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El Mundo ·

Grandes redadas en el cinturón de Barcelona para atajar el aumento de la delincuencia

Resumen

«Debemos luchar contra el delincuente que no cesa y, sobre todo, contra la sensación de impunidad que pueda sentir. No vamos a parar, este tipo de dispositivos tienen mucho impacto». Es la arenga del jefe de la división regional de Seguridad Ciudadana en Barcelona, el intendente Rafael Tello, ante decenas de agentes de los Mossos d'Esquadra, la Policía Nacional, guardias locales e incluso personal de seguridad privada reunidos a finales de marzo para participar en uno de los macrodispositivos que se replican en las últimas semanas en distintas poblaciones del área metropolitana de Barcelona. Una zona gobernada principalmente por el PSC, que cobija 3,4 millones de personas, un alto porcentaje de habitantes nacidos en el extranjero (superior al 20% en varios municipios), con la capital catalana como centro neurálgico y la parte de El Prat como nexo de comunicaciones.

«Debemos luchar contra el delincuente que no cesa y, sobre todo, contra la sensación de impunidad que pueda sentir. No vamos a parar, este tipo de dispositivos tienen mucho impacto». Es la arenga del jefe de la división regional de Seguridad Ciudadana en Barcelona, el intendente Rafael Tello, ante decenas de agentes de los Mossos d'Esquadra, la Policía Nacional, guardias locales e incluso personal de seguridad privada reunidos a finales de marzo para participar en uno de los macrodispositivos que se replican en las últimas semanas en distintas poblaciones del área metropolitana de Barcelona. Una zona gobernada principalmente por el PSC, que cobija 3,4 millones de personas, un alto porcentaje de habitantes nacidos en el extranjero (superior al 20% en varios municipios), con la capital catalana como centro neurálgico y la parte de El Prat como nexo de comunicaciones. El incremento de la presión policial en las calles de Barcelona y los efectos del plan Kanpai -una suerte de macrorredadas para aumentar la presión sobre quienes acumulan decenas de detenciones por hurtos y robos, que los Mossos empezaron desplegar hace justo un año- han desplazado el problema de la multirreincidencia, los delitos van en aumento en poblaciones vecinas y la policía ha lanzado una nueva ofensiva. Desde la sede central de Egara de los Mossos, en Sabadell, las órdenes se trasladaron a pie de calle. Participaron L'Hospitalet (con Cornellà y Esplugues), Badalona (más Sant Adrià y Santa Coloma), Montcada, la propia Sabadell y la zona del Garraf, además de Barcelona, con especial atención a sus barrios periféricos. En operativos como este se despliegan alrededor de unos 130 efectivos -entre todos los cuerpos implicados- repartidos en dos turnos. El objetivo es dar caza a las personas que hacen de delinquir su modo de vida y actúan por el área metropolitana. Las cifras -siempre «frías», como admiten algunos de los alcaldes implicados- muestran un aumento de la criminalidad en algunas poblaciones vecinas de la capital catalana en 2025. Por ejemplo, mientras las denuncias de hechos delictivos bajaron un 3,1% en Barcelona a lo largo del año pasado, subieron en localidades como Esplugues (14%), Sant Adrià del Besòs (10,9%), L'Hospitalet (6,2%), Sant Just Desvern (11,2%) o Sant Feliu de Llobregat (12,7%), según los últimos datos acumulados del Ministerio del Interior sobre criminalidad convencional. Una estadística que evidencia que la delincuencia y la multirreincidencia, casi siempre de la mano, se han desplazado por las poblaciones limítrofes con Barcelona. Además, se da la circunstancia de que los socialistas acumulan un gran poder en el cinturón metropolitano. A grandes rasgos y como tendencia generalizada, en estas poblaciones han aumentado los robos con violencia, los hurtos (característicos de los multirreincidentes) y las agresiones sexuales (algo que se replica en toda Cataluña). También los delitos asociados al tráfico de drogas, muy extendidos debido al auge de mafias extranjeras, que escogen la zona para esconderse y operar; y al negocio de la marihuana, con la comunidad como área de producción y puerta de entrada a Europa. «Aquí no nos ocurre tanto, pero es evidente que los delincuentes se desplazan rápidamente y se esconden en ciudades colindantes», admiten en Sabadell. «El Kanpai se ha convertido en un plan metropolitano, varias ciudades adyacentes a Barcelona notan cierta dispersión, claro», aseguró por su parte el intendente de la misma localidad, Enric Cervelló. «Lo que más nos preocupa son los hurtos, los robos con violencia y las estafas a gente mayor», zanjó siguiendo la estela general y tras remarcar la «visión metropolitana» del operativo. El objetivo: que los delincuentes se «sientan incómodos» en toda la zona y no solo en Barcelona. ¿Y cómo se ataja al multirreincidente