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ABC ·

Las hijas asesinas

Resumen

En las mesas de novedades de este año ha ocurrido una pequeña casualidad literaria. Tres novelas ('La hija', 'La hija del Fénix' y ' La hija del carnicero ') se miran entre sí. La literatura, me parece, funciona aquí como un sismógrafo cultural. se repiten en los títulos de los libros, algo se está moviendo bajo la superficie.

En las mesas de novedades de este año ha ocurrido una pequeña casualidad literaria. Tres novelas ('La hija', 'La hija del Fénix' y ' La hija del carnicero ') se miran entre sí. La literatura, me parece, funciona aquí como un sismógrafo cultural. Cuando ciertos conceptos ... se repiten en los títulos de los libros, algo se está moviendo bajo la superficie. Durante buena parte del siglo XX la novela fue, simbólicamente, una historia de parricidios. Las generaciones querían matar al padre: el padre político, el padre literario, el padre moral. Era el gesto de la modernidad. Pero las sociedades maduras (o cansadas) cambian de actitud. Cuando el futuro deja de ser una promesa deslumbrante, el gesto ya no es matar al padre sino buscarlo.En ese sentido nuestras novelas tienden a la Odisea. No a la de Ulises, sino a la de Telémaco. Mientras el héroe vaga por mares remotos, el hijo se queda en casa preguntando quién fue su padre y qué queda de él. Telémaco no busca destruir la figura paterna; busca reconstruirla, comprenderla, incluso imaginarla. Tal vez algo parecido esté ocurriendo ahora. En una sociedad que se percibe a sí misma como un poco huérfana de relatos comunes, de certezas, la literatura vuelve la mirada hacia la genealogía. Que ahora aparezcan las hijas no significa solo un cambio de protagonismo, sino un cambio de perspectiva. La hija no hereda el mundo tal como estaba; lo examina, lo interroga, a veces lo corrige.Quizá por eso estas tres hijas resultan tan sugerentes. Cada una a su manera intenta responder a la misma pregunta: qué significa venir de alguien. Qué significa ser hija de una historia, de una familia, de un nombre.Y en el fondo, como en los viejos poemas homéricos, la pregunta es siempre la misma: dónde está el padre. O, mejor dicho, qué hacemos nosotros con su sombra. Porque incluso cuando creemos haberlo olvidado, la literatura –esa vieja arqueóloga del alma– vuelve a encontrarlo entre las páginas. Y a veces lo hace de la forma más inesperada: poniendo a tres hijas (la del genio, la del escritor, la del oficio) juntas en las librerías.