sus portavoces políticos y mediáticos insistían ayer en que no se pueden extrapolar los resultados de Andalucía a nivel nacional. Lo mismo que hicieron tras los fracasos en las otras tres comunidades autónomas. Pero es una tendencia imparable, que se agudizará por los casos de corrupción que afectan al gobierno, el partido y la familia del presidente.