El mercado negro de las apuestas por la próxima purga de Xi Jinping
ResumenEn China hay gente pagando por saber quién será el próximo dirigente en caer. El negocio funciona en grupos privados de redes sociales, principalmente en WeChat -equivalente a WhatsApp- y la mercancía son rumores, pistas y supuestas filtraciones sobre los funcionarios que están bajo la lupa de los inspectores del gobernante Partido Comunista (PCCh). A veces, la información llega mucho antes que el comunicado oficial. Y detrás de algunas de esas primicias hay algo que preocupa especialmente en Pekín: "topos" dentro del propio sistema.
En China hay gente pagando por saber quién será el próximo dirigente en caer. El negocio funciona en grupos privados de redes sociales, principalmente en WeChat -equivalente a WhatsApp- y la mercancía son rumores, pistas y supuestas filtraciones sobre los funcionarios que están bajo la lupa de los inspectores del gobernante Partido Comunista (PCCh). A veces, la información llega mucho antes que el comunicado oficial. Y detrás de algunas de esas primicias hay algo que preocupa especialmente en Pekín: "topos" dentro del propio sistema. Después de casi 14 años de purgas anticorrupción bajo el mandato de Xi Jinping, alrededor del hermetismo con el que caen los funcionarios ha surgido un peculiar mercado negro de información privilegiada. Cuanto más exclusivo es el chat y mejores parecen sus fuentes, más cara es la entrada. Una investigación de Banyuetan, revista vinculada a la agencia oficial Xinhua, ha levantado el telón sobre este submundo digital donde se mezclan filtraciones reales, rumores, apuestas políticas y un lucrativo negocio construido alrededor de la gigantesca campaña anticorrupción de Xi. El reportaje arranca con una pregunta bastante explícita: "¿Quién está ganando dinero especulando con la corrupción?". La investigación ha encontrado cuentas y chats que comercializan información sobre cuadros del Partido supuestamente bajo la lupa de los órganos disciplinarios. En los grupos más modestos se pagan apenas unas decenas de yuanes. El acceso a las salas más exclusivas puede alcanzar los 400 yuanes, alrededor de 50 euros. Los administradores de las cuentas trasladan continuamente a los miembros de un chat a otro para esquivar la censura. Una suerte de guerra de guerrillas digital contra los reguladores de uno de los espacios de internet más vigilados del planeta. La mercancía es especialmente delicada porque explota uno de los agujeros negros de la política china: el intervalo entre el momento en que el aparato sabe que un dirigente está siendo investigado y aquel en que el PCCh anuncia oficialmente su caída. Los operadores utilizan códigos para intentar atravesar los filtros. Uno de los más extendidos es gua jianli (colgar el currículum). Publican la trayectoria profesional de un funcionario sin formular ninguna acusación directa. También recurren a fotografías, dibujos y nombres en clave. Técnicamente nadie está afirmando que esa persona vaya a ser purgada. Pero quienes frecuentan estos círculos entienden perfectamente la insinuación. El caso de un político llamado Zhou Xianwang explica por qué alguien estaría dispuesto a pagar por entrar. El 6 de julio de 2025, una cuenta de WeChat publicó inesperadamente el currículum del antiguo alcalde de Wuhan, entonces alto cargo del órgano consultivo político de la provincia Hubei. Dos días después, las autoridades anunciaron que Zhou estaba siendo investigado por "graves violaciones de la disciplina y la ley". Este año ocurrió algo parecido con Tu Yan, expresidenta de la Federación de Mujeres de Guizhou. El 24 de abril comenzaron a circular contenidos crípticos sobre ella. Cinco días más tarde llegó el comunicado oficial confirmando su investigación. No todos los pronósticos aciertan. Pero la investigación apunta a un detalle bastante más incómodo: algunas filtraciones parecen proceder del interior del propio sistema. Por estos grupos circulan los conocidos como neigui (topos dentro de la Administración) que tienen acceso a información reservada y la transmiten a intermediarios. En Guiyang, capital de la provincia de Guizhou, un funcionario identificado únicamente por su apellido, Duan, habría creado desde agosto de 2025, junto a seis familiares, un entramado de nueve cuentas de WeChat. Utilizaban información personal de funcionarios para publicar currículos que insinuaban futuras destituciones, investigaciones o promociones y así atraer seguidores. La campaña de Xi Este negocio es una consecuencia inesperada de la maquinaria de purgas que el presidente Xi puso en marcha poco después de alcanzar el poder a finales de 2012. Su promesa fue perseguir simultáneamente a los "tigres" —los grandes dirigentes corruptos— y a las "moscas" —los funcionarios de menor rango—. Lo que inicialmente parecía una campaña anticorrupción más terminó convirtiéndose en uno de los pilares del sistema político construido por el líder chino. Por la trituradora disciplinaria han pasado ministros, generales, banqueros, gobernadores, responsables de gigantes estatales y dirigentes de algunos de los organismos más poderosos del país. Y la ofensiva no muestra señales de agotamiento. Durante 2025 se investigaron 967.000 casos relacionados con corrupción. Xi ha repetido que la corrupción representa una amenaza existencial para el Partido. La narrativa oficial presenta la ofensiva como una batalla permanente para limpiar la organización desde dentro y recuperar la confianza de una sociedad que durante décadas contempló cómo muchos funcionarios convertían sus cargos en fuentes de enriquecimiento. Este año, el presidente ha reclamado además mejorar la capacidad para detectar formas de corrupción cada vez más sofisticadas recurriendo a "nuevas técnicas de investigación". La campaña, además de su eficacia, también arrastra desde sus inicios una segunda lectura política. La enorme expansión de los órganos disciplinarios ha reforzado el control de Xi sobre el PCCh y ha apartado de escena a dirigentes vinculados a antiguas redes de poder. Sus críticos consideran que la lucha contra la corrupción funciona en ocasiones como una poderosa herramienta de disciplina y lealtad política. Precisamente esa mezcla de poder y secreto alimenta el negocio. En China, la caída de un dirigente suele comenzar mucho antes de que sea anunciada. Un alto cargo deja de acudir a una reunión. Desaparece de las fotografías oficiales. Su nombre se esfuma de una agenda. Durante días no hay ninguna explicación. Los rumores empiezan a circular por los pasillos del Partido hasta que, finalmente, aparece el escueto comunicado público. Para entonces, determinados círculos pueden llevar días, incluso semanas, hablando de su caída. En ese espacio entre el secreto y el anuncio oficial han encontrado su nicho los nuevos mercaderes de las purgas.