en un «escondite» de 600 kilómetros cuadrados, 36 municipios en total -pese a que los puntos calientes están en los límites fronterizos con la capital barcelonesa- y 3,4 millones de personas, con un aumento notable de la inmigración en los últimos años? La primera parada de este tipo de operativos son las estaciones de tren y autobuses, convertidas en nexos de comunicación por donde se desplazan este tipo de delincuentes. También las carreteras y los puntos marcados en rojo en los que se han detectado nuevos modus operandi en las huidas: con vehículos eléctricos, motos e incluso patinetes. «Se desplazan a toda velocidad y dejan el vehículo en cualquier lado», admiten fuentes policiales. En estos operativos, se inspeccionan locales y chatarrerías -por posibles ventas de material robado-, se actúa en determinados bares y se intensifican las patrullas en zonas de ocio nocturno. La Policía Nacional también participa para intervenir por infracciones en materia de extranjería. Por zonas calientes, una de las principales preocupaciones es L'Hospitalet de Llobregat, segunda ciudad de Cataluña, municipio colindante con Barcelona y feudo por excelencia de los socialistas. Aquí, la escalada de la delincuencia se ha agravado (10% más que hace un año, según cifras del Consistorio, algo más que los datos recopilados por el Ministerio) y la propia consejera de Interior de la Generalitat, Núria Parlon, anunció un plan de choque para frenar esta tendencia en una reunión extraordinaria celebrada en marzo. La inseguridad es el principal problema para el 47,4% de los vecinos según el último barómetro municipal, el máximo histórico desde 2012 en una población de más de 270.000 habitantes. En L'Hospitalet, el pez se muerde la cola: el problema son los robos con violencia y los delitos asociados con el tráfico de drogas. «También los robos en interiores de vehículos vinculados al consumo de estupefacientes. Son los que más se están resistiendo», admite en declaraciones a este periódico el teniente de alcalde del área de seguridad, Jesús Husillos. «Nuestra ciudad ha ido creciendo en los últimos años, especialmente a nivel económico y con varias líneas de metro que conectan con El Prat. En las grandes estaciones hay más actividad delictiva», abunda. Agentes de los Mossos de Esquadra y de la Policía Local de Sabadell realizan un control de tráfico en una de las entradas al municipio del VallésKike RinconAraba Sobre el desplazamiento de la multirreincidencia por el área metropolitana, especialmente en aquellas ciudades vecinas de Barcelona, asegura: «Es bastante obvio. En el momento que presionas en una calle, o presionas con la misma intensidad en el entorno o esta actividad se instalará allí. Se debe trabajar de una forma coordinada, estable y con el mismo nivel de presión en todos los lados». En el otro extremo del área metropolitana, en la zona norte y colindante con la capital catalana aparece Sant Adrià del Besòs, también bajo el mando del PSC. «Una de las cuestiones que más nos preocupa son los hurtos y los robos con violencia, además de los robos en vehículos. Se producen en partes de la ciudad muy acotadas, principalmente en zonas limítrofes», asegura en conversación con este periódico su alcaldesa, Filo Cañete. «Es como un efecto globo, si aprietas por un lado se infla más por el otro. Las personas que delinquen no acaban desapareciendo a no ser que entren en la cárcel», apunta sobre la dispersión por el área metropolitana. «Yo defendí y reivindiqué que se tenía que revisar el ámbito jurídico y penal, quien la hace que la pague», subraya Cañete sobre la reforma de la ley de multirreincidencia que endurece las penas por reiteración de pequeños hurtos. Capítulo aparte merece La Mina, una de las zonas más conflictivas. Aquí preocupa la presencia de armas blancas y de fuego, la venta de droga y los pisos convertidos en escondites de importantes plantaciones de marihuana. «Ha habido un aumento de mossos, me gustaría que hubiera más presencia y creo que la hoja de ruta del Govern va en esta línea, pero todo depende de los Presupuestos», avisa la alcaldesa. En Sant Just Desvern, de nuevo en la zona metropolitana sur y pese a no ser estrictamente limítrofe con Barcelona, también se ha notado cierto incremento de algunos delitos. «Han subido los robos a personas y los robos en el interior de vehículos. Son grupos organizados que operan, muy complicados de detener porque actúan de forma muy rápida, son perfiles multirreincidentes», asegura su alcalde, Joan Basagañas (PSC). «Pedimos más efectivos, desde el Govern nos han asegurado que cuando se incorporen más mossos en verano una de las zonas que se priorizará será el área metropolitana sur», señala Basagañas, quien coincide en que la multirreincidencia se desplaza entre ciudades. «Son delitos propios de zonas turísticas, con grandes aglomeraciones», zanja.