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El País ·

Vox exige al PP grupo propio en el Senado y protagonismo en Cataluña

Resumen

La garantía de contar con grupo parlamentario propio en la Cámara alta y de tener el protagonismo en alguna comunidad en la que los populares no tienen posibilidad de sacar senadores, como Cataluña, son las dos principales condiciones que ha puesto Vox sobre la mesa para llegar a un acuerdo preelectoral con el PP el Senado, según fuentes conocedoras de la negociación. El partido de Abascal está dispuesto a no presentarse a la Cámara alta en las provincias en las que sus expectativas son nulas —en las elecciones de julio de 2023 no logró ningún senador en toda España—, para evitar una victoria de la candidatura Senado de Progreso, formada por el PSOE y varios partidos a su izquierda, pero quiere que el PP le dé garantías de que tendrá un grupo propio y sus senadores no tendrán que integrarse en el Mixto, como ocurre en la actualidad. Vox cuenta actualmente con tres senadores de designación autonómica ―dos por Andalucía y uno por Extremadura―, ya que el aragonés y el valenciano han cesado al disolverse la Cámara alta. El reglamento del Senado exige un mínimo de 10 para constituir grupo, pero permite que, una vez constituido, no tenga que disolverse si lo abandonan varios de sus miembros, siempre que conserve al menos seis.

La garantía de contar con grupo parlamentario propio en la Cámara alta y de tener el protagonismo en alguna comunidad en la que los populares no tienen posibilidad de sacar senadores, como Cataluña, son las dos principales condiciones que ha puesto Vox sobre la mesa para llegar a un acuerdo preelectoral con el PP el Senado, según fuentes conocedoras de la negociación. El partido de Abascal está dispuesto a no presentarse a la Cámara alta en las provincias en las que sus expectativas son nulas —en las elecciones de julio de 2023 no logró ningún senador en toda España—, para evitar una victoria de la candidatura Senado de Progreso, formada por el PSOE y varios partidos a su izquierda, pero quiere que el PP le dé garantías de que tendrá un grupo propio y sus senadores no tendrán que integrarse en el Mixto, como ocurre en la actualidad. Vox cuenta actualmente con tres senadores de designación autonómica ―dos por Andalucía y uno por Extremadura―, ya que el aragonés y el valenciano han cesado al disolverse la Cámara alta. El reglamento del Senado exige un mínimo de 10 para constituir grupo, pero permite que, una vez constituido, no tenga que disolverse si lo abandonan varios de sus miembros, siempre que conserve al menos seis. Por tanto, bastaría con que Vox recupere sus dos senadores cesados y obtenga uno más para tener seis, que podrían completarse con otros cuatro cedidos por el PP para su constitución, aunque luego lo abandonen. Los populares no ponen pegas a esta exigencia, que permitiría a Vox tener mayor capacidad de iniciativa en la Cámara alta y también recibir más fondos económicos y disponer de más personal contratado. El segundo obstáculo es más complicado, ya que Vox quiere que el acuerdo sea de ida y vuelta. Es decir, que el PP no se presente en provincias en las que el partido ultra tiene más posibilidades de ganar. En una entrevista en la Cadena SER, el líder popular, Alberto Núñez Feijóo, ha admitido este viernes que, en correspondencia con la decisión de Vox de no presentarse en circunscripciones en las que su papeleta solo serviría para dividir el voto de la derecha, el PP podría no presentarse “excepcionalmente en alguna provincia en la que nunca ha tenido ningún senador”. Feijóo ha subrayado que, aunque hay conversaciones ―él mismo habló con Abascal el pasado miércoles, según ha revelado―, aún no hay nada cerrado. El plazo de presentación de candidaturas ante las juntas electorales provinciales concluye el lunes. Las provincias en las que el PP nunca ha tenido ningún senador elegido en las urnas, como ha dicho Feijóo, son las cuatro catalanas: Barcelona, Girona, Tarragona y Lleida. Solo en la primera tuvo un senador designado por el Parlament, Alejo Vidal-Quadras, entre 1995 y 1999, que entonces presidía el PP catalán y luego sería primer presidente de Vox. El problema estriba en que Cataluña es uno de los territorios donde los dos partidos de la derecha se disputan el mismo electorado españolista y conservador. El PP aventajó a Vox en las elecciones autonómicas de 2024, mientras que Vox ganó al PP en las de 2021. Esta campaña representa para ambos una oportunidad, ya que, al no presentarse la formación ultra Aliança Catalana, a la que algunos sondeos dan hasta un 18% en las autonómicas, existe una porción de votantes políticamente huérfanos. El PP se ha lanzado a la caza de ese voto ultra y ha elegido como cabeza de lista por Barcelona al alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, conocido por mantener posiciones abiertamente xenófobas. Las fuentes consultadas consideran muy improbable que el PP ceda a Vox el puesto de senador por Barcelona, ya que supondría tirar anticipadamente la toalla y reconocer la hegemonía de los de Abascal ante las elecciones catalanas inicialmente previstas para 2028. Las mismas fuentes no descartan, sin embargo, algún pacto puntual, como que el PP renuncie a presentarse al Senado por Girona, la provincia donde las encuestas sitúan a los ultras por delante de los populares, sin que ninguno de los dos tenga demasiadas posibilidades de ser elegido. Por el contrario, hay circunscripciones en las que PP y Vox pueden acaparar los cuatro senadores que corresponden a cada una de ellas, presentándose por separado, como en Murcia y Almería. En ambas, según los sondeos, los populares son los más votados, con los ultras en segunda posición, por lo que podrían llevarse tres y un senador, respectivamente. Un caso especialmente delicado es el de Ceuta. El PP obtuvo en 2023 sus dos senadores —igual que los de Melilla— y las encuestas apuntan a que los renovará el 29-N. Para Vox se trata de una plaza emblemática, donde ganó las elecciones generales de noviembre de 2019 y obtuvo un senador que posteriormente tuvo que dimitir tras ser denunciado por malos tratos a su esposa. Ahora, Abascal quiere hacer de la crisis en la ciudad autónoma uno de los ejes de su campaña, hasta el punto de que ha colocado como número tres de su lista por Madrid a su líder en Ceuta, Juan Sergio Redondo. Que el PP cediera a Vox uno de los dos escaños de Ceuta en el Senado sería un gesto muy apreciado por los de Abascal, pero tiene un riesgo: que los electores no lo entendieran y ambos partidos salieran perjudicados. Vox ha avivado en Ceuta el fuego de la islamofobia, mientras que el presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, ha intentado hacer equilibrios entre la beligerancia de su partido y la necesidad de preservar la convivencia multicultural que caracteriza a la ciudad. Una de las demandas que Abascal viene planteando desde hace tiempo a Feijóo es la necesidad de que obligue al presidente ceutí a romper cualquier tipo de acuerdo con los socialistas y a pactar con su partido, como ya ha hecho el PP en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Vox ha votado en contra de los dos últimos presupuestos del Gobierno de Vivas, mientras que el PSOE apoyó los de 2025 y se abstuvo inicialmente con los de 2026 para acabar votando en contra, aunque salió adelante con el voto de los diputados no adscritos. Vivas teme que un pacto con Vox ponga en riesgo la convivencia, ya muy deteriorada, mientras que Abascal no le perdona que permitiera con su abstención que la asamblea de la ciudad le declarase “persona non grata” en 2021, tras la entrada de más de 10.000 inmigrantes a la ciudad, antecedente de la actual crisis.