El Metropolitano es un enredo
ResumenSe retiraba cabizbajo y abroncado Julián Alvarez, mientras sus compañeros agradecían el apoyo de la afición, para que se siguiera jugando un partido que se había jugado ya, que de hecho acababa de terminar en tablas, y en el que había participado el punta argentino. Que estaba por salir, o eso parecía, cuando Pubill topó en la frontal con una pelota caprichosa que buscaba otro destino pero a la que, ya que andaba por allí, dio pasaporte con una rosca de zurda patentada apenas unos días antes por Kang-in. Y que iba a quedarse en la banda, o eso parecía, cuando Hernández decretó el primer penalti de la tarde, de Hjulmand a Buchanan, para que volviera el equilibrio. Al final apareció, La Araña se entiende, con un buen rato por jugarse y cuando el Metropolitano se había convertido en una jaula de grillos.
Se retiraba cabizbajo y abroncado Julián Alvarez, mientras sus compañeros agradecían el apoyo de la afición, para que se siguiera jugando un partido que se había jugado ya, que de hecho acababa de terminar en tablas, y en el que había participado el punta argentino. Que estaba por salir, o eso parecía, cuando Pubill topó en la frontal con una pelota caprichosa que buscaba otro destino pero a la que, ya que andaba por allí, dio pasaporte con una rosca de zurda patentada apenas unos días antes por Kang-in. Y que iba a quedarse en la banda, o eso parecía, cuando Hernández decretó el primer penalti de la tarde, de Hjulmand a Buchanan, para que volviera el equilibrio. Al final apareció, La Araña se entiende, con un buen rato por jugarse y cuando el Metropolitano se había convertido en una jaula de grillos. Sobre todo porque una carrera de Mikautadze con Le Normand que al del silbato le había parecido nada se convirtió de repente en todo, pena máxima y expulsión, a la que el de la tecnología enmendó la plana a su compañero. Así que el georgiano la puso donde la había puesto antes su compañero Gerard, segunda estatua de un Oblak con el que se pudo contar para todo lo demás, de modo que tomaba forma la remontada amarilla. Y fue ahí, con uno menos y todo en contra, cuando Baena condujo para que Giuliano rematara. Nueve minutos de prolongación concedió aún el de las correcciones, sin que el Villarreal encontrara la vía del tercero, cegada precisamente por Oblak ante Buchanan, y sin que el Atlético flirteara siquiera con lo que hubiera sido un triunfo épico. Hubo una pelota que se quedó muerta al borde del área para Julián, sólo hubiera faltado, pero la zaga visitante tuvo ahí la contundencia que le faltó en otras. Así que todo pendiente, el que se presume duelo directo durante todo el campeonato, por ahí el gol postrero tiene más valor por los dos puntos que quitas que por el que das, y, sobre todo, el litigio con el muchacho que tiene un sueño. Excelente idea la de fijar un partido en pleno agosto a las cinco de la tarde, por cierto. De Madrid al cielo. Lo suyo ya puestos hubiera sido obligar a que los jugadores se desempeñaran con jersey de lana, pero como dice Simeone a nadie le importa. Por ahí quizás se explican el ritmo cansino por momentos, los jugadores a los que faltaba fuelle en el alocado tramo final, incluso las alineaciones previas. El Atlético presentó credenciales en el arranque, pero aquello duró lo justo. Grimaldo mostró catálogo de virtudes y defectos en cinco minutos, en ataque haciendo lucirse a Luiz Junior, en defensa sufriendo ante Pépé para que Pubill evitara la primera de Mikautadze, pero enseguida quedó claro que no se puede hacer daño sin alguien que haga daño, léase que no se puede atacar sin delanteros. Iñigo había envidado con la alineación de Santander, que ya tiene mérito repetir a estas alturas de la película, para dibujar un 4-4-2 evidente y proponer al menos de salida un partido mucho más tranquilo que aquél, en el que lo mismo daba que tomaba. Su equipo fue amasando la pelota con paciencia, sin que la presión local opusiera demasiada resistencia (dos faltas en 50 minutos, por si vale el dato), aunque Oblak supo manejarse en todas las que tuvieron el citado Mikautadze y Ayoze, alguna de ellas tras notable asociación colectiva. Enfrente apenas los disparos lejanos de Kang-in, que prueba cada vez que puede, aquél de Grimaldo había sido la excepción para la regla, porque dentro del área no había absolutamente nada que llevarse a la boca. El mediocampo se manejaba con solvencia, Koke sabe lo que hace, Hjulmand hace lo que sabe, pero de ahí hacia adelante se creaba un agujero negro. El Cholo había sorprendido prescindiendo de Barrios en el once, pero como el muchacho es de porcelana conviene tentarse la ropa antes de proceder a crítica alguna, por más que estuviera en el banquillo, por más que todo apuntaba a que tendría minutos después. Efectivamente, los tuvo. Porque formó parte de un triple cambio para hacer la del Málaga, ganar en el segundo acto, pero topando con la resistencia de un notable Villarreal, que encajó la primera para responder a continuación, fue ahí cuando Simeone movió el árbol, pero que lamentó el equilibrio final después de estar por delante y en superioridad. El banquillo también había aportado lo suyo en el caso amarillo, excelso Buchanan por ejemplo, y el intercambio de golpes dejó las cosas como estaban. Después del sofoco, eso sí. Y con Julián haciendo mutis por el foro. Ahora, para que la cosa se tranquilice, tres partidos consecutivos a domicilio. La mejor Liga del mundo, ya se sabe.