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Bocadillo blanc i negre catalán, con botifarra blanca, negra y cebolla

Resumen

250 kcal/100g El nombre puede despistar porque el blanc i negre más conocido fuera de Cataluña suele llevar longaniza y morcilla, como ocurre en el almuerzo valenciano. En Barcelona encontramos, sin embargo, otra combinación muy concreta: el bocadillo blanc i negre catalán se prepara con botifarra blanca, botifarra negra y cebolla, una fórmula documentada entre los bocadillos de Dole Café, en Sarrià. Para esta receta vamos a seguir precisamente esa versión catalana, sin mezclarla con la valenciana. La elección del embutido cambia bastante la receta.

Icono personas Para 2Icono euro 3.5€/pers.Icono calorias 250kcal/100g

El nombre puede despistar porque el blanc i negre más conocido fuera de Cataluña suele llevar longaniza y morcilla, como ocurre en el almuerzo valenciano. En Barcelona encontramos, sin embargo, otra combinación muy concreta: el bocadillo blanc i negre catalán se prepara con botifarra blanca, botifarra negra y cebolla, una fórmula documentada entre los bocadillos de Dole Café, en Sarrià. Para esta receta vamos a seguir precisamente esa versión catalana, sin mezclarla con la valenciana.

La elección del embutido cambia bastante la receta. Tanto la botifarra blanca como la botifarra negra forman parte del repertorio catalán de embutidos cocidos. Para esta preparación elegimos piezas cocidas aptas para cortar y calentar, y las pasamos brevemente por la sartén: interesa darles temperatura y algo de dorado, no tratarlas como una salchicha fresca y freírlas hasta secarlas.

El tercer elemento tiene más trabajo que los otros dos: una cebolla cocinada despacio, tierna, melosa y ligeramente dorada. No vamos a añadir azúcar. Con fuego medio-bajo y algo de paciencia desarrolla suficiente dulzor y conserva un punto salado que encaja mejor con dos embutidos bastante sabrosos. El pan también cuenta: debe aguantar grasa y humedad sin convertirse en una esponja blandurria.

Si os apetece seguir con la cocina catalana, la butifarra con mongetes lleva este embutido a un plato completamente distinto, mientras que el pa amb tomàquet demuestra lo lejos que puede llegar un buen pan con muy poca compañía. Y para mantener el contraste entre embutido oscuro y cebolla dulce, la empanada de morcilla y cebolla caramelizada es una tercera opción bastante distinta de este bocadillo.

Lo primero es comprar el embutido adecuado. Buscamos botifarra blanca y botifarra negra cocidas, no botifarra fresca cruda. Si en la charcutería tienen varias versiones, conviene explicar que son para cortar, calentar y montar en bocadillo.

No cortemos las rodajas demasiado finas. Con menos de medio centímetro la botifarra negra puede romperse con facilidad y la blanca se seca antes. Un grosor de 1 a 1,5 centímetros mantiene mejor la textura y deja un contraste claro entre las dos.

La cebolla necesita tiempo, pero no azúcar. Si subimos el fuego para terminar antes, tostaremos los bordes mientras el centro continúa firme. Para afinar ese punto merece la pena repasar qué significa pochar y cómo saber cuándo una cebolla está bien pochada y distinguirlo de una cebolla caramelizada mucho más intensa.

El pan debe tener miga suficiente y corteza fina o media. Una baguette excesivamente seca puede hacer incómodo el bocado y un pan demasiado blando se empapa enseguida. También podemos preparar nuestro propio pan para bocadillos y ajustar el tamaño a la cantidad de relleno.

No hace falta añadir queso, mayonesa ni otras salsas. La grasa del embutido y la humedad de la cebolla ya hacen el trabajo. Cargarlo de añadidos puede tapar precisamente el contraste que da nombre al bocadillo.

La botifarra negra es la parte más delicada. La movemos lo mínimo y evitamos un fuego agresivo. No queremos freírla hasta dejarla crujiente ni convertirla en un picadillo; solo calentarla y marcar ligeramente la superficie.

Este es uno de esos bocadillos que pierden bastante si esperan. Una vez montado, la cebolla y la grasa van humedeciendo la miga, así que lo mejor es servirlo recién hecho, directamente de la plancha a la mesa.

Puede surgir la duda de por qué esta receta no lleva longaniza y morcilla. La explicación es que no estamos preparando el blanc i negre valenciano. Ese bocadillo pertenece al esmorzaret valenciano y combina habitualmente longaniza con morcilla. Aquí seguimos la versión barcelonesa documentada con botifarra blanca, botifarra negra y cebolla.

¿La botifarra negra es simplemente una morcilla? Comparte con distintas morcillas el uso de sangre, pero no conviene tratar todos estos embutidos como idénticos: la tradición catalana tiene elaboraciones y denominaciones propias. En Rechupete tenemos una guía sobre los tipos de morcilla española y sus diferencias regionales.

La cebolla se puede preparar con antelación. La dejamos enfriar, la guardamos bien tapada en el frigorífico y la recalentamos suavemente antes de montar el bocadillo. Para dos unidades, sin embargo, hacerla al momento no complica demasiado la receta y nos evita trabajar con un relleno frío.

También podemos prescindir de la cebolla, pero cambia bastante el equilibrio. La botifarra blanca y la negra juntas son sabrosas y grasas; la cebolla melosa aporta dulzor y humedad y hace que el conjunto resulte menos pesado. Si la quitamos, merece la pena cuidar especialmente el pan y no secar el embutido en la plancha.

¿Podemos untar el pan con tomate? Sí, como variante doméstica encaja con la cocina catalana, pero no lo hemos incluido en esta fórmula porque queremos mantener la combinación documentada de botifarra blanca, negra y cebolla. Si lo hacemos, usamos muy poco tomate para que el pan no quede empapado antes de pasar por la plancha.

Y si nos gustan estos nombres de barra y bocadillos con identidad propia, este blanc i negre encaja de lleno en el recorrido por los bocadillos más míticos de España: pocos ingredientes, una combinación reconocible y bastante más cocina de la que parece al mirar el pan por fuera.

Última revisión: 1 septiembre 2026

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