Isabel Coixet: «La libertad no es algo que se gana, es algo que se lleva encima»
ResumenLa oficina de Isabel Coixet en Barcelona es un caos en el que se siente cómoda. «Mary Kondo está muy bien, pero no es para mí», dice con una mueca sarcástica. Pero debe de ser una de las pocas cosas japonesas que ha descartado en su vida. A finales de los noventa, Coixet fue la primera que nos habló del ramen, de la literatura de Murakami, del arte de Yayoi Kusama… y cuando fundó su productora decidió llamarla Miss Wasabi.
La oficina de Isabel Coixet en Barcelona es un caos en el que se siente cómoda. «Mary Kondo está muy bien, pero no es para mí», dice con una mueca sarcástica. Pero debe de ser una de las pocas cosas japonesas que ha descartado en su vida. A finales de los noventa, Coixet fue la primera que nos habló del ramen, de la literatura de Murakami, del arte de Yayoi Kusama… y cuando fundó su productora decidió llamarla Miss Wasabi. Su mente es efervescente y funciona como una especie de radar de lo nuevo y excitante que la convierte en una prescriptora única. Su estado natural es el nomadismo y cuando nos recibe para la entrevista la encontramos preparando dos maletas: una para el viaje que la llevará primero a Génova y luego a Francia (donde será parte del jurado del Festival de Cannes Series) y otra para mandar a Madrid con una serie de objetos que hablan de su estética, pero también de su ética y su biografía: un teléfono de los setenta, el abanico con el mensaje «#NiUnaMenos» que llevó en los Goya de 2019, una máquina de escribir, un retrato de Agnès Varda, un dinosaurio de plástico, ediciones antiguas de Lolita que se usaron como atrezo en su película La librería... Cosas nimias pero importantes que se exhibirán en la Galería Max Estrella junto a una nueva exposición de collages , su última obsesión. «En este momento para mí los collages son una prolongación de mi trabajo. Los textos y las películas cuentan mucho, pero hay algo que se queda ahí, en los intersticios de lo que no se dice, que se expresa en los collages y me ha enganchado». «Para mí el cine es una religión. Cuando entro en una sala, voy al confesionario. Hay momentos en que me pondría de rodillas ante la pantalla»Isabel Coixet es Premio Nacional de Cinematografía, Medalla Chevalier des Arts et des Lettres en Francia, ganadora de ocho Goya y ahora también del Premio XLSemanal 2026 a la Creación. Su última película, Tres adioses , ha conquistado las carteleras de España e Italia. Y también está involucrada en la producción de varios documentales.XLSemanal. Acaba de estrenar una serie en Francia – Alguien debería prohibir los domingos por la tarde – sobre una chica que vive en París y quiere ser directora de cine. ¿La protagonista se le parece?Isabel Coixet. En parte, sí. Yo también estuve el último año de la facultad en París con una beca, pero me perdí toda la vida universitaria de mi protagonista porque tenía que trabajar como camarera de hotel para sobrevivir. La serie es la reconstrucción soñada de la vida que yo no pude tener. No me relacionaba con nadie, iba a la Filmoteca sola y oía a la gente hablar de las películas de Chabrol o de Bergman, pero no me atrevía a interactuar con ellos. Era demasiado tímida. La directora en la oficina de su productora, Miss Wasabi.XL. ¿Qué era lo peor de ser kelly de hotel?I.C. Lo guarra que era la gente. El momento de abrir la puerta de una habitación y encontrarte con todo lo que se habían dejado allí tirado, incluidos los condones usados.XL. Llevaba trabajando…I.C. Desde segundo de carrera. Iba a la facultad por la tarde y por la mañana trabajaba en una agencia de publicidad. Empecé como copy, fui directora creativa, realizadora… Cuando salí de España mi hambre de aprendizaje y de aventuras era inconmensurable, pero la supervivencia era lo primero. ¡Y creo que tener esa experiencia está bien! Es muy difícil que las generaciones actuales entiendan que a ser directora no se aprende solamente en una escuela de cine. Lo que te lleva a hacer una película viene de la vida, de la Filmoteca, de leer todos los libros del mundo. Para mí el cine es una religión. Cuando entro en una sala yo no voy al cine: voy al confesionario, y hay momentos en que me pondría de rodillas ante la pantalla. XL. ¿Por ejemplo? I.C. Con muchas, muchísimas películas. Las últimas de Richard Linklater, por ejemplo: Nouvelle Vague y Blue Moon … XL. Y, sin embargo, algunos críticos hablan con desprecio de estos dos filmes…I.C. Sí, yo también los he oído y te digo que mataría a quien se meta con ellas. Es algo sobre lo que escribí en XLSemanal recientemente. Hay en esta gente un cierto desprecio a las cosas