Junts fía su resurgir al impacto de la vuelta de Puigdemont
ResumenGirona fue la ciudad escogida este sábado para arrancar en Cataluña la primera de las manifestaciones convocadas por el Sindicato de Inquilinas tras el bloqueo de los decretos de vivienda que pretendía aprobar el Gobierno y que paralizaron Junts, PP y Vox. La convocatoria no reunió a más de 700 personas, según la Policía Municipal. Este mismo año, y atendiendo a las cifras publicadas por medios locales, en Girona salió más gente a la calle en movilizaciones por Palestina, el 8-M, o para la celebración del Mundial de fútbol de la selección española. Ninguna de ellas llegó a las 10.000 que aglutinó la Diada.
Girona fue la ciudad escogida este sábado para arrancar en Cataluña la primera de las manifestaciones convocadas por el Sindicato de Inquilinas tras el bloqueo de los decretos de vivienda que pretendía aprobar el Gobierno y que paralizaron Junts, PP y Vox. La convocatoria no reunió a más de 700 personas, según la Policía Municipal. Este mismo año, y atendiendo a las cifras publicadas por medios locales, en Girona salió más gente a la calle en movilizaciones por Palestina, el 8-M, o para la celebración del Mundial de fútbol de la selección española. Ninguna de ellas llegó a las 10.000 que aglutinó la Diada. Desde 2017 se han celebrado tres elecciones para elegir presidente de la Generalitat. En Girona, Junts ha sido la fuerza más votada en todas ellas, con más del 30% de los votos. El partido saca idéntica victoria si se toma en cuenta el resultado de toda la provincia. Son varios los miembros de la cúpula de Junts per Catalunya que presumen públicamente de conocer el talante de sus votantes. Lo hace a menudo el secretario general Jordi Turull y también el adjunto a la presidencia, Albert Batet, y sobre esa idea planea construir el partido el plan de ruta que quiere aplicar tras la llegada, supuestamente inminente, de Carles Puigdemont, que fue alcalde de Girona antes que president. El partido independentista catalán afronta el retorno de su líder como un punto de inflexión. “Estamos preparados para elecciones”, aseguró este sábado Miriam Nogueras. Lo mismo ratificó Jordi Turull. El Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat (CEO), el CIS catalán, publicó este verano una encuesta que desplazaba a Junts hasta el cuarto puesto, por detrás de PSC, ERC y la fuerza de ultraderecha Aliança Catalana. JxCat perdería casi la mitad de la representación que tiene en el Parlament, obteniendo solo entre 16 y 18 escaños. Pese a que el liderazgo interno de Carles Puigdemont no conserva la inexpugnabilidad de antaño —suenan voces dentro de Junts que no tienen reparo en poner de relieve que el expresident es una figura amortizada—, sí hay coincidencia en todas las instancias, lo mismo da ayuntamientos, Parlament o Congreso, a la hora de lamentar que durante los últimos nueve años Junts ha competido con una mano atada a la espalda. Con su líder, y figura más carismática, viviendo en Bélgica para evitar ser detenido si entraba en España. El proceso de toma de decisiones se ha complicado, las reuniones telemáticas se han multiplicado pese a que, en ocasiones, era el propio Puigdemont quien no se conectaba, y la proyección pública del partido ha quedado diezmada. Muchos en Junts aseguran tener hilo directo con Puigdemont, pero nadie se atreve a avanzar qué intenciones tendrá el jefe del partido una vez que pueda moverse libremente por Cataluña, después de que este próximo martes el Tribunal Constitucional avale el despliegue completo de la ley de amnistía. A poco más de medio año para las municipales, crecen los agobios por el empuje de Aliança, que fluye en zonas como Girona, Lleida o la Catalunya central, terreno que tradicionalmente ha sido propicio para Junts, como antes lo fue para Convergència. Junts se ha impuesto darse a conocer más por los hechos que por los discursos. Altos cargos del partido indican que de esa directriz deriva la controvertida decisión de rechazar los decretos de vivienda. El propio Puigdemont criticó recientemente en las redes sociales a “los políticos reconvertidos en influencers” y a aquellos que “prefieren el eslogan al discurso”. Con él como candidato, Junts obtuvo hace dos años siete escaños y cerca de 200.000 votos, por detrás de Salvador Illa en la lista. La estrategia de Junts pasa por endurecer el tono contra el president y contra el Partido Socialista. “Es el peor presidente de la Cataluña moderna”, proclamó esta semana en el Parlament la diputada de JxCat Mònica Sales. Una puesta en escena similar adopta la formación en Madrid, donde Miriam Nogueras, una de las colaboradoras de mayor confianza para Puigdemont, lleva meses tratando de ser un látigo para el Gobierno del PSOE. El expresident no da pistas sobre cuando piensa preparar la maleta para dejar Bélgica. Se le escapó la posibilidad de hacerlo el 1 de octubre, una fecha cargada de simbolismo desde 2017, con la convocatoria del intento de referéndum independentista. Dedicó el día a preparar un escrito para su cuenta de X, donde calificó de “irresponsables” a aquellos que están al frente de la Generalitat y del Gobierno. Les acusó de tener como único interés “salvar al partido socialista”. Puigdemont les reprochó que las medidas que proponen, por ejemplo en materia de vivienda, son “nocivas”, y reveló que incluso los altos cargos de sendos gobiernos saben que no son soluciones positivas, hasta el punto de que “lo confiesan en privado”. Junts había aceptado sentarse a negociar la preparación de los decretos sobre vivienda y llegó a dar muestras que que el gesto serviría para descongelar las relaciones con el PSOE. Con una abstención bastaba. El presidente del Gobierno avanzó sentirse “razonablemente optimista”, pero el portazo final de la formación independentista terminó viniendo acompañado de acusaciones contra Sánchez. “Se ha ausentado de manera teatral del hemiciclo cuando hablaba nuestra portavoz, Miriam Nogueras”, criticó Puigdemont. “Actúa más en clave electoral que para solucionar ningún problema”, remachó la propia Nogueras. La táctica de Junts persigue ensanchar el carril central, con un relato sobre migración, vivienda y seguridad, que sea igual de válido para frenar fugas hacia la ultraderecha como para recortar distancias con los socialistas. En esta batalla, Junts administra la munición, y evita, por ejemplo, responder a los desbocados ataques que le lanza ERC a través de Gabriel Rufián. “Hace tiempo que decidimos que íbamos a Madrid a confrontar con el Estado español, no con otros independentistas. Es evidente que este no es el criterio de ERC, que prefiere confrontar con Junts y no con el Estado”, explican fuentes del grupo parlamentario. Pese a ese planteamiento, el secretario general de Junts, Jordi Turull, volvió a repetir este sábado que su formación permanece abierta para reactivar la negociación con el Gobierno de un decreto de vivienda. Hasta el martes “hay tiempo”, dicen en Junts.