Guerra mundial por los ricos: quién gana en el éxodo fiscal
ResumenLakshmi Mittal, uno de los mayores magnates siderúrgicos del planeta, llevaba décadas viviendo en Londres, ciudad que convirtió en el centro de su imperio industrial. Desde allí lideró la opa para hacerse con Arcelor, el campeón europeo del acero que habían creado España, Luxemburgo y Francia. Ahora, el empresario de origen indio vive en Suiza, tras huir del último giro de timón fiscal de Reino Unido, siguiendo el éxodo de otros multimillonarios de la City. En su caso, la fortuna familiar que gestiona suma cerca de 31.000 millones de euros.
Lakshmi Mittal, uno de los mayores magnates siderúrgicos del planeta, llevaba décadas viviendo en Londres, ciudad que convirtió en el centro de su imperio industrial. Desde allí lideró la opa para hacerse con Arcelor, el campeón europeo del acero que habían creado España, Luxemburgo y Francia. Así nació ArcelorMittal. Ahora, el empresario de origen indio vive en Suiza, tras huir del último giro de timón fiscal de Reino Unido, siguiendo el éxodo de otros multimillonarios de la City. En su caso, la fortuna familiar que gestiona suma cerca de 31.000 millones de euros. No es un caso aislado. Nikolay Storonsky, el empresario de origen ruso que fundó Revolut y contribuyó a convertirla en una de las mayores compañías financieras tecnológicas de Europa, también ha trasladado su residencia lejos de Londres. En su caso, a Emiratos Árabes Unidos (EAU). Se trata de uno de los ejemplos más ilustrativos de la reordenación del mapa geopatrimonial de las grandes fortunas del planeta. En 2025, Reino Unido pasó a ocupar el primer puesto en el ránking de los países que más multimillonarios pierde, mientras que EAU lidera la clasificación opuesta, y brilla en calidad de refugio preferido por los ricos que huyen del caos tributario a nivel global. Las mudanzas coinciden con una transformación profunda de las políticas fiscales en muchas jurisdicciones. Durante décadas, Londres ofreció a determinados residentes extranjeros un tratamiento favorable para sus rentas y ganancias obtenidas fuera del país. La desaparición de ese sistema ha contribuido a intensificar una competencia que ya existía, pero que ha adquirido nuevas dimensiones: países de Europa, Oriente Próximo, Asia y América rivalizan por convertirse en el domicilio a tiempo completo de las grandes fortunas. La batalla no se limita solo al tipo de gravamen aplicado a los ingresos. Los impuestos sobre el patrimonio, las herencias y las plusvalías, así como la facilidad para obtener permisos de residencia, el acceso a los mercados internacionales o las condiciones de vida forman parte de un conjunto de factores que pueden determinar dónde deciden establecerse las personas más acaudaladas del planeta. Según las estimaciones de New World Wealth, firma especializada en inteligencia de grandes patrimonios, unos 142.000 millonarios cambiaron de país de residencia en 2025, frente a los 64.000 que lo hicieron en 2015. En apenas una década, la movilidad internacional de las personas con al menos un millón de dólares en patrimonio líquido invertible se ha disparado. Reino Unido encabezó las salidas netas de millonarios en 2025, con una estimación de 16.500 personas, más del doble de las 7.800 de China. En el extremo opuesto, Emiratos Árabes Unidos lideró la captación, con un saldo positivo de 9.800 millonarios, por delante de Estados Unidos, con 7.500. Italia ocupó la tercera posición, con 3.600, seguida de Suiza, con 3.000, y Arabia Saudí, con 2.400. El caso británico resulta especialmente llamativo por su pasado como destino histórico preferente de la riqueza internacional. En las últimas décadas, Londres había atraído fortunas procedentes de Asia, Rusia, Oriente Próximo y África, que a su vez han servido de reclamo para bancos de inversión, fondos especializados, bufetes internacionales, empresas de gestión patrimonial y un mercado inmobiliario de lujo que ayudaron a convertir esta plaza en uno de los centros financieros más importantes del