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Así es la monstruosa nube que supone una pesadilla para los bomberos forestales: "Hacen el incendio imprevisible"

Resumen

Los gigantescos incendios que se han desatado en los últimos días en Francia y España, y que han obligado a evacuar a decenas de miles de personas, están creando su propia meteorología y en ambos países, los bomberos asisten impotentes a la formación, con distinta intensidad, de un fenómeno que está contribuyendo a que sean tan difíciles de extinguir: Se trata de los pirocúmulos. "Son nubes que, como indica el prefijo piro, se originan por el fuego. De hecho su nombre técnico es flammagenitus", cuenta Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). "Durante estos incendios tan grandes y potentes, se libera tal cantidad de energía que se generan unas corrientes ascendentes convectivas que son capaces de subir a zonas de la atmósfera donde las temperaturas ya son lo suficientemente bajas para que el vapor de agua que pueda haber en el bosque alcance esos niveles altos, condense y se formen estas nubes", señala Del Campo en conversación telefónica.

Los gigantescos incendios que se han desatado en los últimos días en Francia y España, y que han obligado a evacuar a decenas de miles de personas, están creando su propia meteorología y en ambos países, los bomberos asisten impotentes a la formación, con distinta intensidad, de un fenómeno que está contribuyendo a que sean tan difíciles de extinguir: Se trata de los pirocúmulos. "Son nubes que, como indica el prefijo piro, se originan por el fuego. De hecho su nombre técnico es flammagenitus", cuenta Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). ¿Cómo se forman? "Durante estos incendios tan grandes y potentes, se libera tal cantidad de energía que se generan unas corrientes ascendentes convectivas que son capaces de subir a zonas de la atmósfera donde las temperaturas ya son lo suficientemente bajas para que el vapor de agua que pueda haber en el bosque alcance esos niveles altos, condense y se formen estas nubes", señala Del Campo en conversación telefónica. Se trata de un tipo nube de desarrollo vertical, como los cumulonimbos normales, es decir, "las nubes de tormenta habituales que se suelen formar en condiciones normales, a partir del mediodía y sobre todo en verano, cuando hay inestabilidad atmosférica. Crecen y si se desarrollan lo suficiente, pueden dar lugar a chubascos tormentosos", señala Del Campo. Pero, como describe Mar Gómez, meteoróloga de eltiempo.es, los pirocúmulos se forman "por el propio calor de incendio" y a partir de "columnas por las que suben humo, vapor de agua, cenizas y partículas, como si fuera una chimenea gigante". La aparición de esas columnas sirve como indicador de que "el fuego está liberando mucha energía y puede generar un comportamiento más peligroso". En ocasiones, "si esos pirocúmulos se desarrollan lo suficiente, pueden dar lugar a rachas de viento muy fuertes y reventones, es decir, rachas de viento muy intensas que pueden propagar con mayor intensidad el fuego y dificultar mucho las labores de extinción", añade Del Campo. "Son capaces de generar condiciones meteorológicas propias. Pueden provocar rayos, con lo cual pueden dar lugar a nuevos focos y a veces incluso a pequeños chubascos, pero en general, lo que más problemática genera es que dan lugar a rachas intensas de viento y además de carácter impredecible", señala sobre este fenómeno que se ha generado en el gran incendio del sur de Francia y en los del centro de España. "Se producen cambios bruscos de viento, focos secundarios causados por pavesas y, en casos extremos, una nube aún más potente - llamada pirocumulonimbo- capaz incluso de producir rayos y favorecer nuevos incendios", señala por su parte Mar Gómez. Según han señalado las autoridades francesas, los incendios del sur de Francia han generado este tipo de nubes que se producen cuando el pirocúmulo alcanza grandes dimensiones y provoca una tormenta, los llamados pirocumulonimbos. Al ser capaces de generar tormentas y cambios del viento, convierten las tareas de extinción en una misión muy peligrosa y casi imposible. "Nunca nos habíamos enfrentado a algo así", reconoció esta semana el teniente coronel Eric Brocardi, portavoz de los bomberos franceses, que recuerda cómo los megaincendios de Australia y Canadá en esta década sirvieron de advertencia. "Las nubes creadas por el incendio crean su propio clima, y el comportamiento del fuego se hace totalmente imprevisible. La única manera de hacer frente a este monstruo es con un ataque masivo, con una flota de aviones que va tener que estar operativa cinco meses al año". "Es como si el fuego tuviera vida propia", comentó sobre el terreno el ministro de Interior, Laurent Núñez, testigo de excepción en el incendio de Gironda que ha quemado 42.000 hectáreas de pinares y matorrales en menos de una semana y ha obligado a evacuar a más 220.000 personas en el suroeste de Francia, con las llamas a 15 kilómetros de Burdeos. Según Del Campo, en los incendios que asolan el centro de España estos días se han generado pirocúmulos, que son más frecuentes. Un rápido avance Para Theodore Keeping, especialista en el análisis de los incendios en el Imperial College de Londres, los fuegos desatados este verano en España y Francia son "sin duda los más extremos que hemos tenido hasta la fecha en Europa por su tamaño", por la amplitud de su propagación y por su capacidad para crear este tipo de nubes. "El verano especialmente caliente y seco que estamos teniendo ha creado las condiciones para que ocurra este fenómeno", advierte Keeping. "La sucesión de días calientes y con viento hacen que el incendio avance más rápido hasta que se consume la vegetación. Y cuando esta intensidad llega al máximo, es cuando se forman los sistemas de pirocumulonimbos que atizan el fuego con vientos aún más potentes". "El cambio climático está causando estas condiciones que van a hacer que los fuegos en en Europa sean cada vez más probables e intensos", asegura el experto británico, que advierte de los impactos en la población y en la economía, así como de los riesgos para la salud (se estima que la exposición al humo de los incendios causa 100.000 muertes al año). Australia fue uno de los primeros países donde se detectó a primeros de siglo la formación de pirocumulonimbos, muy visibles en la oleada de incendios de 2023. Ese mismo año se produjeron en Canadá, en algunos de los más de 6.000 fuegos que quemaron más 15 millones de hectáreas. Durante la ola de incendios que asoló California en 2021 también hubo varios episodios similares. Ese mismo año se estima que hubo 83 formaciones de pirocumulonimbos en todo el mundo. La Organización Meteorológica Mundial define los pirocumulonimbos como "nubes de tormenta gigantes creadas por el calor extremo de una gran incendio forestal". La NASA, en uno de sus primeros análisis del fenómeno, llegó a calificarlos poéticamente como "el dragón de nubes que escupe fuego", capaces de canalizar columnas de humo hacia la atmósfera al tiempo que descargan rayos, viento y lluvia sobre la superficie terrestre.