La meritocracia del ascenso
ResumenEn estos días decisivos hay equipos que ya celebran porque han conseguido el objetivo mayor, ascender directamente por haber sido los mejores. Parece lo normal, casi lo justo, pero durante años el fútbol no profesional español no funcionó así. Ser primero no siempre significaba subir. Solo aseguraba una mejor posición, una vía de campeones o una segunda oportunidad.
En estos días decisivos hay equipos que ya celebran porque han conseguido el objetivo mayor, ascender directamente por haber sido los mejores. Parece lo normal, casi lo justo, pero durante años el fútbol no profesional español no funcionó así. Ser primero no siempre significaba subir. Solo aseguraba una mejor posición, una vía de campeones o una segunda oportunidad. Tras meses acreditando más méritos que nadie, un mal partido podía tirar por tierra todo el trabajo acumulado.
Cada aficionado tendrá su ejemplo. Campeones que llenaron campos, dominaron su grupo, mantuvieron diferencias abismales y acabaron cayendo en una eliminatoria cruel. El playoff tenía, y tiene, una emoción indiscutible. Genera pasión, taquillas, relatos y tardes inolvidables. Pero cuando ese formato convierte la regularidad en una mejor posición en un sorteo, el modelo pierde coherencia.
No hace tanto tiempo que esa injusticia histórica cambió. La temporada 21-22, coincidiendo con la implantación de la nueva Primera Federación y la reordenación de las categorías no profesionales, consolidó el ascenso directo del campeón en la mayoría de competiciones. Desde entonces, los primeros clasificados ya no reciben solo un premio moral o una posición ventajosa. Reciben el premio deportivo que corresponde a quien ha sido mejor durante todo el curso, su derecho deportivo de ascenso.
La medida fue escalable y capilar. Llegó a Primera Federación, Segunda Federación, Tercera Federación y también al fútbol femenino o al fútbol sala. Además, se completó con otra ventaja en las eliminatorias. Si persiste el empate tras la prórroga, avanza el equipo mejor clasificado en la fase regular. Así, incluso cuando el ascenso se decide en una eliminatoria, competir bien todo el año sigue teniendo premio.
Esta temporada ejemplos claros como el CD Tenerife, que ha celebrado el ascenso a Segunda División o en Segunda Federación, campeones como Deportivo Fabril, Real Unión, Sant Andreu, Extremadura o Rayo Majadahonda han obtenido también premio directo. En femenino, las Gloriosas del Alavés volvieron a Liga F y el Athletic B, RUT Santa Cruz y el Sport Extremadura alcanzaron la Primera Federación desde la autoridad de su liga.
Y este fin de semana la Tercera Federación masculina vuelve a recordarlo con sus 18 campeones autonómicos mirando hacia arriba. Para algunos, el modelo puede debilitar la categoría superior; para otros, permite que proyectos menos habituales, clubes de nuevas geografías y equipos de todas las autonomías accedan al fútbol nacional por mérito propio, aportando inversión, arraigo e ilusión local.
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La reforma acertó porque devolvió valor a la temporada regular. La meritocracia, en fútbol, significa que meses de regularidad pesen más que una mala tarde. Que ser campeón no sea solo llegar mejor posicionado a un sorteo, sino obtener el derecho deportivo ganado en el campo. El playoff debe emocionar, pero la clasificación final debe mandar. Esa es la meritocracia del ascenso.
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