mundo. Y aunque el éxodo se ha acelerado con la última reforma tributaria, lo cierto es que empezó antes. Según datos de Henley & Partners, Reino Unido registró un saldo negativo de 1.500 millonarios en 2016, año del referéndum del Brexit. Las salidas netas se elevaron a 4.200 en 2023 y a 10.800 en 2024, antes de alcanzar los 16.500 estimados del año pasado. El punto de inflexión fiscal llegó el 6 de abril de 2025, cuando entró en vigor la eliminación del antiguo régimen de los residentes non-domiciled. Bajo ese sistema, determinadas personas residentes en Reino Unido, pero cuyo domicilio permanente se consideraba situado en el extranjero, podían acogerse a un tratamiento especial de sus rentas y plusvalías obtenidas fuera del país. La reforma sustituyó aquel modelo por otro que permite a los nuevos residentes disfrutar, bajo determinadas condiciones, de cuatro ejercicios de exención sobre rentas y ganancias extranjeras, siempre que anteriormente hubieran permanecido al menos diez años fiscales fuera de Reino Unido. También introdujo modificaciones en el tratamiento de los patrimonios mantenidos mediante estructuras fiduciarias y en el impuesto de sucesiones. Con este giro de timón en su política fiscal, el Gobierno británico buscaba ampliar la tributación de grandes patrimonios que disfrutaban de un tratamiento privilegiado, aunque muchos analistas ya alertaban de que la medida incentivaba la fuga de millonarios, poniendo también en peligro actividades económicas ligadas a su presencia. Mientras Londres pierde peso entre las grandes fortunas, Emiratos Árabes Unidos es quien más se beneficia. La ausencia general de impuesto personal sobre la renta, sus buenas comunicaciones a nivel internacional, las infraestructuras de lujo y las facilidades para obtener la residencia para determinados inversores y profesionales figuran entre sus grandes atractivos. Su política para atraer a multimillonarios va más allá de los incentivos fiscales. Dubái y Abu Dabi se han consolidado como centros de gestión patrimonial y de operaciones internacionales, especialmente para empresarios y ejecutivos con intereses en varios continentes. Se trata de una región puente entre Asia, Europa y África, e incluso América, dada su buena sintonía con la Casa Blanca. Precisamente, EEUU es el segundo destino que más peso gana entre las fortunas internacionales. Su mercado de capitales, sus oportunidades empresariales y el tamaño de su economía representan incentivos que no responden necesariamente a un tratamiento tributario más favorable, aunque los sistemas fiscales de los distintos estados introducen diferencias importantes dentro del propio país. Por ejemplo, California pierde peso entre los multimillonarios ante el temor a un nuevo impuesto a las grandes fortunas. Pese a su elevada carga fiscal, Nueva York resiste de momento, pero son Texas y Florida los estados que más peso están ganando como plazas financieras alternativas gracias a los ricos que se están mudando a sus ciudades. De hecho, Texas está a punto de estrenar una Bolsa propia para hacer la competencia a Wall Street. Al otro lado del Atlántico, Suiza conserva su posición como destino de grandes patrimonios gracias a su estabilidad institucional, su sistema financiero y determinadas modalidades cantonales de tributación, según destacan desde Henley & Partners. Italia ha reforzado su atractivo mediante un régimen especial para nuevos residentes. El resultado es una competencia entre jurisdicciones con estrategias muy diferentes: algunas ofrecen impuestos personales reducidos; otras, seguridad jurídica y sofisticación financiera; y otras intentan combinar incentivos fiscales con oportunidades de inversión y calidad de vida. En la competida lucha por atraer millonarios, España ocupa el octavo puesto en el top ten de los que más ricos han perdido en el último año, un puesto por detrás de Francia y por delante de Alemania. De los motores económicos de la Unión Europea, solo Italia apuesta ahora por atraer grandes fortunas, al igual que Grecia y Portugal.