que se entienden, las cosas que te provocan lágrimas, la bonhomía…«Nunca me he callado mis opiniones. La libertad no es algo que se gana, es algo que se lleva encima… Seguramente soy una persona molesta, per en la vida tienes que asumir las consecuencias de lo que haces, de lo que dices y de quién eres»XL. Entre sus libros favoritos cita Rayuela, Por el camino de Swann, Rojo y negro, Ana Karenina, Madame Bovary, La edad de la inocencia... Es difícil hacer una selección más romántica. Pero luego en su cine también hay un espíritu desacralizador e irónico. ¿No es una contradicción? I.C. Sí, soy romántica, lo admito. Me has pillado. Pero creo que ambas cosas pueden convivir, ¿no? El terciopelo lo puedes mezclar con lana y está bien. Todo puede tener muchas capas. A La edad de la inocencia no le sobra ni una página. Y de Rayuela , qué te voy a decir… Cuando vivía en París iba al metro con mi ejemplar de Rayuela como si fuera un amuleto. XL. ¿Y ese romanticismo cree que ha sido un incentivo o un lastre? I.C. Ha sido un gran incentivo, porque el romanticismo implica una cierta inocencia, y sin inocencia no te tiras a la piscina. Al tren no me voy a tirar como Ana Karenina, pero arrojo no me falta para contar las historias como creo que merecen ser contadas.Coixet junto con Emma Suárez en 1988, la protagonista de su ópera prima, 'Demasiado viejo para morir joven', que se presentó en el Festival de San Sebastián.XL. ¿Se ha lanzado muchas veces a la piscina sin agua? I.C. Muchas y me he pegado unos trompazos… XL. ¿En el amor y en el cine?I.C. En el amor, en el cine, en la vida, en la cocina con una receta… XL. Recuerdo el estreno en el Festival de Berlín de Nadie quiere la noche , su gran producción con Juliette Binoche en Noruega. ¿Aquello fue un fracaso?I.C. Allí se juntaron muchos factores… XL. Supongo que no es fácil entender por qué unas películas gustan y otras no tanto...I.C. Lo que acabas entendiendo con el tiempo es que hay algo que también tiene que ver con el azar. Además de que nunca más aceptaré que una película mía inaugure un festival. Piensa que el jurado tiene que aguantar más de dos horas de ceremonia y luego les ponen tu película. ¿Cómo les va a gustar si lo que quieren es irse a cenar y a tomarse una copa? Es lógico.La directora catalana, en su estudio, recopilando una serie de objetos que acompañarán su próxima exposición de 'collages' en la Galería Max Estrella, en Madrid.XL. ¿De los fracasos se aprende? I.C. ¿Sabes que no lo sé? Porque… ¿qué es el éxito? ¿Qué es el fracaso? Mira, el fracaso –ya me lo dijo Dennis Hopper in person – es no hacer películas. Eso sí es el fracaso. Y lo cierto es que tengo tan buena reputación en mi trabajo que no me van a faltar películas que dirigir hasta los 100 años. La cosa es: ¿es eso lo que quiero hacer? ¿Qué es lo que realmente quiero hacer? Y la verdad es que no lo sé, pero me parece muy bien no saberlo. XL. Hay algo en ese 'no saber' que es emocionante. I.C. A mí me agobia saber demasiado. Los últimos dos años los he tenido planificados de antemano: rodaje en París; rodaje en Roma; montaje; luego a dar clases en Nueva York… Tenía dos años de mi vida programados y la idea se me hacía una montaña.XL. Su última película, Tres adioses , ha sido un éxito en España e Italia. ¿Se lo esperaba?I.C. No, y de hecho dudé mucho antes de decir que sí al proyecto. No quería repetirme. No lo veía claro. Tenía el libro de cuentos de Michela Murgia encima de la mesa y lo evitaba. El primero que me habló de ella fue Saviano, que fue quien le hizo el elogio fúnebre. Eran grandes amigos.XL. ¿También usted es amiga de Roberto Saviano (autor de Gomorra )?I.C. A Saviano lo conozco porque tuvimos un proyecto juntos hace mucho tiempo. Me llamaron para dirigir una película basada en uno de sus cuentos, pero aquel era el momento álgido de su persecución y alguien en la producción se acojonó. La gente cobró, habíamos quedado varias veces, pero de repente aquello se paró sin que nadie explicara por qué.Isabel Coixet posa con su pareja, Reed Brody. Se conocieron en 2014 en Nueva York a través del juez Baltasar Garzón. Brody es abogado especializado en derechos humanos y es conocido como 'el cazadictadores' por su papel en la persecución de Pinochet, Jean-Claude Duvalier e Hissène Habré, entre otros.XL. ¿A quién no conoce Isabel Coixet? Hace poco se viralizó en las redes un vídeo suyo donde contaba una anécdota de una cena privada que compartió con Sean Penn y Kevin Spacey en la que se comportaron como dos gallos de pelea… I.C. Por eso ya no tengo mitos: de cerca no aguantan. Por ejemplo, una persona que sí es lo que transmite es Tim Robbins. Es