El clamor del campo andaluz que aviva Vox: "Se ha sacrificado la agricultura y la ganadería para abrirle mercado a los coches alemanes"
ResumenFernando Adell abre la puerta de la verja y se adentra en el cercado donde están las vacas con el fotógrafo, que está buscando la mejor perspectiva para retratarlo. «Ten cuidado con las zapatillas, a ver si pisas alguna mina», bromea Ángel, el encargado de la finca, señalando una de las numerosas boñigas que hay que sortear. Siguen a lo suyo, que básicamente consiste en espantar moscas con el rabo y tratar de que sus mugidos suenen más altos que los trinos de los pájaros. La finca en la que estamos se llama Dehesa del Campo, se encuentra a 20 minutos en coche de Córdoba, en Cerro Muriano, y ocupa 690 hectáreas sembradas de unas encinas majestuosas; algunos ejemplares alcanzan fácilmente los 10 metros de altura.
Fernando Adell abre la puerta de la verja y se adentra en el cercado donde están las vacas con el fotógrafo, que está buscando la mejor perspectiva para retratarlo. «Ten cuidado con las zapatillas, a ver si pisas alguna mina», bromea Ángel, el encargado de la finca, señalando una de las numerosas boñigas que hay que sortear. Los animales ni se inmutan. Siguen a lo suyo, que básicamente consiste en espantar moscas con el rabo y tratar de que sus mugidos suenen más altos que los trinos de los pájaros. La finca en la que estamos se llama Dehesa del Campo, se encuentra a 20 minutos en coche de Córdoba, en Cerro Muriano, y ocupa 690 hectáreas sembradas de unas encinas majestuosas; algunos ejemplares alcanzan fácilmente los 10 metros de altura. En este ambiente se crían actualmente 700 cerdos de bellota -«cochinos», les dicen aquí- y unas 340 vacas reproductoras cruce de las razas francesas limousin y charolais, a las que cortejan unos 16-17 toros, uno por cada 20-30 hembras. Adell las tiene divididas en varias piaras -así las llama- en función del momento reproductivo en el que se encuentran. En el grupo con el que se toma las fotografías están las reses que han parido hace relativamente poco, las que tienen crías de tres/cuatro meses. «Normalmente los terneros se destetan con 5 o 6 meses, y su peso vivo suele ser de 230/250 kilos. A partir de entonces se meten en un cebadero y se engordan con pienso hasta que a los 14-15 meses van al sacrificio; las hembras suelen ir al sacrificio antes, con 12 meses. Los machos se sacrifican con unos 650 kilos y las hembras con 500», detalla Adell el ciclo de su cadena de producción de vacas de carne. «Unas veces las engordamos nosotros y otras las vendemos con cinco o seis meses, tras el destete. Depende de cómo estén las condiciones económicas y de mercado. Si vendes el ternero más pequeño, entra liquidez en tu cartera siete u ocho meses antes que si lo vendes gordo, y no tienes que darle de comer esos siete/ocho meses de engorde», explica las cuentas que hacen. Fernando Adell es ganadero y además es el presidente en la provincia de la asociación agraria Asaja, que cuenta con 5.500 socios en Córdoba. Si hemos acudido a sus dominios es para tratar de palpar el alcance del enfado del sector agrícola y ganadero por el tratado que la UE ha rubricado con Mercosur y cómo puede influir en el voto del campo en las autonómicas andaluzas: ¿cuánto tiene que ver en que este 17-M Vox tenga su principal granero de votos entre los agricultores y ganaderos? El mismo día en que arrancó la campaña electoral, el 1 de mayo, entró en vigor de modo provisional el acuerdo comercial. Publicitado como el mayor alcanzado tanto por la UE como por Mercosur -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay lo componen-, afecta a 700 millones de consumidores y supondrá la eliminación de modo progresivo de los aranceles en el 91% de las exportaciones de aquí para allá y viceversa. El tratado ha iniciado su andadura con el cartel de «provisional» porque en enero pasado, cuando ya había sido firmado por las partes, el Parlamento Europeo decidió pedir dictamen sobre el mismo al Tribunal de Justicia de la UE, trámite que paralizó su ratificación. Pese a ello, la Comisión decidió ponerlo en marcha. Santiago Abascal en el arranque de campaña en Jaén.JOSÉ MANUEL PEDROSAEFE «Es una putada descomunal», suelta a bocajarro Fernando Adell cuando pronunciamos la palabra «Mercosur». «Es un acuerdo que se ha hecho para buscarle mercado a los productos manufacturados de Alemania y del centro de Europa. A cambio de abrirles mercado a sus coches y lavadoras, hemos sacrificado la ganadería y la agricultura española en general y andaluza en particular», comienza a argumentar el porqué de la frontal oposición del sector al acuerdo. «Desde Europa les vendemos Volkswagen, Audi, productos de laboratorios farmacéuticos, maquinaria... Y ellos nos venden productos agrícolas y ganado; son grandísimos productores de soja, maíz, cítricos