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Marca ·

La realidad del fútbol moderno golpea al Madrid

Resumen

Con Xabi Alonso, el Real Madrid quería dejar de esperar y empezar a imponer. Morder arriba, recuperar cerca del área rival y convertir esa agresividad en ocasiones. Durante las primeras jornadas, los números respaldaban la idea: más recuperaciones en campo contrario que en la etapa de Carlo Ancelotti y una notable eficacia tras robo. El equipo llegó a registrar 8,8 recuperaciones altas por partido, situándose entre los más intensos de Europa en la presión adelantada.

El plan estaba claro. Con Xabi Alonso, el Real Madrid quería dejar de esperar y empezar a imponer. Morder arriba, recuperar cerca del área rival y convertir esa agresividad en ocasiones. Durante las primeras jornadas, los números respaldaban la idea: más recuperaciones en campo contrario que en la etapa de Carlo Ancelotti y una notable eficacia tras robo. El equipo llegó a registrar 8,8 recuperaciones altas por partido, situándose entre los más intensos de Europa en la presión adelantada. Pero el impulso se diluyó pronto. Tras el Clásico en el Bernabéu, la tendencia cambió. Las cifras comenzaron a caer hasta desaparecer prácticamente del mapa competitivo del equipo. Por eso, la comparación con la élite actual es inevitable. La eliminatoria entre PSG y Bayern dejó una conclusión evidente: el fútbol de máximo nivel se juega hoy desde la presión organizada. O al menos para intentar brillar y dominar al rival. No se trata solo de correr más, sino de hacerlo mejor. Ambos equipos convierten la presión en un sistema colectivo perfectamente coordinado. No esperan el error, lo que buscan es provocarlo. Cada jugador entiende cuándo activar, cómo cerrar líneas de pase y dónde posicionarse para sostener el bloque. El resultado es un ritmo constante, sin pausas, que somete al rival desde la salida de balón. De ahí la oda al fútbol vista en el Parque de los Príncipes. El PSG de Luis Enrique representa con precisión esa idea. Su equipo mezcla flexibilidad ofensiva con rigor sin balón. Las posiciones cambian, pero la estructura se mantiene. La presión no admite excepciones, ni siquiera para sus estrellas. in implicación colectiva, el sistema se rompe... lo que le pasó con Mbappé. Siempre lo tuvo claro y, ahora que ya controla todo como siempre deseó, su equipo vuela sobre el césped. "Kylian, tienes que marcar al central derecho. Si no marcas al central derecho, no da para ganar este partido. Necesito que marques al central derecho para poder presionar todos. Nosotros no tenemos una filosofía de dejar a Mbappé que haga lo que quiera y ya está, no", aseguraba el español cuando el 10 estaba aún entre sus soldados. Ahí es donde el Madrid pierde pie. Su presión sigue siendo selectiva, más reactiva que proactiva. No hay continuidad ni sincronización suficiente para sostenerla durante largos tramos. El equipo alterna momentos de intensidad con fases de espera, lo que reduce su capacidad para recuperar alto y condicionar al rival. Los datos en Champions reflejan esa diferencia. El Madrid ha realizado 98 presiones altas en 14 partidos, generando 26 disparos y solo dos goles. Muy lejos de los registros de sus competidores directos. El PSG suma 144 presiones en 15 encuentros, con siete goles. El Bayern alcanza 131 presiones y seis tantos con un partido menos. Sin embargo, la distancia no es solo estadística. El resto genera muchas inseguridades a sus rivales y logra controlar y ganar espacio. Y ahora mismo, el Madrid corre por detrás.