generoso, es auténtico. Pero esa gente, qué quieres que te diga… XL. ¿Quién más había en la cena? I.C. Estaban Rinko Kikuchi [la actriz japonesa de El mapa de los sonidos de Tokio y Babel ] y Spike Jonze [director de Her y exmarido de Sofia Coppola], que nada que ver con los otros. Rinko había sido novia de Sean Penn durante tres años y la había tratado como a una mierda. Cuando Sean Penn llegó a la cena y vio que Rinko y Spike Jonze tenían una relación tan normal, empezó a hacer una serie de comentarios muy desagradables en la mesa que nos hicieron sentir a todos superincómodos. «En Estados Unidos había un Estado, pero ahora hay un presidente que se pasa la ley por el forro, una especie de Borgia tonto que está llevando al mundo al abismo. Mmientras tanto, Hollywood calla»XL. ¿Le ha decepcionado la falta de posicionamiento político durante los últimos premios Oscar? ¿Cree que la gente del cine tiene motivos para tener miedo?I.C. La única vez en que Hollywood tuvo razones para tener miedo fue durante el macarthismo. Y fue entonces cuando Orson Wells acuñó una frase genial que sigue vigente: «La izquierda americana traicionó para salvar sus piscinas». ¿Tú crees que si Julia Roberts dijese lo que realmente piensa dejaría de trabajar? ¡Pero si puede producir sus propias películas! Solo se atreven Mark Ruffalo, que es maravilloso, y dos más. El resto calla. Y eso sucede en un país que tiene un presidente que está llevando al mundo al abismo en este mismo momento. En un país enamorado de su confort donde el ICE está haciendo desaparecer gente, secuestrando niños, llevándolos a un juicio con la mochilita del colegio... Estamos hablando de algo muy demencial, algo inhumano. Porque en Estados Unidos había un Estado, pero ahora hay un presidente que se pasa la ley por el forro, una especie de Borgia tonto. Porque los Borgia podían ser crueles, pero no estúpidos.XL. ¿Por qué cree que lo han votado?I.C. Seguramente porque creen que Trump es uno de ellos, que los legitima. Pero yo nunca he pensado que un político tenga que ser uno de los míos. Elijo al que me parece que menos daño vaya a hacer y al que ordene un poco las cosas, pero tampoco demasiado.XL. En su filmografía combina películas de ficción y documentales de denuncia. ¿Ha pensado hacer algo acerca del ICE?I.C. La verdad es que sí. Le estoy dando vueltas a un posible proyecto y me he puesto en contacto con una ONG de San Antonio (Texas) que ofrece asistencia a los latinos separados de sus familias.XL. ¿Cuál ha sido el documental más importante de su carrera?I.C. . El techo amarillo [que aborda el caso real de abusos sexuales cometidos contra varias jóvenes en el Aula Municipal de Teatro de Lleida], gracias al que pude conocer a unas mujeres fantásticas. Nadie las quería escuchar. Ni creer. Y el documental les permitió recuperar una mezcla de autoestima y dignidad que les había sido arrebatada. XL. En general suele huir de las etiquetas, pero probablemente su documental sea la aportación más importante al #MeToo de nuestro cine.I.C. Es cierto que no me gustan las etiquetas, pero lo que realmente me horroriza es la declaración vacía que viene de la falta de conocimiento. O que te hagan una pregunta a bocajarro y no puedas contestar: «Espera un momento que me informe y luego te digo». Me acuerdo de cuando acusaron a un director de cine español de abusos. Yo me acababa de enterar en el taxi que me llevaba a unos premios y cuando llegué a la alfombra roja me preguntaron mi opinión. En ese momento me cayó 'la del pulpo' por lo que dije. Me llegaron a acusar públicamente de no ser solidaria con las mujeres. Y yo pensaba: «Joder, tía, ¿me he gastado mi dinero y mi tiempo en hacer un documental como El techo amarillo y todavía te parece que no soy lo bastante solidaria?». XL. Tiene muchos admiradores, pero también ha tenido muchos haters. ¿Cómo lo lleva?I.C. Me han pasado cosas muy gordas por decir lo que pienso, pero es verdad que una de las cosas buenas de cumplir años es que cada vez me importa menos lo que piensen y digan de mí. Me la 'refanfinfla'.XL. ¿Ha valido la pena esa libertad? I.C. Yo no sé si ha valido la pena o no. Las cosas no se hacen porque valgan la pena, sino porque eres así. Y seguramente soy una persona molesta. Nunca he sido 'bienqueda', no me he callado mis opiniones sobre muchas cosas. La libertad no es algo que se gana, es algo que se lleva encima… Yo no creo en ese plano final del atardecer con la pareja alejándose a caballo. Eso no existe. En la vida tienes que asumir las consecuencias de lo que haces, de lo que dices y de quién eres. Sería mucho mejor no sufrir las consecuencias, pero eso ya no sería libertad.