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Un Giro demasiado predecible

Resumen

Jonas Vingegaard se paseó durante tres semanas para conquistar su primer Giro de Italia en Roma. Ganó cómo, cuándo y como quiso, y sin poner toda la carne en el asador al tener siempre presente su doblete en el Tour de Francia. Eso será otra historia, palabras mayores... Pero lo que se ha visto en la Corsa Rosa empieza a ser una tónica en el actual ciclismo.

Jonas Vingegaard se paseó durante tres semanas para conquistar su primer Giro de Italia en Roma. Ganó cómo, cuándo y como quiso, y sin poner toda la carne en el asador al tener siempre presente su doblete en el Tour de Francia. Eso será otra historia, palabras mayores... Pero lo que se ha visto en la Corsa Rosa empieza a ser una tónica en el actual ciclismo. Y en un deporte en el que confluyen tantas variables y factores externos, como el clima, las caídas o las enfermedades, empieza a resultar monótono que en determinados contextos el ciclismo de los últimos años sea tan sumamente predecible.

No es culpa de los organizadores de carreras, ni de los recorridos, simplemente estamos en una era de un dominio aplastante por parte de las grandes estrellas. En el caso de este Giro, el análisis es muy sencillo: sin Pogacar, Vingegaard gana a placer. Y en dirección opuesta, más de lo mismo. En condiciones normales era difícil imaginar un escenario diferente al que se vivió en esta Corsa Rosa, que cumplió los pronósticos a rajatabla en favor del campeón danés. Algo muy similar se vivió con el esloveno en el Giro 2024, con otro dominio aplastante que, en términos de emoción, le hace flaco favor al ciclismo.

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Así las cosas, se hace necesario que los grandes astros coincidan en cada gran carrera para ver algo emocionante y menos previsible, aunque esto tampoco se haya podido aplicar en los dos últimos Tours... Y aquí, con la ausencia de Pogacar y también de quienes forman esa segunda unidad del ciclismo (Ayuso, Lipowitz, Evenepoel, Del Toro, Roglic, Seixas, Almeida...), ¿cómo íbamos a tener algo diferente al aplastamiento de Vingegaard? Tampoco vimos nada nuevo, por desgracia, en el seno del Movistar. Más allá del batacazo de la general con Mas y de unas tácticas cuestionables en ciertos momentos, los telefónicos se van de vacío por segundo año consecutivo en la ronda italiana. Actitud irreprochable, pero faltó colmillo.

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