No hay nada más español que odiarnos
ResumenEs muy español que te duela España y tener una visión trágica no sólo sobre la nación sino, de un modo absoluto, sobre su destino. No hay nada tan español como el pesar por España y hasta el antiespañolismo. Lo dice con sus opiniones, lo dice con su dinero. Y por eso somos uno de los principales destinos turísticos y un país en el que muchos extranjeros quieren quedarse a vivir no sólo en verano.Luego cometemos errores.
Es muy español que te duela España y tener una visión trágica no sólo sobre la nación sino, de un modo absoluto, sobre su destino. No hay nada tan español como el pesar por España y hasta el antiespañolismo. El resto del mundo dice de ... nosotros todo lo contrario. Lo dice con sus opiniones, lo dice con su dinero. Y por eso somos uno de los principales destinos turísticos y un país en el que muchos extranjeros quieren quedarse a vivir no sólo en verano.Luego cometemos errores. Errores que a veces son fruto de la negligencia –no siempre– y que tienen graves consecuencias. No somos el único país de nuestro entorno que comete errores fatales, ni el más negligente, ni el que consecuencias más graves ha tenido que lamentar y asumir, pero sí el que cuando alguna desgracia sucede más se olvida de todas sus virtudes y se hunde en el más negro y hondo catastrofismo. Hay algo de tradición española en ello pero también mucha mezquindad siempre presta para mercadear con la miseria ajena. También envenenan el charco los que aprovechan cualquier circunstancia para recordarnos cuán miserable es la gente que sólo se alimenta de su rencor. La dimisión del ministro, tan solicitada y finalmente concedida, da contentillo a la oposición y a la turba, pero difícilmente su sucesor sabrá cómo actuar recién llegado, y lo más probable es que cese en diciembre. Asumir responsabilidades consiste a veces en quedarse, sobre todo cuando buscar soluciones es tan urgente. Más de fondo, estos accidentes, y estas muertes, no pueden elevarse a enmienda a la totalidad de nuestro país ni de su buen funcionamiento. Tampoco pueden usarse de arma arrojadiza contra el adversario político si creemos que aún nos queda alguna gota de decencia. Y merecen mi mayor desprecio los que de un modo tan rastrero agitan su resentimiento social para señalar que la Alta Velocidad Española responde a los delirios de grandeza y a la soberbia de la élite española.El AVE ha servido para vertebrar España y que haya sufrido dos terribles accidentes en los últimos meses significa que hay que mejorar las instalaciones y los sistemas de seguridad, pero no que esta infraestructura no sea útil y valiosa ni que no pueda continuar siéndolo si aprendemos de lo sucedido en lugar de dejarnos arrastrar por el pesimismo y los golpes bajos.La tristeza es comprensible pero convertirla en odio no es lo que España necesita de ti. La misma noche de las elecciones, el odio no servirá de nada. Y España continuará siendo un país hermoso, complejo, rico en muchos aspectos, pobre en otros, y le harán mucha falta líderes confiables, razonadores, templados, buenos gestores y no oportunistas a los que hayamos votado por rabia o para desquitarnos del dolor, por legítimo que este dolor sea.