Irán, preparado para "acabar con la guerra"
ResumenIrán abre por primera vez la puerta al fin de la guerra. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, trasladó ayer al presidente del Consejo Europeo, António Costa, que Teherán tiene la "voluntad necesaria de acabar con el conflicto", aunque supedita cualquier avance a la obtención de garantías concretas. El mensaje, comunicado en una conversación telefónica, supone un giro en plena escalada: hasta ahora, el régimen de los ayatolás había rechazado cualquier tregua y limitado su disposición a negociar a un final total de la guerra. Por primera vez desde que Estados Unidos e Israel atacaron Teherán, Pezeshkian verbaliza que Irán quiere "poner fin a este conflicto", siempre que se tomen medidas para "evitar que se repita la agresión".
Irán abre por primera vez la puerta al fin de la guerra. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, trasladó ayer al presidente del Consejo Europeo, António Costa, que Teherán tiene la "voluntad necesaria de acabar con el conflicto", aunque supedita cualquier avance a la obtención de garantías concretas. El mensaje, comunicado en una conversación telefónica, supone un giro en plena escalada: hasta ahora, el régimen de los ayatolás había rechazado cualquier tregua y limitado su disposición a negociar a un final total de la guerra. Por primera vez desde que Estados Unidos e Israel atacaron Teherán, Pezeshkian verbaliza que Irán quiere "poner fin a este conflicto", siempre que se tomen medidas para "evitar que se repita la agresión". Además, el mandatario iraní subrayó que "la solución para normalizar la situación es el cese de la ofensiva estadounidense-israelí". El mensaje supone un cambio relevante en su posición pública y rompe con la línea mantenida hasta ahora por Irán, que rechazaba negociar treguas y defendía exclusivamente conversaciones orientadas al final definitivo del conflicto. El cambio no es menor. En las últimas semanas, el ministro de Exteriores iraní había reiterado que una tregua sería inaceptable si no formaba parte de un proceso cerrado de resolución total. En paralelo, la Guardia Revolucionaria Islámica había endurecido el discurso al asegurar que el desenlace de la guerra dependería exclusivamente de sus propios tiempos. Frente a ese planteamiento, la referencia explícita a una "voluntad" de terminar la guerra introduce un matiz que, en términos diplomáticos, apunta a una apertura, aunque sea limitada. Esa apertura, sin embargo, está fuertemente condicionada. En los últimos días, Irán ha incorporado a su lista de exigencias varias garantías que considera imprescindibles para cualquier negociación. Entre ellas, la de que un eventual alto el fuego no sirva como antesala para la reanudación de la ofensiva en cuestión de meses, una desconfianza que refleja la experiencia acumulada en conflictos anteriores. A ello se suman demandas de mayor alcance estratégico, como el reconocimiento de su autoridad sobre el Estrecho de Ormuz, un enclave clave para el tránsito energético global. La posición iraní, por tanto, no se limita a plantear el fin de la guerra, sino que busca fijar las condiciones del escenario posterior. LOS MERCADOS Pese a esas cautelas, los mercados han reaccionado con un optimismo inmediato. En Estados Unidos, las bolsas registran subidas mientras el precio del petróleo cae, un comportamiento que suele interpretarse como señal de expectativas de desescalada. Los inversores parecen dar credibilidad -al menos parcial- al mensaje iraní, descontando un posible alivio en las tensiones que afectan al suministro energético. Ese movimiento coincide con las declaraciones de Donald Trump, que en los últimos días ha apuntado a un posible final del conflicto. El secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, también señaló ayer que "los próximos días serán decisivos" y advirtió a Teherán de que el conflicto se intensificaría si no se llegaba a un pacto. Aunque el presidente estadounidense ha demostrado en otras ocasiones una tendencia a anticipar escenarios favorables, la convergencia entre su discurso y la reacción de los mercados refuerza la percepción de que algo está cambiando en el terreno diplomático. Queda por ver si ese cambio es sustancial o meramente táctico. Hasta el momento, Irán ha mantenido intactas sus líneas rojas y plantea exigencias difíciles de asumir sin una negociación compleja y prolongada. Pero el simple hecho de que, por primera vez, combine su retórica de resistencia con una apelación explícita a poner fin a la guerra introduce un elemento nuevo en una dinámica que hasta ahora parecía bloqueada. En un conflicto marcado por la rigidez de las posiciones, ese matiz puede ser el primer indicio de una ventana, aunque estrecha, para la negociación.