Lieja, a sus pies: Pogacar doblega a Seixas en el duelo generacional
ResumenEn LaVuelta 2019, aquella en la que saltó al estrellato en la Sierra de Gredos, no se podía vislumbrar la dimensión que Tadej Pogacar estaba destinado a alcanzar. Sin embargo, casi siete años después, su figura ha trascendido más allá de lo meramente deportivo, hasta el punto de haber cambiado las reglas de un deporte que se mantuvo prácticamente inalterable durante décadas. En Lieja, esa localidad mítica en la que tantas páginas de la historia del ciclismo se han escrito, el esloveno ha certificado una victoria que ya lleva su marca registrada: la de atacar y no mirar atrás. No es un simple triunfo, es la confirmación de que el relevo generacional —encabezado por Paul Seixas— tendrá que esperar hasta que él mismo decida.
En LaVuelta 2019, aquella en la que saltó al estrellato en la Sierra de Gredos, no se podía vislumbrar la dimensión que Tadej Pogacar estaba destinado a alcanzar. Sin embargo, casi siete años después, su figura ha trascendido más allá de lo meramente deportivo, hasta el punto de haber cambiado las reglas de un deporte que se mantuvo prácticamente inalterable durante décadas. En Lieja, esa localidad mítica en la que tantas páginas de la historia del ciclismo se han escrito, el esloveno ha certificado una victoria que ya lleva su marca registrada: la de atacar y no mirar atrás. No es un simple triunfo, es la confirmación de que el relevo generacional —encabezado por Paul Seixas— tendrá que esperar hasta que él mismo decida. Por el momento, ya van 13 Monumentos, y sumando. La tensión propia de un Monumento se percibió desde los primeros kilómetros. Tal fue la situación que Pogacar, Pidcock y Seixas, junto a sus respectivos bloques, quedaron cortados en un grupo trasero ; mientras tanto, Evenepoel y Bernal dieron continuidad en cabeza de carrera. La diferencia llegó a superar los 3’40”, con una media que marcaba más de 44 km/h. Por ello, el Decathlon, consciente de que la carrera se escapaba, se sumó al UAE para llevar el peso de una persecución de gran exigencia. Una vez completada la primera ascensión de la jornada —la Cota de Saint–Roch (1 km al 10,5%)—, el ‘tempo’ marcado por el grupo perseguidor cambió radicalmente, llegando incluso a reducir la renta en más de un minuto respecto a Evenepoel. En el Col de la Haussire (3,9 km al 7,2%), la carretera picó para arriba y el ritmo volvió a causar estragos tanto en la escapada, donde el belga del Red Bull se quedó sin lugartenientes, como en el grupo de favoritos. 2’00” y bajando. Tim Wellens tomó la responsabilidad y la esperanza de cabeza de carrera cayó drásticamente. Evenepoel, nervioso, pasaba al relevo mientras el resto de sus rivales iban a rueda. Las tornas cambiaron. El primero en caer fue Pidcock, quien, tras un cambio de bicicleta, se distanció ostensiblemente del grupo de Pogacar y Seixas. No volvió a enlazar. La conformación de ‘la fuga de la fuga’, con cinco corredores, acabó con todas las opciones de Remco, que veía cómo sus inmediatos rivales le recortaron tiempo y acabaron con cualquier mínima esperanza. Cada subida era un martirio y el UAE fue el gran responsable. La formación emiratí, que ya había atrapado al quinteto cabecero, entró en una velocidad de crucero en la que solo parecía sentirse cómodo Pogacar. Otro nivel. Tras un control sublime, Sivakov terminó su trabajo a las faldas de Desnié y Novak tomó el relevo. La Redoute se acercaba y la tensión aumentó. Allí, en la ascensión más emblemática de las Ardenas, Pogacar lanzó un ataque durísimo que dejó atrás a Evenepoel, mientras Seixas, en una demostración de fortaleza poco común, logró resistir el ritmo del esloveno. Un ciclista que ya no solo apunta al futuro, sino que es una realidad en el presente. En la Roca de los Halcones (1,3 km al 10,1%), la experiencia y la calidad de Pogacar terminaron marcando la diferencia frente a un Seixas que acabó cediendo, aunque con una actuación de mucho mérito. La localidad belga le recibió con honores, conscientes de que un nuevo hito en la historia del ciclismo había sido escrito, en buena medida gracias a la irrupción de Seixas, que se consolidó en la élite frente al gran dominador del pelotón. El podio lo completó un combativo Evenepoel, que se impuso al sprint en Lieja.