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Expansión ·

El increíble megayate construido en torno a un árbol

Resumen

El árbol ocupa nada menos que 16 metros cuadrados del salón principal y atraviesa dos cubiertas, con su copa asomando al exterior, en contacto directo con el entorno marino. Para garantizar su supervivencia, el yate incorpora soluciones arquitectónicas específicas, como claraboyas laterales que permiten la entrada de luz natural hasta la base del tronco. Con todo, las sorpresas del Virtuosity no acaban ahí puesto que bajo la línea de flotación se ha habilitado una zona wellness de 35m² que ofrece vistas directas al mar, a modo de acuario móvil, mediante un sistema que descubre una zona del casco totalmente acristalada. Otras curiosidades pasan por una suite principal que ocupa una cubierta entera, una piscina reflectante diseñada para capturar la luz natural y un club de playa que se transforma por la noche en discoteca con cabina de DJ.

El árbol ocupa nada menos que 16 metros cuadrados del salón principal y atraviesa dos cubiertas, con su copa asomando al exterior, en contacto directo con el entorno marino. Para garantizar su supervivencia, el yate incorpora soluciones arquitectónicas específicas, como claraboyas laterales que permiten la entrada de luz natural hasta la base del tronco. Con todo, las sorpresas del Virtuosity no acaban ahí puesto que bajo la línea de flotación se ha habilitado una zona wellness de 35m² que ofrece vistas directas al mar, a modo de acuario móvil, mediante un sistema que descubre una zona del casco totalmente acristalada. Otras curiosidades pasan por una suite principal que ocupa una cubierta entera, una piscina reflectante diseñada para capturar la luz natural y un club de playa que se transforma por la noche en discoteca con cabina de DJ. El virtuoso del mar impulsa sus 73 metros de eslora con capacidad para 12 huéspedes y una tripulación de 24 personas, gracias a un sistema diésel-eléctrico de seis motores Volvo que le proporcionan una autonomía para 6.000 millas náuticas. Un árbol como núcleo estructural El elemento más sorprendente e innovador del Virtuosity no tiene que ver tanto con su avanzada tecnología, sino con un marcado espíritu ecológico. El núcleo estructural de su diseño manifiesta una clara apuesta por lo orgánico, y no sólo por el árbol de grandes dimensiones que atraviesa dos cubiertas, sino por su lecho de musgo y césped que transmite la sensación de encontrarse ante un pedacito de bosque en medio de la inmensidad del mar. Una parcela de tierra que fue seleccionada cuidadosamente antes del inicio del proyecto para garantizar su pervivencia en el tiempo. Todo el diseño del súper yate se articula en torno a él. Lejos de ser un gesto decorativo, funciona como un eje vertical que conecta espacios y redimensiona la percepción interior. La luz natural, canalizada mediante lucernarios, ilumina el yate al tiempo que alimenta literalmente su arquitectura viva. Un enfoque que invierte la lógica constructiva naval convencional al adaptar el barco a la naturaleza en contraposición a lo que suele ser habitual. Cuatro años para convertir un árbol en marinero El protagonista de tal gesta es un Ficus Nitida (también conocido como laurel indio) que fue específicamente elegido por su robustez antes de ensamblar el primer bloque estructural. Desde el principio la intención era que se convirtiera en el corazón físico de la innovadora filosofía Ocean Resort aplicada al ámbito de la navegación. Buena parte del tiempo se empleó en solventar la compleja logística de ensamblar una embarcación desde cero en torno a un árbol ya crecido y en plenas facultades. De hecho, el Virtuosity no nació en una mesa de diseño convencional. Su gestación se ha prolongado durante más de cuatro años, incluyendo una fase previa de 18 meses de reuniones semanales entre el armador y el astillero italiano. El objetivo principal era alumbrar un nuevo modo de disfrute en la navegación que diera paso a elementos hasta ahora sólo presentes en tierra firme. Un proceso de creación tan poco convencional que ya es estudiado como una nueva forma de arquitectura naval por su replanteamiento en la distribución de espacios, la relación con el entorno y la operativa funcional. El resultado es un súper yate de 73 metros de eslora y unas 1.950 toneladas de registro bruto que ha conseguido convertir al árbol en un marinero más. Del Beach Club al Ocean Resort Por si todo esto no fuera lo suficientemente peculiar, el Virtuosity apuesta por una nueva visión y distribución espacial. La zona que tradicionalmente se conoce como área Beach Club se transforma en un Ocean Resort, una plataforma multifuncional en contacto directo con el mar. Un espacio de vanguardia con plataformas laterales abatibles, piscina con fondo de cristal, una distribución de las estancias interiores que permite un tránsito muy fluido, así como una versatilidad convertible de las instalaciones como lounge diurno o club nocturno. Un diseño que propicia una sensación impactante de continuidad y naturalidad entre los espacios interiores y exteriores. Con la guinda inédita del acuario parcialmente sumergido en el casco, que hace posible observar la vida marina desde el interior del barco. Sacrifica potencia al servicio del confort Tal integración de la naturaleza y la libertad formal impone una serie de requisitos formales que derivan en algo de pérdida de potencia. Pese a la implementación de una plataforma diésel-eléctrica que reduce las limitaciones mecánicas tradicionales y libera volumen interior, el sistema de propulsión sólo puede alcanzar unos 15 nudos de velocidad máxima. Una cifra moderada pero coherente con el enfoque de la embarcación que da prioridad a la eficiencia, el silencio y la comodidad frente a prestaciones de rendimiento y velocidad. Un yate concebido como disfrute espacial El diseño interior, desarrollado por Studio Paolo Ferrari, evita la ostentación obsesiva propia de este tipo de yates de lujo. En su lugar, apuesta por una estética contenida donde materiales, luz y distribución den lugar a una experiencia sensorial muy natural. Entre los espacios más llamativos destaca la cubierta del armador, un refugio privado con piscina reflectante y zonas tanto interiores como exteriores muy integradas entre sí; el winter garden como espacio intermedio que difumina la frontera entre naturaleza y arquitectura; y la zona wellness con hamman, sauna, crioterapia y acceso directo al mar. Lo mejor de todo es que cada compartimento funciona como un todo más que como una sucesión de estancias independientes. Un cambio de paradigma en la náutica de lujo De lo que no cabe duda es que el Virtuosity, pese a no ser el yate más rápido ni el más grande de su categoría, propone una nueva forma de concebir el disfrute marítimo. En palabras de sus creadores, la innovación de este súper yate "no pasa por el exceso, sino por la coherencia y el equilibrio". Un equilibrio que se manifiesta en una idea central: el lujo ya no se define por la acumulación, sino por la calidad de la experiencia. Un árbol que crece dentro del casco, un acuario que conecta con el océano o una cubierta que se transforma a lo largo del día no son caprichos sino ingredientes de una nueva forma de entender la navegación del siglo XXI.