y vacuno, por ejemplo». Según datos de la Comisión Europea, en 2024 la UE y Mercosur intercambiaron mercancías por valor de 111.204 millones de euros. El flujo comercial fue bastante equilibrado puesto que el valor de las importaciones europeas ascendió a 56.018 millones y el de las exportaciones a 55.186 millones: 832 millones a favor de los sudamericanos. La balanza, sin embargo, se inclina significativamente a favor de Mercosur si se mira sólo el comercio de productos agroalimentarios: 23.897 millones de euros exportados por Mercosur a la UE frente a los 3.348 millones en sentido inverso. De la resta resulta un saldo de 20.549 millones a favor de los de Mercosur. Si ponemos el foco en España en concreto, según el documento Informe Bilateral: Mercosur 2024, elaborado por el Ministerio de Agricultura, las exportaciones agroalimentarias y pesqueras de España a Mercosur en 2024 se situaron en 463 millones de euros -aceite, vino y mosto, frutas de hueso...- mientras que las importaciones alcanzaron los 4.118 millones anuales, casi nueve veces más. Y si hemos acudido a una explotación ganadera bovina es porque entre los productos que más de compramos a Mercosur están la soja, el maíz y la carne de vacuno. La asociaciones agrarias cifran en unas 15.000 las toneladas de carne de bovino que anualmente entran en España provenientes de Mercosur, mientras que las exportaciones son testimoniales o inexistentes. «Y ellos no están sometidos a legislaciones tan estrictas en cuanto a métodos de producción como las que tenemos en Europa: trazabilidad, seguridad alimentaria, etc. Sus costes de producción además son menores, lo que se traducirá en unos precios más baratos que perjudicarán tanto a ganaderos como agricultores», se lamenta Adell. En la línea de lo que el presidente de Asaja Córdoba dice, un reciente estudio sobre el acuerdo comercial elaborado por dos antiguos economistas de la ONU, Orsola Costantini y Álex Izurieta, sostiene que las importaciones de vacuno proveniente de Mercosur supondrán una rebaja de precios del 2%, caída que empujaría a la inviabilidad económica a un 4,3% de las granjas europeas. Se trataría fundamentalmente, recoge el estudio, de explotaciones de tamaño medio españolas y austriaca y de otras de menor dimensión en Países Bajos. «Exigimos a los gobiernos que sean muy escrupulosos con los controles en las fronteras para que se guarden las cláusulas espejo en los acuerdos comerciales. Cláusula espejo quiere decir que si aquí me obligan a producir una cosa con una normativa y usando determinados métodos de producción que le exijan lo mismo al producto que venga. De todos los productos que entran en España se controla el 0,8%. De cada 100 containers abren uno y de ese sacan una pequeña muestra», dice Adell, quien estuvo presenten en la histórica manifestación del campo europeo -más de cien organizaciones agrarias de 27 países- que se celebró en diciembre pasado en Bruselas para tratar de impedir la firma del tratado. «En Brasil, por ejemplo, a los terneros se les da hormonas para engordarlos y eso está absolutamente prohibido, además de que el coste del engorde es mucho menor que aquí», añade. No es baladí que Santiago Abascal arrancara la campaña -Jaén, 1 de mayo- acompañando a su candidato en Andalucía, Manuel Gavira, con una pegatina en el pecho en la que se leía «NO a Mercosur»: «Es un no rotundo a Mercosur porque es un tratado comercial que arruina al campo a los ganaderos a los agricultores, que impide la sucesión generacional en el mundo rural, que viene a sentenciar a muerte al sector primario en España...», dijo. Tampoco parece casual que en todas las comunidades autónomas en las que ha tocado poder salvo en Murcia -es decir en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Valencia- se haya quedado con la consejería de Agricultura. Vox tiene en el gremio un importante caladero de votos, como atestigua la encuesta del CIS de este abril con motivo de las autonómicas andaluzas. Preguntados por a qué partido votarán el próximo domingo, el 19,9% de los agricultores, trabajadores agropecuarios, forestales y pesqueros responden que Vox, frente al 41,7% que se decanta por el PP y el 7,8% que escoge al PSOE. El porcentaje total de votos que el CIS le augura a Vox es del 10,3%, prácticamente la mitad que el que reúne entre los ocupados del sector primario. La identificación de agricultores y ganaderos con Vox es aún mayor cuando responden a qué partido consideran más cercano a sus propias ideas: Vox, dice el 36,1%; PP, el 28,9% y PSOE, el 10,2%. «Suponiendo que mañana se celebrasen elecciones generales, ¿a qué partido votaría usted?», continúa el CIS indagando en las intenciones de los andaluces. El porcentaje de ocupados en el gremio que se decantan por Vox es aún mayor que en las autonómicas: el 28,6% votaría a Santiago Abascal.